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Deuville-Trouville

Camino por las calles de Deauville, recuerdo las calles de La Habana, y un hotel, frente al Malecón, que se llama también Deauville, mi madre fue camarera de la cafetería de aquel hotel. Bajo hacia la playa, con dos libros en el bolso, Nuestros pluralistas, de Alexandre Solzhenitsin, y un librito que acabo de comprar sobre Marcel Proust en Cabourg. Tranquilidad, la playa desierta, es todavía muy temprano.

Empieza a levantar la mañana y camino por el borde hacia el muelle, tomo una embarcación que me conduce a Trouville, lo primero que encuentro es un monumento a Gustave Flaubert y luego una calle que desciende a la playa bautizada como Marguerite Duras. El sol pica tenuemente. El agua sube, casi cubre toda la arena.

Me quedo en la playa hasta que el agua se retira, y allá, en el horizonte, refulge un rayo verde, es justo el momento en que el sol desaparece detrás del océano.

Hoy es un día triste: el entierro de diez soldados franceses muertos en Afghanistán, y el avión de Spanair que tuvo el accidente en Barajas. Es un día aciago. Mi pensamiento a las personas que perdieron la vida y a sus familiares, aunque sé cuán poco es.

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