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El ‘pecador’ Tiger Woods

Sbado, 20 Febrero 2010

Entre los casi siete mil millones de habitantes del planeta tierra, el golfista (y golfo) Tiger Woods es un número uno. El número uno en el planeta tierra del golf. El mejor entre los mejores. Ha ganado catorce “grandes” y está a cuatro “grandes” de Jack Nicklaus. ¿Es para envidiar o para no envidiar a Tiger Woods?

Tiger Woods es primera plana en casi todos los periódicos del mundo. Se ha golpeado el pecho públicamente, “mea culpa, mea máxima culpa”. “He pecado”, ha proclamado a los casi siete millones de habitantes del planeta azul, de los cuales más de la mitad viven entre la indigencia y la dificultad suma.

Tiger Woods lo tenía todo. Le sobraba todo. Su vida era dulce y fascinante hedonismo. Su idea de la vida era ésta: “Soy famoso, tengo dinero, luego tengo derecho a disfrutar de la vida”. Y cayó en las deliciosas tentaciones, de las que Oscar Wilde decía -¿con cinismo,con verdad?- que para librarse de ellas hay que caer en ellas. Pero todo placer, se dice también, viene con penas.

-Yo las estoy sufriendo, ahora clama.
Admirable o singular o curioso Woods. Hace muchos años leí un cuento. Sufría dolor ígneo en el infierno un pecador. “¡Dios,sácame de aquí. Ya estoy arrepentido. Jamás volveré a pecar!”. Dios le escuchó. Al cabo de un tiempo, el penitente se dijo:”Ser bueno es lo que quiere Dios, pero qué aburrido es lo que quiere Dios”. Y volvió a morder la manzana del placentero pecado.

He leído en varios periódicos la comparecencia del pecador Woods. De Elin, su mujer, dice que es elegante, no dice que la sigue amando. Se supone que quiere a sus hijos, pero no salmodia, tampoco, amor desasosegante hacia ellos. En plan muy evángelico, sí entona antífona en el sentido de que ha sido tonto y egoista. Como es natural, volverá al juego de la pelotita y del par pero, eso sí, no sabe cuándo.

Como el placer es el antídoto del aburrimiento, la tristeza y el dolor, y a Woods lo que le hace feliz es lucir el vestido del éxito y el placer, pues ya veremos. De todos modos, nunca nadie se había “arrepentido” en la forma en que él lo ha hecho. Por eso digo que es o admirable o singular o curioso.

¿Envidiable? Ser un número uno entre casi siete mil millones de habitantes es, sin discusión alguna, envidiable. Lo demás, que lo juzguen o “evalúen”,que se dice ahora,su conciencia y Dios.