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Méndez de Vigo

Ser irracional, ser racional, ser político, ser Ignacio Méndez de Vigo.

-A lo mejor –me recuerda un veterano de la vida- tiene algo que ver con aquel Ignacio Méndez Vigo que fue directivo del Real Madrid con Santiago Bernabéu.

Recuerdo muy bien a aquel Ignacio (también yo soy veterano de la vida). No era como el Ignacio Méndez de Vigo de Mariano Rajoy. El de Rajoy es ancho, orondo (hay que contenerse con la comida) alto y sonríe con la sonrisa de quien está encantado con la vida y de la vida.

-Tiene motivos –me dice quien le conoce- . Y también la vida tiene motivos con él. Se entienden, se quieren y se favorecen, recíprocamente.

El Ignacio de Bernabéu era notario. Bajito, seco de carnes, pero afable y encantado de la vida y con la vida, también.

-¿Cómo el Ignacio de Rajoy?

-Digamos que cordial y donoso como el Ignacio ministro de Rajoy.

El animal irracional guerrea casi exclusivamente por la comida y el amor. No es como el animal racional llamado hombre, que guerrea por todo: por el amor, por la comida, por la Moncloa y hasta por fastidiar.

-El hombre es mucho más depredador que el hermano lobo y el hermano tigre de Bengala – que dijo por la televisión un hermano de los hermanos lobo y tigre.

Debe de ser una cabeza poderosa y brillante la del ministro Ignacio Méndez de Vigo. Ministro de de un montón de preocupaciones: Educación, Cultura, Deportes y portavoz del Gobierno.

-¿Conseguirá hacernos olvidar a Soraya Sáenz de Santamaría, tan salada, tan lista, tan prudente, tan hábil, tan libera? –se pregunta y me pregunta uno de los pocos tertulianos de televisión comprometido con la objetividad y el sentido común (como uno con el deporte).

Arrugo los pliegues de la frente:

-Lo ignoro. Pero creo –y quiero creer lo que creo- que lo va a hacer bien. Tiene no solo cultura, sino la cultura que dan los libros, los viajes, la sociabilidad, los idiomas (se explica en tres lenguas) y el deporte. El deporte, como sostengo, es la política de la solidaridad, del dialogo y del amor a los valores nítidamente españoles por encima de los valores ruines y populistas.

- ¿Ruines, populistas? Explícate

-Sí. Los valores del narcisismo, del dogmatismo, de las promesas imposibles de cumplir, del engaño y de irracional mentira.

En el deporte, ahora mismo, hay una triste y feroz guerra de hostilidad cerril entre Cardenal, Villar y Tebas. Ni se llevan, ni se tragan. Ya está demasiado chunga la cosa de la política, para que sus pringosos churretes ensucien también lo más limpio, europeo y global que tiene España: el deporte.

-Vuestro sol y vuestro deporte. ¡Qué maravilla, os envidio! - me pondera una turista noruega, atleta, de vacaciones en España.

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