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Un experto

Jueves, 10 Noviembre 2016

La democracia, como se sabe, es una pugna entre los que no se quieren ir y los que quieren que se vayan.

-Hay, sin embargo, excepciones. Hay quien sí se quiere ir: Miguel Cardenal.

Miguel Cardenal, doctor en Derecho y profesor, ha sido casi cinco años “el jefe” del Deporte.

-Nunca –ha reconocido emocionadamente en su adiós- volveré a tener un trabajo tan bonito.

Le creo. El Deporte, con mayúscula, es el ocio, el ejercicio y el trabajo, las tres cosas, más gozoso de la Existencia. .

-No el que más, sino uno de los que más. Hay muchos trabajos bonitos. No hay que exagerar.

Acepto la matización. Ser político es muy difícil, lo hagas de rechupete o lo hagas como lo hagas.

-El humorista Jardiel Poncela –me recuerda al respecto un amigo- escribió que si le dieran a elegir “entre su suegra, que es un bicho, y su suegro, que es político, elegiría a su suegra”.

Los políticos, por lo que sea, no tienen, en general, buena prensa. En esas encuestas de calificación de políticos nunca he leído a ninguno siquiera con un notable. La mayoría ni aprueban. Alguno, con suerte, roza el cinco pelado.

-El cinco es la matrícula de honor del político.

Según las encuestas, sí.

Miguel Cardenal, leo, se va de “motu proprio”. Se siente desgastado. Mi duda: ¿se va o quieren que se vaya?

-El ministro Méndez de Vigo, al parecer, quiere acabar con los “enfrentamientos”. Méndez de Vigo, a pesar de ser político (lo es ahora), cree que el político debe tener un conocimiento sólido de la historia y de la economía y un espíritu dialogador y conciliador en economía, en historia y en todo. Detesta el “no es no”. Y el “aquí se hace lo que yo hago, legislo o digo”.

Miguel Cardenal se llevaba –ya en pasado, en cuanto que se ha ido o le han dicho que se vaya- con el presidente de la Federación de Fútbol, Villar, y con el presidente del COE, Blanco (con éste no tan irasciblemente) entre regular y mal.

-Más bien mal.

Hay un dicho que lo tengo en mi vademécum: la tierra para quien la trabaja; y los cargos, en política, para quienes lo merezcan por preparación, experiencia y formación. ¿Se imaginan a CR7 de ministros de Hacienda por la elemental y huera razón de que va a ganar 250 millones de euros en el Real Madrid a partir de ahora?

-¿¡Por un año!?

-¡No sea usted bruto! Por los próximos cinco años, uno detrás de otro.

-Qué brutalidad, de todos modos.

Eso es también relativo.

Lo que quiero decir es que el ministro Méndez de Vigo debería elegir para el “cargo” que acaba de dejar vacante Miguel Cardenal un deportista que ame el deporte sobre todas las cosas, sea o no político, le guste o no la política. Un experto en Deporte, vaya.

Efes indisociables

Jueves, 18 Diciembre 2014

Futbol y forofo son efes indisociables. El solomillo del fútbol es el gol; su sustancia, el forofo. El papanatismo de la demagogia no va conmigo y desde el pasado N-20 (nefasto día por el enfrentamiento ideológico de ultras fuera del estadio del Atlético de Madrid, con muerto y heridos), sigue hablándose, de hecho todos los días, de medidas severísimas, de medidas coercitivas, de medidas punitivas, de medidas policiales.

-¡Qué barbaridad!

Eso piensa uno, máxime desde que los memoriones han desempolvado la Ley de 2007.

-Ahí, en esa Ley, se preveía lo que ha pasado, y se preveían sanciones.

Ni caso, sin embargo, a esa a la ley. Casi nadie sabía que existía. Cosa muy española

El fútbol es un ocio gozosamente prosaico, reglamentado por los ingleses para que el ciudadano se desgañite a gusto gritando o cantando por lo menos una vez a la semana.

-¿Cómo ir a misa los domingos?

-Algo así.

El otro día, en los aledaños del Calderón, había tantos vehículos de ángeles del orden urbano, que la cosa sorprendía y encogía a la vez.

-¿Hay, acaso, algún presido o cárcel por aquí?

-Hay, señor inglés, un estadio de fútbol –le informaron.

Fútbol y policías, No, por favor. La ideologización del fútbol, veneno de serpiente boa, envenenado encima con la desmesura policial. No exactamente por la desmesura policial, sino exactamente por la desmesura de quienes vestidos de paisano y con cargos políticos o institucionales recurren a las fuerzas del orden por dejadez, pasividad o ignorancia de la Ley de 2007.

-Los enemigos del hombre, según nuestra ortodoxa religión, son mundo, demonio y carne – me recuerda un delicioso tonsurado forofo del Atlético- . Los enemigos del fútbol –agrega- son el telefútbol (vacía cada día más los estadios, salvo cuatro o cinco), los precios de los abonos y de las entradas, los salarios alpinos de los jugadores ricos y las ideologías. Como “fútbol es fútbol”, que decía Boskov, hay que podar al fútbol de las malas y venenosas hierbas que lo ensucian y denigran

-¿Cómo?

-No con el mazo de medidas policiacas acollonadoras o totalitaristas. Hay que pensar y dialogar. La democracia es eso, eso es también el deseado y honorable civismo. Un estadio silente es como un huevo sin yema. Al estadio se va a disfrutar y a gritar, y a insultar con gracia y salero, y con canciones escritas con ingenio (como las ingleses)

-¿Y cómo se insulta con gracia?

- Recuerdo el insulto de un andaluz a Reyes: “Majo, corres menos que un galgo cojo”. El insulto también es un arte.

Si yo fuese Villar, reuniría en asamblea a los presidentes de los clubes de fútbol y les diría:” Queremos “ultras” con una sola bandera, la del club, y con espíritu deportivo de matrícula de honor. “El espíritu deportivo –dejó escrito Camilo José Cela (tomo 12 de sus Obras Completas), desde su origen, es sinónimo de elegancia Hay que aprender a perder, que no es fácil, y a ganar, que es todavía más difícil. En el tenis, el tenista, cuando pierde, no le echa la culpa a la raqueta.”

Hay que gozar, pues, del fútbol sin ideologías, sin policías, sin racismo y sin insultos zafios. Educación, como dije el otro día. Y no caer en la zafiedad totalitarista de querer resolver con medios “conminatoriamente agresivos” la violencia de los violentos. La fuerza es menos poderosa que el dialogo y la educación.

Un estadio sin “ultras” educados es triste como un Crusoe en isla sin mujer. Soy un demócrata singularmente raro: creo en el poder del dialogo y en que las leyes se hacen para ser cumplidas, no para ser olvidadas s en el baúl de los recuerdos de Karina.