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Sánchez, Iglesias, Del Bosque…

Domingo, 16 Noviembre 2014

Del Bosque, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez. ¿Extraños compañeros de profesión? No crean.

-¿Qué tiene que ver Del Bosque con Iglesias y Sánchez?

-Algo. Voy a intentar demostrarlo.

A los tres les une el anhelo de la reforma. Pablo Iglesias quiere otra Constitución.

-¿Qué clase de Constitución, señor Iglesias? ¿Qué es lo que no le gusta de la Constitución del café para todos? ¿Por qué no explica usted su Constitución ?

Sería formidable que contestase a todas estas preguntas con transparencia no surrealista, con transparencia coherente, con transparencia no demagógica.

-Pide usted mucho. El señor Iglesias es un político de muchos quilates: sabe contradecirse, no obstante su juventud, con las artes de los políticos con muchos quilates. Además, ¿sabe usted lo que dijo el otro día su Alfonso Guerra, esto es, Juan Carlos Monedero?

-¿Qué, qué dijo?

-Que España es un país de católicos no practicantes y de demócratas no practicantes.

Eso, a lo mejor, es un psicofotografía no del todo desenfocada. Los políticos –todos y si no todos, casi todos- dominan la técnica de la confusión, del embrollo, del fárrago, de la maraña.

Pablo Iglesias, de todos modos, está de moda. Es joven, bajito como Pujol (los bajitos en este país suelen salir picarones, tunantes y listos) y no es feo, si bien Pedro Sánchez le gana de momento por dos a cero: es más alto y más guapo. Pedro Sánchez también padece la patología de la reforma. Su aspiración: una España asimétricamente federal.

-¿Y qué es eso?

-Lo ignoro. A mí la geometría se me ha dado siempre mal, y mezclada con política, como el café con leche, fatal

De Pedro Sánchez, un amigo mío, socialista de toda la vida y con muchos años de vida, dice por cierto que tiene más bien pinta de pijo de derechas que de izquierdas.

- Es que -observa- fíjate bien: sonríe como un pilarista, luce los vaqueros como los lucía Jorge Vestringe cuando era el “niño bonito” del PP de Fraga, con elegancia, y, en fin, no me lo imagino con el puño cerrado

El derecho a decidir y el derecho a opinar son derechos democráticos. Y derecho democrático es también pedirle a Pedro Sánchez que explique de una vez por todas a los ciudadanos y a las ciudadanas lo de la España asimétrica o federal o federalmente asimétrica o simétricamente federal que tanto predica.

-¡Es que hay que ver que encoñamiento ha cogido con el federalismo simétrico o asimétrico!

Del Bosque: éste sí está en el buen camino de la reforma. Congruente, sin locuras, acertado, sin pajaritos de colores en la sesera. No sólo eso: es que además los “enanos” herederos de los Xavi y compañía hay que ver cómo le crecen: con talento, con arte, con estilo. Isco, Koke, Juanfran, Alcacer, Alba, Bruno …

-Vaya sorpresa que deben haberse llevado sus enterradores tras el 3-0 a Bielorrusia

Pues sí. Y es que “ si los políticos se esfuerzan por hacer lo posible imposible” ( B.Rusell), Del Bosque se esfuerza por hacer posible lo imposible.

Podemos

Viernes, 12 Septiembre 2014

El verbo poder es un verbo política y deportivamente agresivo. Podemos, el partido del exótico Pablo Iglesias, ¿qué es? Un proyecto de reto, un deseo de “poder”.
-Podemos hacer lo que los demás no pueden ni saben hacer
Bueno: eso es la política.
-En la oposición –decía el ‘viejo’ profesor Tierno Galván, a quien admiré en vida-, si no prometes “delicias”, hay que dedicarse a otra cosa.
Política y deporte, en común, tiene muchas cosas. Simeone , como Pablo Iglesias, es vitalista. Su última exótica frase: “El Atlético es el equipo del pueblo”. La demagogia es hierba que cree tanto en la política como en el deporte. A Simeone, es su talante, no le asusta el partido del Bernabéu. La fe, virtud también humanamente laica y atea, le acompaña desde que se levanta hasta que se acuesta. La plantilla del Atlético, esta temporada, es otra: se han ido jugadores y han venido otros.

