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El Dalai Lama y la patada de Ángel Valodia Matos

El Dalai Lama nos visita en Francia, es un hombre de paz y ha luchado en solitario por la libertad de su pueblo, todas las razones que tendría la izquierda para acompañarlo, y sin embargo no lo ha hecho más que para que Ségoléne Royal se haga la foto del paripé. Es cierto que Carla Bruni-Sarkozy lo acompañó en la inauguración de un templo, y que ella todavía es de izquierdas, aún cuando la gente de la izquierda ya no la quiere, el cambio fue radical, de un segundo al otro, porque se enamoró de un presidente de centro derecha y se casó con él, ¡un pecado imperdonable para la izquierda!, que antes la plesbicitó como cantante y ahora la critican por lo mismo.

El Dalai Lama es un hombre sonriente, apacible, rebosante de esperanzas. Y a mí me conviene como referente religioso, aunque no haga sexo, así y todo me identifico con él, creo que en la vida hay que ir tranquilo, sonriente y pleno de esperanzas. Igual, me caía bien Karol Wojtila, porque dijo lo que había que decir en contra del comunismo, aunque su viaje a Cuba contituyó más una ilusión que una esperanza. El Dalai Lama, aquí en Francia, tiene muchos seguidores. El gobierno castrista, como sabrán, se puso de parte de China, como no podía ser de otra manera, en relación al Tibet. O sea que no esperemos que el Dalai Lama visite a Cuba, pero igual tiene numerosos admiradores anónimos, escondidos, entre el impredecible pueblo cubano.

Ayer, mientras reflexionaba yo en la presencia y espiritualidad del Dalai Lama, me llamó un amigo para contarme que el deportista Ángel Valodia Matos, taekwondista, le había metido una patada a un árbitro, pensé que me hablaba en chino, pero no, me hablaba en “castrista”. Yo, de los JJOO, sólo he visto a Michael Phelps, a Nadal, a las chicas de nado sincronizado de España, y a Taismary Agüero Leyva, cubana, nacionalizada italiana, a quien Castro no le permitió regresar a Cuba en donde acababa de morir su madre a inicios de los juegos en Pekín, la deportista decidió ir a competir; no he visto más. Entonces, cuando me llamó este amigo, entré en el “tubo” y vi la desdichadamente célebre patada. ¡Qué roña, qué violencia la de ese pobre atleta!

Su actitud deja mucho que desear, nada que ver con el mensaje de paz del Dalai Lama, me dije, aunque una cosa no tenga aparentemente que ver con la otra. No sólo pateó al árbitro cuando éste decidió que se había sobrepasado en más de un minuto y treinta en el tratamiento médico y que declarara vencedor al contrario, además golpeó a otro asistente, boconeó, insultó. Ahí vemos la “disciplina” castrista en el deporte. Ahí observamos a un pobre atleta al que le dieron la órden estricta de ganar a lo como fuera, no de competir, de cañonear. Vergonzoso.

Sin embargo, aún así, la claque que gritaba “¡Cuba, Cuba!” mientras el atleta pateaba, esa claque: ¿quién la llevó? ¿de dónde salía? ¿Chinos, cubanos? La delegación cubana fue una de las más numerosas en desfilar: ¿más “segurosos” que deportistas?

El video lo pueden ver en el “tubo” (youtube), sólo tienen que poner: “deportista cubano patea al árbitro”. Aunque manos secretas han intentado retirar el video en numerosas ocasiones.

Me quedo con el Dalai Lama, como ejemplo de entereza humana, aún cuando ya saben que mi única religión es la poesía. La literatura es un sacerdocio que no prohibe nada. Más bien tienta a lo prohibido. Será por eso que me gusta el Dalai Lama.

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