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Creer y gobernar

Lunes, 16 Enero 2017

El mundo cree en quien cree en sí mismo. En fútbol, en política, en todo.

-La primera y más importante lección de la vida es que hay que aprender a creer. A creer en uno, a creer en que uno no es menos que el que más, a creer que nadie es invencible.

El entrenador del Sevilla es calvo, como Zidane. Calvos los dos. Calvo Zidane y calvo, si bien en bajito y peor hecho, Sampaoli.

-El Sevilla –me dicen- es Monchi, que sabe fichar bueno y barato (lleva así años); Sampaoli, que sabe gobernar el equipo psicológica y tácticamente, y la plantilla, que sabe aprender y está encantada con su entrenador.

Por cierto: el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, va a gobernar su poderoso país “como una empresa”.

-Esa manera de gobernar, a mí, me ha dado resultado –presume.

A él, sí; como empresario, sí, ni se duda. Se duda, sin embargo, que el trasplante de su sistema prenda en el duro terreno de pelar de la política.

¿Quién lo duda?

-Menos Putin, el resto de Europa, si hay que hacer caso de lo que se escribe y de lo que opinan, en las tertulias, los sabios en política.

Creer, creer. Qué difícil es eso. ¿Cree el mundo en quien cree tanto en sí mismo, o sea en Trump?

-Yo creo en el Sevilla –me dice un compañero sevillista-. Creo que el Sevilla, en efecto, posee un equipo vigoroso y con fe, capaz de todo por ansias. Hay sintonía, en el Sevilla, entre lo que hace y lo que siente.

Vamos a creer, pues, en esa misteriosa fuerza que nos dice: “Sigue así, no desfallezcas y tú mismo te asombrarás de tus logros”.

Elegante Zidane (el estilo es el hombre y Zidane es un hombre con estilo):

-Es duro perder como hemos perdido, pero eso pasa.

Elegante también con el partido de Sergio Ramos.

-Estoy orgulloso de su partido, de su personalidad. ¿Su gol en propia puerta? No pasa nada, eso en fútbol pasa.

Fe, estilo, pugnacidad, sistema de gobierno. Valores. ¿Por qué, sin embargo, en España, se da oxígeno y vida en los graderíos de algunos estadios a quienes llaman “hijo de puta” a Sergio Ramos? ¿Por qué no se acaba con esa ‘casta’? Lo dijo Aristóteles: “Sin educación, no hay democracia”. Rajoy lo ha dicho de esta otra manera: “Sin ley, no hay democracia”.

Sevilla y olé. Y olé el Real Madrid, que también cree en sí mismo y en Zidane; y olé Trump si , en efecto, consigue gobernar la empresa de los Estados Unidos con el mismo éxito con que gobierna sus empresas.

Keylor y Monchi

Martes, 6 Octubre 2015

Vivir es creer en Él, exista o no, y tener fe. Él, exista o no, es siempre sinónimo de consuelo y esperanza: véanlo también así, si les place y no son excesivamente extremistas, los agnósticos.

-Está usted hoy de un religioso cursi…

El profesor Tierno Galván, una noche, cenando, salió el tema de Él. Tras escucharme, me dijo:

-Me gustaría tener las tremendas dudas que usted tiene y, sin embargo, como usted, no dejar de creer en Él. Es usted, intelectualmente, un cristiano muy curioso.

Vivir es también conocer a gente tan extraordinariamente socialista y empática como el profesor Tierno Galván.

-Si yo no fuese apolítico del Atlético de Madrid, escuchándole, me haría socialista-le halagué con pimienta farisea.

Ironizó:

-Ser del Atlético es casi ser socialista.

¿Qué a cuento de qué traigo hoy aquí este trial vida-política- fútbol? A cuento de lo que vivo, leo y escucho. El Real Madrid quería a De Gea y –un pastón de millones- y no valoraba la “suerte divina” de Keylor Navas.

-Paré el penalti gracias a Dios –ha proclamado

Un futbolista que dice eso, que atribuye su mérito a Él, es un ser humano con fe. No niega su fe:

-Fe –dice- es trabajar. Yo trabajo mucho.

Fe, trabajo, suerte: todo esto existe.

No conocía a Ramón Rodríguez Verdejo, alias Monchi. Este señor es el director deportivo del Sevilla y de él se dice lo que antes se resaltaba de los médicos notorios.

-¿Qué se resaltaba?

-El ojo clínico.

Monchi, al parecer, con su privilegiado ojo clínico descubre futbolistas. Le he conocido hoy en los Desayunos Deportivos de Europa Press. Es, en efecto, amén de ex futbolista y ex abogado (no ejerce), un ser atractivamente listo.

-El fútbol –opina- es un juego con componentes de azar, de suerte. El azar hay que controlarlo. Existe, pero no siempre se manifiesta favorablemente. Hay que controlarlo.

Le gustaba la política

-Sin embargo, he acabado, ya lo ven, en el fútbol- confiesa sonriendo.

Conoce muy bien la naturaleza de los aficionados al fútbol.

-La gente –expone- no valora la gestión económica de los clubes, quiere títulos, sólo títulos. El fútbol, sin embargo, es gestión también económica.

Comprendo la fama de Monchi. Es, en efecto, carismáticamente listo. Y sabe que el fútbol es azar, gestión, fe y “la mano o ayuda de Dios”, que decía Maradona y sostiene Keylor Navas.