¿Ha sido, para él, inconveniente para rehacer y ajustar el equipo?.
-Lo importante –sostiene desde su filosofía - no son tanto los jugadores como el sistema. Los jugadores claro que son importantes –sigue razonando-, pero tan importante como ellos es tener definido el sistema.
El sistema atlético es el del año pasado. Hace unos días, tras la goleada a Macedonia, Silva comentaba: “El estilo no se toca”.
Ciertamente, no se debe tocar, o cambiar, lo que funciona. A Del Bosque le funciona su estilo o sistema. Y a Simeone, también el suyo.
En teoría, por dinero, salarios y “calidad”, el Real Madrid es mejor que el Atlético. Lo reconoce hasta Enrique Cerezo, otro vitalista:
-Ellos, sobre el papel, valen más. El Atlético, sobre el terreno de juego, vale como el que más.
Optimismo, vitalismo, fe: he aquí el Atlético que se va a ver, que vamos a ver, en el Bernabéu. ¿Qué opone a ese Atlético el

Real Madrid de Ancelotti?
-Dudas; su tormento –me dicen- es el centro del campo.

Ancelotti es más razón que corazón. Creo. Y a pesar de que ha dicho que dio su visto bueno a Florentino para que se “deshiciera” de Di María y Xabi, uno, o sea yo, sigue sin creérselo.
-¿Por qué?

Florentino, contra lo que opinan otros, es un ser, amén de superior (Butragueño), difuso y autoritarista. Me lo dice quien sabe:
-La salida de Xabi y Di María, especialmente la de éste, le ha sentado a Ancelotti a aceite de ricino (purga que nos daban a los niños del siglo pasado para “amargarnos” el paladar y hacernos llorar).
¿Conseguirán James, Kroos, Modric, e Illarramendi borrar la memoria de Xabi y Di María? Interesante, mucho, este nuevo “reencuentro” entre el equipo del pueblo de Simeone y el equipo diesel de Ancelotti .

Transgresores

Martes, 27 Mayo 2014

El Atlético de Madrid del Cholo y el partido político Podemos de Pablo Iglesias. Dos transgresores. Me fascinan, de siempre, las transgresiones de los convencionalismos chatos y sosos, y rutinarios. Higienizan y oxigenan.
El Atlético de Madrid ha sido a la Liga de fútbol lo que Pablo Iglesias con su Podemos a la política. La Liga, desde hace años, era sistemática y aburridamente una cosa de dos entre veinte equipos: uno de los dos ganaba la Liga, los otros eran peones. La Liga, esta temporada, gracias al Atlético, ha sido una cosa de tres, y la ha ganado el equipo transgresor: el Atlético. El Atlético, con su transgresión, ha trufado de interés, emoción y suspense la competición hasta la última jornada.
-Lo del Atlético ha sido una hazaña. Que el “pobre” humille al poderoso… ¡es tan inusual! Es una transgresión deliciosa.
Para muchos, sí. El fútbol es un juego de masas, como la política. Y si la política es el arte de lo posible, el fútbol es el arte que entretiene a las masas.
-¿Más que la política?
Por supuesto. Pablo Iglesias, 36 años, ha conseguido (contra todo pronóstico, como el Atlético de Madrid la Liga) que 1.245.948 españoles votasen a su partido Podemos. Suya podría ser esta frase, también de Luis Aragonés: “Si puedes, puedes, y si no puedes, tienes que hacer todo lo que puedas para poder. ¡Entendido!”. Curiosidad: ¿cuántos de sus votantes son mayores de 36 años? ¿Cuántos entre adolescentes y universitarios licenciados en edad de buscar y no hallar puesto de trabajo alguno?
-Qué pena no poder saberlo.
Poder: he ahí la palabra talismán de Pablo Iglesias, cuyo bélico eslogan es: “Podemos es el sentido común contra el poder financiero”. Qué utópica y lírica transgresión.
-¿Por qué lírica y utópica?
-La utopía, mientras no se demuestre lo contrario, es a la vez el frustrante y placentero arte de lo imposible.
Sin embargo, equipos como el Atlético del Cholo y transgresores como Pablo Iglesias fertilizan de fe, esperanza e ilusión la vida.