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El atelier de una artista.

No hay nada que aprecie más que un artista me invite a su atelier, este domingo tuve la suerte de ser invitada por la pintora cubana Gina Pellón a su casa, donde ella tiene además su atelier. Gina Pellón salió de Cuba en los años sesenta y nunca más volvió, su hermano estuvo preso 28 años en la isla por problemas políticos. Gina no podía regresar. Empezó a pintar, un galerista decidió exponerla, y ella se convirtió en una de las máximas exponentes del grupo Cobra, distinguido grupo plástico creado en Europa y formado por artistas de varias latitudes. Pero he contado la carrera de esta pintora de manera muy corta, evitándoles las partes dolorosas, las necesidades que tuvo que pasar para llegar a donde llegó. Gina posee una de las obras más reconocidas de la plástica contemporánea. Pinta casi siempre a gran formato, mujeres, pájaros, caballos. Asistir a su atelier, verla trabajar, con sus ochenta años, revestir ella misma un chassis, clavetear, armar su tinglado de pinceles y colores, y observarla en plena faena es un regalo para los sentidos. Gina Pellón es una pintora de colores cálidos, sensuales, trazos prominentes en un figurativo barroco.

Llegué a su casa y había preparado un almuerzo ella misma; ahí estaban además otros amigos, el pintor Joaquín Ferrer, la escritora Isis Wirth, el escritor Jacobo Machover, Christiana Ferrer, Aïa Ferrer, el cineasta Ricardo Vega, y Luna, nuestra hija. Gina cocinó y brindó comida cubana: frijoles negros, arroz blanco, picadillo con ajíes ahumados, ensalada de aguacates y corazones de lechuga, vino francés, baguette, una tarta de frutas rojas… Los colores de la mesa brincaban en mis ojos igual que los de los cuadros, el sabor aguaba mi paladar, y la tibieza de sus temas en las obras roció mi espíritu del más suculento manjar: el de la generosidad artística.

La pintora además es poeta, escribe versos a los pájaros, a la libertad, y a las manos que trabajan para dar, no para quitar, subraya. Gina me dice que ama la vida, y ya sus manos no tiemblan, añade que siempre amó la belleza y que la halló en cualquier sitio, por muy escondida que pareciera estar. Su perro, que acude al llamado de Tenso, un nombre que le puso la pintora, porque cuando llevó al perro a casa, percibió que el animalito estaba siempre muy tenso. Hasta que ella lo apaciguó, pero ahora ya no responde a otro nombre que no sea ése; Tenso coloca su cabeza encima de mi rodilla para que lo acaricie.

Gina Pellón muestra sus cuadros recientes. Un gran cuadro en verde, con muchas caras, de mujeres casi todas, aún sin terminar. Otro que es una mujer con una cotorra en el hombro, y caballos en plena carrera acaparan varios lienzos.

Hizo sol en este domingo parisimo, muy cerca del Campo de Marte, a través de los ventanales del atelier de Gina Pellón se colaban los rayos luminosos. Y di gracias en silencio, por estar allí, en un momento tan diferente y apacible.

Ver fotos en Zoé Valdés.

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Una respuesta a “El atelier de una artista.”

  1. Maria Cristina Fernández dice:

    Sorprendente saber de esa artista, que vive y trabaja… Hace poco en Elapso tempore, las memorias de Consuegra, encontré referencias suyas. Hasta donde sabía trabajaba la abstracción, pero ya veo que hay más. Otra de las borradas de la lista, pero no de la vida.
    Ese momento (tan diferente y apacible), momento de dar gracias, momento del silencio…

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