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Calle 8.

Hoy caminé por la calle 8, sobre todo para ver las galerías de arte cubano. Unzueta Gallery sigue siendo de las mejores, de una coherencia única. Siguen abiertas las galerías que venden, las que vendieron siempre. Otras abren también, pero pasado el primer embullo y tras las primeras presentaciones vuelven a cerrar. Aunque el arte cubano se mueve, los catálogos de las ventas de Christie’s del próximo 19 de noviembre lo prueban, la crisis ha envuelto todo en una sombría situación.

A sólo cuarenta y cinco minutos en avión de La Habana, el arte cubano del exilio trasciende de una manera silenciosa, tal vez menos lenta que antes, constante en su creatividad. Aunque, como dije, se nota la crisis.

Mañana se inaugurará la Feria del Libro de Miami, que cumplirá 25 años. Esta Feria ha venido presentando autores norteamericanos, latinoamericanos, y de todas partes del mundo, yo he participado en varias de ellas. El día 14 me tocará presentar a Fernando Arrabal, en un homenaje que le harán al conjunto de su obra. El 16 presento mi libro. Autores cubanos pululan por las calles de la ciudad. Algunos vienen de Cuba, aquellos que no necesitan visado, porque se han casado con extranjeros, o de otra manera han conseguido una nacionalidad que los salve de la cerrazón, del bloqueo interior castrista. Mientras a Yoani Sánchez el gobierno cubano le impide salir, otros autores burlan a lo como pueden y  como les conviene; no tienen ningún problema para acometer astutas fugas de allá, basta que hayan conseguido escapar adquiriendo otra nacionalidad incluso sin cumplir con los requisitos que hemos tenido que asumir (pago de impuestos, etc) para recibir la nacionalidad del país de residencia. La picaresca permite que una vez casado con un descendiente de franceses, por ejemplo, los funcionarios de la embajada de ese país puedan facilitar los trámites; qué agilidad, me digo, que extraña agilidad. Pero de cualquier modo me alegro que los cubanos, siempre que puedan, consigan salir y conocer el mundo. Lo que me entristece profundamente es que después de conocerlo, o de al menos probarlo, quieran empecinarse en seguir siendo confortablemente castristas. El asunto no es viajar y volver, la vergüenza es cuando lo hacen y además lo aliñan con declaraciones innecesarias.

He vuelto a caminar por una calle emblemática del exilio miamense, y les digo,  con La casa de Tula, que abre las puertas precisamente mañana y que es una suerte de night club cubano de los que promete musicalmente, con Padilla Cigar’s, sitio lujoso creado por los hijos del poeta Heberto Padilla para la fabricación, degustación y venta de los mejores tabacos del exilio, veo mucho más de lo mismo, de lo que ya había visto siempre, una espera infinita, pero por encima de todo: un arte por fin comprometido exclusivamente con la belleza y con la calidad.

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2 respuestas a “Calle 8.”

  1. CALLE OCHO. « Zoé Valdés dice:

    […] en: Artes Plásticas, Viaje — Zoé Valdés @ 7:29 am Tags: Artes Plásticas, Viaje Leer en Zoé en el metro un pequeño paseo por la calle Ocho. Arreglado el […]

  2. Ana Belén dice:

    Realmente me indigna que usted se queje continuamente del país que le ha dado asilo. No hace mucho lo hizo de los sistemas de seguridad social europeos, y hoy de que le hacen pagar impuestos. POR SUPUESTO. Los debe pagar como cualquier otro ciudadano residente en la UE que se beneficia de ellos. Y si, tan mal está aquí, ¿por qué no se queda en EEUU? De ese modo podrá gastar en lo que quiera su dinero ganado como escritorcilla de segunda (con más fama por ser exiliada que por la calidad de sus escritos).

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