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Los libros que se me quedaron.

El 22 de enero de 1995 me fui de Cuba definitivamente, llevaba una maleta con dos vestidos y un montón de libros, un maletín también lleno de libros; un exceso de equipaje en donde sólo iban libros. Mi madre había quedado en nuestro apartamento, ella custodió mis pertenencias hasta que pudo. En una ocasión en que la llamé -la llamaba con frecuencia, como es natural-,  me comentó que un amigo, Iván Giroud, se había llevado prestado un libro; cuando pude hablar con él, me contó que había tomado una biografía de Josyane Savigneau, Marguerite Yourcenar: La invención de una vida. El libro, como todos los de mi biblioteca, estaba subrayado por mí y en las márgenes había escrito acotaciones, producto de mis reflexiones y de mi lectura. Los años pasaron y ese amigo jamás devolvió el libro a mi madre. Hoy me gustaría recuperarlo, forma parte de mi biblioteca, de mis recuerdos, de mi trabajo como escritora.

También, por aquellos meses, en los que mi madre perdía le memoria, estuvo seriamente enferma de los nervios, con paranoia y esquizofrenia, entró en mi casa mucha gente que se hizo pasar por amigos míos, y algunos que yo creí que lo eran. Se robaron cuadros, un pequeño Portocarrero dedicado por el pintor, un pequeño Mendive, un dibujo de Unzueta. Se llevaron sombreros y ropa de mi casa sin mi permiso, libros dedicados también sin mi permiso, entre ellos, libros de autores importantes, como un ejemplar de Laurence Dürrell dedicado.

Hubo pillaje, y no fue precisamente de la policía castrista, o quizá no directamente, hubo pillaje de los oportunistas, de los plagiadores de vidas, de los angustiados, pero no por razones que ellos mismos aducen a otros, no, de los angustiados ante su propia mediocridad, y angustiados por no tener ideas ni vida propia. Algunos de esos “angustiados” pasaron por París, llamaron a mi puerta, y me pidieron ayuda, hice lo que pude. Hoy ni siquiera me conocen, aun cuando han repasado mi vida detalle a detalle para luego imitarla.

Pero lo que más he sentido es esa apropiación de mis libros por otros. Esa pérdida de mis anotaciones, de mis pensamientos, a los que siempre quise acceder cuando necesitara revisar algún fragmento para mi trabajo.

Sin embargo, me gustaría mucho recuperar esa biografía de Marguerite Yourcenar. Así que cualquiera que la esté leyendo en La Habana, por favor, ¿podría devolvérmela?

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Una respuesta a “Los libros que se me quedaron.”

  1. Maria Cristina Fernández dice:

    Creo que Margarita Yorcenar es una de la escritoras más cautivantes que se pueda conocer. Leí un precioso libro de entrevistas, delicioso. Siempre he tenido la fantasía de visitar esa casa en Maine donde vivió. Me encanta su combinación de fortaleza y austeridad; la simplicidad que pedía para la vida, su amor por los seres vivos; su capacidad para hacer esa formidable escritura y su propio pan Entiendo por qué reclamas ese libro como parte de esa intimidad literaria que tuviste con ella. Espíritus así nos iluminan día a día y nos permiten dispensar las miserias inevitables del existir.

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