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Los anticuarios del Louvre.

Ayer me fui a dar mi paseo mensual por Los Anticuarios del Louvre, y como los frecuento a menudo me doy cuenta de que su negocio marcha, quizás es uno de los pocos que marcha hoy en día. Le tenía echado el ojo a un Buda de madera maciza, antiquísimo, de los de verdad, no las copias que también pueden ser antiguas; y el Buda ya había desaparecido. “En un pestañazo”, me aseguró la galerista.

Los Anticuarios del Louvre están situados en las arcadas, hacia la derecha del Museo del Louvre, en la rue de Rivoli, y sus visitantes, felizmente para los comerciantes, no son sólo curiosos como yo, siguen siendo gente con mucho dinero y ganas de repletar la casa de bibelots y fantasías (en eso somos iguales). Los ricos árabes de la Arabia Saudí compran bastante, continúa lentamente la galerista, sus labios deleitándose en la palabra: riches. Pero esos compran al por mayor y sin conocer la mercancía, envían una especie de edecanes que les sirven de “ojo”, y de este modo se gastan fortunas.

Les agrada decorar las casas con objetos antiguos, de calidad, hermosos, pero lo hacen de manera ecléctica. Decoran al estilo brocanterie, un poco de demasiado en todo, semejante a una novela de Pierre Loti. Novelas para putas, que diría Alejo Carpentier. Sin embargo, un gran novelista ese Pierre Loti, era el más leído en los burdeles de La Habana, por la calle Colón, reinado de la prostitución. Allí había una prostituta cuyo nombre evocaba a una emperatriz, los sofás art-décos de sus salones se los disputaban los intelectuales de mayor renombre de La Habana, les fascinaba restregarse en aquella decoración abarrotada de objetos raros, en aquel ambiente recargado de chupones y chapuzas.

No sé por qué evoco ahora los burdeles habaneros mientras observo las joyas antiguas, de los años veinte, treinta… Por cierto, poseo un bello anillo que bien pudiera venderlo aquí; si la cosa, léase la economía, sigue como va, ya no serán las putas las que escribirán novelas, las novelistas tendremos que ir aprendiendo del oficio más antiguo del mundo. Sólo basta echar una ojeada a las librerías, no será nada difícil la conversión.

Las putas de La Habana eran más ricas en la época que cualquier cardióloga graduada con la revolución. No hablemos ya de las literatas.

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2 respuestas a “Los anticuarios del Louvre.”

  1. Isis Wirth dice:

    Deliciosa crónica. Conozco a esos Anticuarios, cuando estoy en París, y coincido con ellos, me paseo, también como curiosa. Claro, les riches Saudíes son los que compran: no saben que hacer con el dinero.

  2. LOS ANTICUARIOS DEL LOUVRE. « Zoé Valdés dice:

    […] Prensa — Zoé Valdés @ 3:55 pm Tags: Prensa Pueden ver mi post, ligero, sobre el tema, en Zoé en el metro, en Ecodiario de El […]

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