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Piqué

Quien cría polémicas, sobre todo en la política y en el fútbol, recoge hostilidades.

-Y el español, no se olvide esto, es un ser apasionado. Para todo: para el amor, para el fútbol y para la política.

El fútbol me ha enseñado, al cabo de los años (¿por qué algunas cosas las aprendemos demasiado tarde?), que hay que ser forofo sin rencores.

-El rencor, a lo sumo, como ironía. Jamás como metralla heridora.

Huyo, al cabo de los años, lo confieso, de lo que hiere y separa. El otro día, contestando a una pregunta, en un foro, dije:

-Mi partido –contesté- no, no es Unidos Podemos, lo siento. Pablo Iglesias es un chaval barroco, estrafalario y seductor. Y –maticé inmediatamente- peligroso. En la Moncloa, si llegase algún día a ella – ni Dios ni Satanás lo permitan-, lo intuyo: en lugar de traer más bienestar, traería todo lo contrario: mucho malestar. Mi partido –concluí- es la ‘Unidad de España’.

Me aplaudieron, mucho, y me silbaron, menos. Me aplaudieron los que han cruzado el ecuador de los cuarenta años, esto es, los que han “aprendido tarde”, y me silbaron, como es natural, los que no han traspasado todavía al ecuador de las canas.

Piqué, en su día, ironizó contra el Real Madrid con la ironía de “Gracias, Kevin Roldán”. ¡La armó! Por supuesto. La armó en las redes sociales, esas urnas de poder de las masas.

-El cuarto poder, tras el ejecutivo (que gobierna), el legislativo (que hace las leyes) y el judicial (que custodia el cumplimiento de las leyes), ya no es la prensa. El cuarto poder, y por goleada, son las redes sociales –opina un compañero.

Completamente de acuerdo. A Piqué le zurran sin piedad y con desaforada y rencorosa pasión todos los que, supuestamente, no aman al Barça.

-¡Hacen bien!- gritan los forofos muy forofos.

A eso no contesto. Yo veo la cosa de otra manera. Mi partido, insisto en ello, es lo que une a España, nunca lo que la desgaja y enfrenta.

-Hay que tener corazón y mente de santo para ser así, se me dirá.

Bueno, tal vez. No lo sé. Lo que sí sé es que así como no concibo a Cataluña fuera de España, ni a España sin Cataluña, tampoco concibo, actualmente, a la selección sin Piqué y a Piqué fuera de la selección. Piqué metió en su día la pata, porque los españoles somos más hispanos que celtas, pero lo que considero triste –es mi discutible manera de sentir- es que seamos, para casi todo, tan contumaces y necios como Pedro Sánchez.

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