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Bailando con Meryl Streep

Con permiso de mi admirada La naranja metálica hablaré un poco de cine. Acabo de ver Mamma mía!, filme basado en la comedia musical creada con las canciones del célebre grupo sueco Abba, y que es una magnífica adaptación libre de la misma. La realización está compuesta básicamente por mujeres, la directora Phyllida Lloyd, la guionista Catherine Johnson, financiado por Tom Hanks, Judy Cramer y la Universal, con el extraordinario protagonismo de Meryl Streep en el papel de Donna. Meryl Streep posee en cada interpretación un único objetivo, el de superarse a sí misma. Esta actriz de 59 años -luego me dirán, o dirá la politizada Susan Sarandon, que en Hollywood no hay papel para mujeres mayores de cuarenta- nunca ha cesado de interpretar roles cada vez más sorprendentes. Por favor, no dejen de verla: canta, baila, y actúa tan magistralmente, que a la salida del cine sólo quieres seguir viéndola. Los saltos de esta mujer no me los podía creer si no los viera con mis propios ojos, los giros, la forma de cantar, posee una voz sublime, de matices múltiples, y en ella incorpora los sentimientos del personaje que interpreta con una facilidad, y al mismo tiempo una audacia, indescriptibles. Meryl Streep actúa para los actores que la acompañan y para el público, pero sobre todo, actúa para ella misma, para despojarse de su ser y para invadir esos seres imaginarios que la han hecho la mejor actriz de nuestro tiempo.

En lo único en que se equivocó Marlene Dietrich fue en decir que Meryl Streep era una mujer fea. Meryl Streep es una mujer distinta siempre, recuerden la belleza fría en El diablo se viste de Prada, la belleza agotada de la madre en Kramer contra Kramer, la belleza de la inteligencia en Out of África, cuando interpretó a la novelista Isaac Dinesen, o cuando se puso en la piel de una judía acorralada por los nazis en La decisión de Sofía.

Pero Mamma mía! es una comedia musical, su ligereza es su virtud, y de ella salimos revitalizados. Las actrices que corean a Meryl Streep no se quedan rezagadas en su performance, y tampoco los actores. Pierce Brosman está para comérselo, y debo confesar que su voz es una de esas voces cálidas y enamoradas que yo haya escuchado en mucho tiempo, y que me puso el vello de punta.

No entiendo por qué tanto lío con el bodrio de película Ché y con la otra, Wanted, la Angelina Jolie ya sale hasta en la sopa, hinchada que no le cabe una gota de silicona más, aunque ella dice que es natural todo. Natural es Meryl Streep, natural de chez natural, bella. La verdadera película que vale la pena en este otoño es Mamma mía! se los aseguro, basta ya de la sufridera en el cine, y la comezón de coco ideologizante, o de los chorroso de sangre. ¡A bailar y a cantar y a reir con Meryl Streep! Esto es para mí también el gran espectáculo del cine. Y cuando está bien hecho, tanto mejor.

Creo que Phyllida Lloyd deberá enseñarle a Lars von Triers lo que es una comedia musical, recuerden aquel desastre de Dancing in the dark, en el que nadie danzaba, y Björg aullaba sus propias canciones antes de que la mandaran a la horca. Un espanto.

Hoy me entero del fallecimiento del director de cine cubano Humberto Solás, el Visconti cubano, seguramente le habría gustado mucho ver Mamma mía! Que descanse en paz.

No dejen de disfrutar de la belleza y la inteligencia de la gran dama de la cinematografía mundial, una belleza diáfana, la belleza del verdadero arte.

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Una respuesta a “Bailando con Meryl Streep”

  1. Laura dice:

    Coincido contigo!!! Me pasó lo mismo, no podía creer que Meryl Streep estuviera tan activa, tan flexible, y tan perfecta!!

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