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Abstención, Gasol

Comprendo, y hasta comparto, el pánico de Pau Gasol. A Gasol, que es un grandote físicamente, le acollona, sin embargo, el virus del mosquito Zika:

-Me estoy planteando el riesgo que puede suponer para mi salud asistir a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Mosquito es el diminutivo de mosca. El mosquito, por si no lo saben, es la demostración del dicho de que no hay enemigo pequeño.

-Es un animal tremendamente letal –me informa un médico.

-¿Más que el rey de la selva?

- Mucho más que el león, sí. Hay más de 3.500 especies de mosquitos y algunas, ciertamente, son terribles.

El Zika es una de ellas. Su virus, por lo que sea, la tiene tomada especialmente con el sexo, transmitiendo a través de él su venenosa maldad.

-¿Por qué?

-¡Ah! A pesar de que la ciencia y su prima hermana la tecnología avanzan que es una barbaridad, hay cosas que la ciencia no ha desentrañado todavía: por ejemplo, la manía del Zika al sexo

Río de Janeiro, sobre todo su bahía con sus formidables playas, es una maravilla. No tanto como la maravilla de Sevilla, pero casi. Los Juegos Olímpicos son un pretexto para conocer esa maravilla, pero se ve que el perverso mosquito Zika no opina igual y de ahí el grito de alerta de Gasol:

-Cuidado, que el Zika, por la vía del coito, puede malbaratar el embarazo y la felicidad de una mujer.

¿Qué hacer entonces? ¿Ir o no ir a los Juegos? ¿Suspenderlos? ¿Aplazarlos?

-Eso, no; eso es imposible. Brasil, por muchas razones, necesita el auxilio social, económico y político de los Juegos de igual manera que Pedro Sánchez necesita, también por sus plurales y contradictorias razones, el sillón de la Moncloa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) no se opone a la celebración de los Juegos.

-¿Por qué?

-Contra el placentero vicio de hacer el amor –sugiere cristiana y preventivamente-, la virtud de la abstención. Si no hay sexo, no hay nada que temer.

Palabra de la OMS. Parece que tiene razón.

-Pero para mí –leo que dice un atleta-, el vicio del sexo es como para el fumador el vicio del tabaco.

Me recuerda todo este cisco sexual de los Juegos mis años de internado en los jesuitas.

-¿Cuántas veces, hijo?

-Padre, ¿cuántas veces qué? –le repliqué a mi confesor, la primera vez que me hizo esa pregunta.

-Es que tú…

-¿Yo qué, padre?

Y es que yo, a los catorce años, era virgen y “mártir” sexualmente. Un compañero me aclaró lo de “cuántas veces.

¿Mi consejo? Abstención y no desperdiciar la oportunidad de conocer Río. Gasol, anímate y no lo hagas ni una sola vez durante unos días. Te necesitamos en Río.

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