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Sí, es diferente

Estuve, cómo no, en el estadio Calderón cargado de nostalgia (yo, no el Calderón). Cuando se es joven se vive de ilusione. Cuando se cruza el Ebro (me gusta este río) de la vida, la nostalgia, que es un sentimiento con canas, agrisa el sentimiento de las ilusiones.

-Adiós –rumio en voz alta-, adiós, viejo estadio Calderón.

Aparece el Rey en el palco de autoridades. A su lado, bueno al lado del ministro Méndez de Vigo, el señor Puigdemont.

Es que ni lo pienso, me sale del alma. Digo para que se me oiga:

-España, en efecto, es diferente. Diferente y esperpéntica, que matizaría, de resucitase, el gran y grande Valle-Inclán. En primera fila, al lado del Rey de todos los españoles, el catalán que no quiere ser español. ¿Cómo casa eso en una democracia seria, bien parida constitucionalmente?

Comenta un señor que me ha oído:

-Es que, señor, estamos en España, no estamos en una democracia seria, sino en una democracia española, y España es diferente.

He dado la vuelta al mundo casi un par de veces. No soy timorato, nada me espanta, nada me sorprende. He estado en seis Juegos Olímpicos de verano, en dos de invierno y en varios campeonatos del mundo de otros deportes. Y jamás he visto, sentado al lado de la máxima autoridad del país (rey, jefe de estado, presidente de gobierno), a nadie como el señor Puigdemont: anticonstitucional, separatista, desmembrador.

Sí, somos diferentes. Porque tampoco, en ningún país, he visto pitar con tanta ruindad y saña al himno nacional.

-Somos diferentes, es que usted sigue sin enterarse.

¿Y por qué los “custodios” de la Constitución” ven lo que ven y oyen lo que oyen y hacen como que no ven lo que ven, ni oyen lo que oyen?

-Cobardía, señor. El famoso dejar hacer y dejar pasar.

El único país del mundo que todavía no ha puesto letra a su himno nacional es el español. Dejar hacer, dejar pasar. El único país donde se vulnera tan cómodamente, tan impunemente, la Constitución es el español. Dejar hacer, dejar pasar. ¿Por qué, pues, somos tan cobardes constitucionalmente? ¿Qué clase de demócratas somos los españoles?

-Diferentes, señor. A lo mejor es que no somos demócratas.

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