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Soy un E.T.

Lo sé. Y lo saben muchos de ustedes, o quizá todos ustedes: los valores de toda la vida apenas se cotizan en la Bolsa de la España de las Autonomías, antaño sencilla y simplemente España.

-Pesimista empieza usted.

Hay motivos. ¿En qué está derivando España? En reyerta, en marimorena: casi todos contra todos. ¿Miento?

-Eso es casi verdad.

Sin casi. ¿A que hay otra vez elecciones?

-¿Cree usted?

-Las olfateo.

Se habla sin parar de los derechos a decidir, a pensar como yo pienso, a ciscarme en la Constitución y a hacer lo que a mí me place, sea o no constitucional (Arturo Más y su herencia.) De valores, nada. El valor de la unidad, el valor a tradiciones que son carne de nuestra carne histórica, el valor a “ayudarnos los unos a los otros por el bien de España” (lo digo por los “demócratas” que viven divinamente, aunque sean ateos o laicos, de la política. ¡Qué teta la teta de la política!).

-Y usted que lo diga.

Un día, hace años de esto, un “demócrata” dijo que la bandera de España era un trapo. Los medios de su ideología celebraron la “ingeniosidad”.

-Qué ingenioso es Alfonso- halagó su grey

De ingenio en ingenio, hemos llegado a lo que hay. Lo siento: soy un ser arqueológico o extraterrestre: creo en los valores. Creo en la tolerancia, creo en el noble saber ganar y saber perder, creo en el valor del Deporte (con mayúscula. Todavía, , qué bien y que dure, no lo ha churreteado la casta política. Dice el nuevo secretario de Estado para el Deporte, José Ramón Lete (vasco/gallego, luego español de la vieja escuela), que el Deporte es la esencia de la Marca España (no lo expresa así, pero esa es la idea). No conozco al señor Lete, pero me seduce que piense así.

-Y si tiene “imaginación” para ensanchar la Marca España, mejor que mejor.

El argentino Del Potro ha ganado para su patria la primera Copa Davis: él y sus compañeros, obvio. Lo que ocurre es que Del Potro remontó, contra el croata Cilic, la pina cuesta de dos sets en contra; ganó consecutivamente los tres siguientes. Del Potro, como Nadal, también tenista castigado por las lesiones y artistas en tierra batida, ha hecho, también como Nadal, histórica heroicidad.

-¡Ya puedo irme! Ya he ganado para mi “patria” la Copa Davis! - declarado a diestro y siniestro el veterano y patriota Del Potro.

He aquí, dicho sea al paso, otro valor español pesimamente cotizado: patria. “¿Patria? ¿Qué es la patria?”. Lo de Del Potro, señores descreídos de España.

Lo sé, lo sé. Acabo como he empezado. Soy un E.T., un extraterrestre.

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