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Efes indisociables

Jueves, 18 Diciembre 2014

Futbol y forofo son efes indisociables. El solomillo del fútbol es el gol; su sustancia, el forofo. El papanatismo de la demagogia no va conmigo y desde el pasado N-20 (nefasto día por el enfrentamiento ideológico de ultras fuera del estadio del Atlético de Madrid, con muerto y heridos), sigue hablándose, de hecho todos los días, de medidas severísimas, de medidas coercitivas, de medidas punitivas, de medidas policiales.

-¡Qué barbaridad!

Eso piensa uno, máxime desde que los memoriones han desempolvado la Ley de 2007.

-Ahí, en esa Ley, se preveía lo que ha pasado, y se preveían sanciones.

Ni caso, sin embargo, a esa a la ley. Casi nadie sabía que existía. Cosa muy española

El fútbol es un ocio gozosamente prosaico, reglamentado por los ingleses para que el ciudadano se desgañite a gusto gritando o cantando por lo menos una vez a la semana.

-¿Cómo ir a misa los domingos?

-Algo así.

El otro día, en los aledaños del Calderón, había tantos vehículos de ángeles del orden urbano, que la cosa sorprendía y encogía a la vez.

-¿Hay, acaso, algún presido o cárcel por aquí?

-Hay, señor inglés, un estadio de fútbol –le informaron.

Fútbol y policías, No, por favor. La ideologización del fútbol, veneno de serpiente boa, envenenado encima con la desmesura policial. No exactamente por la desmesura policial, sino exactamente por la desmesura de quienes vestidos de paisano y con cargos políticos o institucionales recurren a las fuerzas del orden por dejadez, pasividad o ignorancia de la Ley de 2007.

-Los enemigos del hombre, según nuestra ortodoxa religión, son mundo, demonio y carne – me recuerda un delicioso tonsurado forofo del Atlético- . Los enemigos del fútbol –agrega- son el telefútbol (vacía cada día más los estadios, salvo cuatro o cinco), los precios de los abonos y de las entradas, los salarios alpinos de los jugadores ricos y las ideologías. Como “fútbol es fútbol”, que decía Boskov, hay que podar al fútbol de las malas y venenosas hierbas que lo ensucian y denigran

-¿Cómo?

-No con el mazo de medidas policiacas acollonadoras o totalitaristas. Hay que pensar y dialogar. La democracia es eso, eso es también el deseado y honorable civismo. Un estadio silente es como un huevo sin yema. Al estadio se va a disfrutar y a gritar, y a insultar con gracia y salero, y con canciones escritas con ingenio (como las ingleses)

-¿Y cómo se insulta con gracia?

- Recuerdo el insulto de un andaluz a Reyes: “Majo, corres menos que un galgo cojo”. El insulto también es un arte.

Si yo fuese Villar, reuniría en asamblea a los presidentes de los clubes de fútbol y les diría:” Queremos “ultras” con una sola bandera, la del club, y con espíritu deportivo de matrícula de honor. “El espíritu deportivo –dejó escrito Camilo José Cela (tomo 12 de sus Obras Completas), desde su origen, es sinónimo de elegancia Hay que aprender a perder, que no es fácil, y a ganar, que es todavía más difícil. En el tenis, el tenista, cuando pierde, no le echa la culpa a la raqueta.”

Hay que gozar, pues, del fútbol sin ideologías, sin policías, sin racismo y sin insultos zafios. Educación, como dije el otro día. Y no caer en la zafiedad totalitarista de querer resolver con medios “conminatoriamente agresivos” la violencia de los violentos. La fuerza es menos poderosa que el dialogo y la educación.

Un estadio sin “ultras” educados es triste como un Crusoe en isla sin mujer. Soy un demócrata singularmente raro: creo en el poder del dialogo y en que las leyes se hacen para ser cumplidas, no para ser olvidadas s en el baúl de los recuerdos de Karina.

Ni pan, ni agua

Mircoles, 3 Diciembre 2014

“Dejar hacer, dejar pasar, el mundo va solo” (frase casi apócrifa, se le ha atribuido a dos o tres franceses).

-¿Y qué significa?

-Cruzarse de brazos, ver y no querer ver, pereza mental, miedo a tomar decisiones.

-¡Cuántas cosas!

-Y más. Como verlas venir y, en plan avestruz, ocultar bajo tierra la cabeza.

-A ver, un ejemplo.

Dos, voy a poner dos: el que no dejan de escenificar políticamente desde hace dos años, o más, Rajoy y Mas; y el protagonizado en el Manzanares por cafres del Atlético de Madrid y el Deportivo de La Coruña (La Coruña, en español; no A Coruña).

El escritor don Pío Baroja, un día, probablemente harto o así de leer a Ortega y Gasset, escribió: “Lo que tiene que hacer ese señor es decirnos de una vez si hay Dios o no hay Dios”. Parafraseando la frase, el otro día, por la radio, un opinante anónimo, dijo: “Lo que tiene que hacer el señor Rajoy de una vez es meter o no meter en la cárcel al señor Mas. ¿Ha infringido “la ley de la Carta Magna” el señor Mas? ¿Sí? Pues a la cárcel con él. ¿Es inocente? Pues entonces la Carta Magna es papel mojado

-¡Qué tío!

El españolito de papeleta y urna cada cuatro años, contra lo que puedan pensar los políticos, discierne, y muy bien, con la elemental sabiduría del sentido común.

Más, ciertamente, es un corruptor de la Carta Magna, y Rajoy, ciertamente también, un gallego que muchos comparan ya, por su galleguismo (gallego: un señor que si te los cruzas en la escalera no sabes si sube o baja) con don Pío Cabanillas, un ministro de Franco bajito de estatura con un cerebro tan grande y lúcido que no le cabía en el casco craneal.

La “batalla” del Manzanares. ¿Qué quieren que les diga?

-El español, cuando se cabrea, es explosivo, temible.

La frase, más o menos parecida, se le ocurrió, al parecer, a Napoleón.

Mucho ruido con este asunto del Manzanares. A propósito de ruido. Hubo un entrenador al que se le reprochó su carácter pasivo, cachazudo, flemático.

-Usted no se enoja jamás por nada –le recriminaron.

Aclaró:

-Yo no estoy en el fútbol para hacer ruido, estoy en el fútbol para hacer historia.

El Atlético ha echado a la gente del Frente Atlético. El Deportivo, todavía no. Florentino, en el Real Madrid, y Laporta, en el Barça, tuvieron agallas y aplicaron la ley de que el fútbol es “un juego limpio para gente apasionadamente civilizada”.

Fuera, pues, de los estadios las bestias pardas de una vez por todas, que diría don Pio Baroja. Y menos galleguismo con los perturbadores de la unidad, la concordia y la paz (la Carta Magna).A éstos, ni pan ni agua.