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A Felipe VI

Domingo, 11 Junio 2017

En un foro, hace años, me preguntaron:

-¿Es usted monárquico?

Sacié la curiosidad del preguntador:

-Soy “juancarlista”. Yo – le maticé a continuación- no soy hombre de ideología. Creo sencillamente, sin más, en el hombre. Voy por libre. Cuando Franco, yo no era franquista ni antifranquista. Era de Emilio Romero, director del diario “Pueblo”, cuya máxima –genial- como periodista era ésta: “Cada día, tenemos que sorprender a los lectores y desazonar a la competencia”. Cuando murió Franco, me dije: “He viajado con don Juan Carlos. He hablado varias veces con él. Me gusta. Intuyo que va a ser de verdad el rey de todos los españoles. Si es así, me haré “juancarlista”. Me hice “juancarlista” ¿Le satisface mi respuesta?

Replicó con curiosidad:

-¿Sigue siendo “juancarlista”?

-Lo he sido, lo soy y lo seguiré siendo. Lo que no he sido y no seré nunca es “transpolítico”.

Estamos en 2017. Soy “nadalista”, soy de Rafa Nadal, la majestad más majestuosa de la historia del deporte español. ¿Quién como él? ¿Quién, y en Paris, ha brillado más que la ciudad de la luz con una raqueta de tenís? ¿Quién más trinitario que él? Nadal es su pasado, su presente y un dignísimo y majestuoso merecedor del “Toisón de Oro” como español y como deportista.

Nadal resucita, resucita y resucita, y vuelve a ganar y vuelve a ganar y vuelve a ganar Roland Garros. ¡Diez veces ya! ¡Ahí queda eso y ese mayestático número probablemente para los siglos de los siglos-

No sé lo que opinará al respecto nuestro rey Felipe VI. Yo solo le digo, con todo el respeto del mundo, que España es también la grandeza de sus deportistas, y que España, gracias a sus deportistas, sigue siendo una GRAN NACION. No sé usted, Señor, pero yo me emocioné una vez más oyendo el Himno de España matrimoniado con el flamear de Nuestra Bandera.Y de espectador, casi de incógnito, estaba mi admirado don Juan Carlos.

El currante

Lunes, 7 Junio 2010

EL CURRANTE

La Zarzuela de Rafa Nadal es Roland Garrós:ahí el rey es él, ahí la raqueta de Nadal hace pasamanería real. Soderling,la raqueta de hielo, ha sido licuado por un Nadal otrra vez seguro de sí mismo. Pentacampeón. Verlo y creerlo. Soderling,tan seco y distante, esta vez elogió con alteza a Nadal:  “Si sigues jugando así ganarás lo que quieras”. El lenguaje del cuerpo del sueco hablaba sin palabras: resoplidos, andar lento, mirada turbia.”Quiero pero no puedo y eso que estaba seguro,antes de salir a la pista, que iba a volver a poder”. Nadal, siempre Nadal. Nadal es la magia del corazón. Es la energía psicológica. Es el vedetismo de la humildad. Es el milord de la arcilla. Ya lo dijo Federer hace dos años: “En la arcilla, Nadal es arcilla también; la arcilla está enamorada de Nadal”.

El credo de Nadal es espartano: competir para “intentar” ganar; “intentar ganar” para “mejorar” la reputación y no caer en la frívola confianza para “intentar” ganar y no perder reputación. Siempre el modesto “intentar”. “Voy a intentarlo, creo que puedo intentarlo, me he preparado para intentarlo”.

El vedetismo no es lo suyo. Cristiano Ronaldo dijo el otro día que quiere ser eterno. Infatuado y narcisista CR9. Nadal, que vuelve a ser oficialmente el número 1 del mundo, va y dice: “Bueno, sí, eso es bonito, claro, pero no, no me entusiasma, no; hoy soy el número 1 y mañana dejo de serlo; lo que yo quiero es…  bueno, no dejar de ser un “buen currante” del tenis”.

Roland Garros, amen de haberle hecho pentacampeón y devolverle el número 1 del mundo, le ha dado un cheque de un millón y pico de euros por su triunfo sobre Soderlin y un reloj de 360.000 euros. Nadal, además, ha mutado en simpatía la antipatía de una parte del público galo.

- ¿Cómo vas a celebrar este triunfo?

- Empezando a entrenarme mañana mismo para Wimbledon