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“Samaranch: he aquí el hombre”

Mircoles, 21 Abril 2010

Estoy obligado a contarles algo de Juan Antonio Samaranch. Ha muerto, como saben, a los 89 años.

- Estoy -me dijo la última vez que hable con él, hace tres o cuatro años- gastado. Soy ya como el desdibujado neumático de un coche, con el dibujo comido por el tiempo. Cualquier día… A la muerte no le tengo miedo, tengo miedo al dolor y sobre todo… -sonriendo- a dejar de vivir.

Samaranch era ante todo un gran político humano o un humano político. Frío calculador, ambicioso; pero también agradecido y feligrés insobornable de la amistad. La amistad para él era lo que más, creo. Con Raimundo Saporta, el otro cerebro de Santiago Bernabéu, hablaba todos los días. O casi todos. Con ellos, más Anselmo López, otro brazo derecho de Samaranch, comí y cené docenas y docenas de veces.

- Todo lo que digamos y opinemos “off the record”. El día que faltes a este protocolo dejamos de hablarte -me decían-.

Lo cumplí siempre. Bueno, una vez lo incumplí.

- ¿Sabes lo de Kubala?… Seleccionador nacional -me bisbiseó por teléfono Samaranch.

Lo solté, a ver que vida.

Picasso y Samaranch: publicó un día un periódico francés; no recuerdo cuál. desde entonces, Picasso y Samaranch han sido nuestros españoles más ecuménicos.

A Samaranch se le envidiaba a la vez que se le quería, porque tenía, en su poquedad de carácter (qué falacia), corazón para ayudar y darse como un franciscano. Y siempre con generosidad. He conocido a pocos políticos como él, tan humano, tan “aquí estoy”. A Rafael Marichalar, ya en el cielo, al enterarse de la gravedad de su enfermedad, le telefoneó Samaranch desde Ginebra. Le dijo:

- Rafael, en Houston, con lo que tienes, hacen milagros. No me hables de dinero. No tienes que preocuparte de nada. Déjalo todo en mis manos.

Lloraba Rafael cuando me lo contó. Ya casi sin aliento, murió a los dos o tres días, me susurró: “si la amistad fuese como Samaranch…”.

No exagero ni un pistilo. Amigo, desprendido y, no voy a obviarlo, falangista, monárquico, demócrata… Cuando se es buena persona, cuando se nace buena persona, se puede ser todo eso y mucho más.
El deporte español, lo digo para quienes no lo sepan, ha tenido cuatro cabezas prodigiosas por creativas, por inteligentes, por políticamente sanas: José Antonio Elola, Juan Antonio Samaranch, Javier Gómez Navarro y Jaime Lissavetzky. Valoro a las personas por su calidad humana, jamás por sus escapularios ideológicos, tal falaces.