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Arturo Cuenca.

En Miami sigue siendo el mismo que en Cuba, que en New York, que en cualquier parte, para bien del arte, de la cultura, de la polémica, de la política. Sigue siendo el mismo enfant terrible, e igual que en La Habana intimida a los que no entienden la febrilidad del artista, su fragilidad. Sigue siendo el mismo muchacho de pelo alborotado, de espejuelos redondos, de manos enredadas con ideas. Su atelier de pintor está en su cabeza, pinta dentro de su mente, y los colores se le desbordan por los ojos.

Arturo Cuenca es un artista exclusivo, reflexivo, y ya sabemos que la exclusividad no es cómoda para nadie, muy pocos la acogen afablemente. Vi un retrato de la actriz Lili Rentería que es una obra maestra, porque la sencillez es el canto más elevado de la perfección. No voy a decir mucho sobre ese cuadro, porque sobre el blanco nada se debe añadir. Sólo que, ahí está la actriz, está Mariana, está Lorca, y está el No del Kabuki. Arturo Cuenca es así, cuando pinta un cuadro es porque lo ha pensado medio siglo. El resto es puro cerebro. Y yo siempre apostaré por los artistas cerebrales.

Es un niño que salta la cuerda, se tira en el piso, patalea, y jamás está de acuerdo. Es un emblema raro, un paraíso perdido en la penumbra de un Miami ofuscado. En ese Miami recalentón encontré gente muy buena, muy verdadera, muy dulce, muy rebelde, indomables, certeros artistas, y también gente sencilla, de la fina raza de los nobles de corazón. Pero hallé también a los tracatanes de toda la vida, los que se debaten entre la mierda y el cielo, para citar a Arrabal. Fernando Arrabal prefiere la mierda, como yo, al lujo con mierda.

Arturo Cuenca es un país él solo, un país desbocado en el vórtice de una mano, aciclonada en sus líneas del destino. Me gustaría verlo pintar, pero sé que no lo hará nunca para un documental. Ni para los seres solitarios.

Habrá que filmarlo hablando, expandiéndose como miel, o como hiel, con ese gusto del rinoceronte de Durero. Habrá que filmarlo sacudiendo los brazos, bailando, y entonces tendremos la película de los años ochenta, con sus artistas auténticos y sus falsos fantoches. Arturo Cuenca es un ser poético, filosófico, un ser cuyo rumbo se estompa en la punta de su zapato derecho.

Discute, se emborracha, se duerme en medio de un concierto, es bueno, natural, demasiado natural, y por eso parece malo. No es dichoso, porque dice la verdad, y los que decimos la verdad debemos apartar la dicha. No existe la felicidad, ya lo adivinamos. Arturo Cuenca jamás será un resentido.

Arturo Cuenca es un ser eterno, un Basquiat con otro estilo. Debería cagarse encima de un cake enmerengado y seguir adelante, con su obra, con sus sueños, con sus gritos, y su desgano. Arturo Cuenca no come, le asquea la comida, le asquea todo lo que la carencia toca. Menosprecio de la saturación, menosprecio de la comodidad.

Arturo Cuenca es el genio de los ochenta. No le hagamos daño. Querámoslo con él o sin él. Arturo Cuenca, sigue pintando, y dejando tus huellas, en nuestros abismos.

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3 respuestas a “Arturo Cuenca.”

  1. ARTURO CUENCA. « Zoé Valdés dice:

    […] en: Artes Plásticas — Zoé Valdés @ 2:45 am Tags: Artes Plásticas Leer en mi blog de Zoé en el metro, mi columna dedicada al artista Arturo Cuenca, para EcoDiario, de El Economista. Arturo Cuenca con […]

  2. Eufrates del Valle dice:

    Excelente apreciacion sobre Arturo Cuenca. Durante aquella explosion creativa que fueron los anos ochenta en Cuba, surgieron muchos excelente pintores. De eso no hay dudas. Sin embargo, entre todos ellos, Cuenca fue y es el artista de su generacion. El artista que revoluciono con tecnicas y conceptos novedosos. Su obra es inconfudible. Su etapa neoyorquina, una obra madura, exquisita, elegante, sugerente, unica. Espero solo ver su etapa miamense.

  3. Abel dice:

    Pues creo que diste en el clavo, yo soy uno de los que no lo comprendio en cierto momento, no debi tomarlo en cuenta por lo que parecia, El esta mas alla de todo lo tangible, es casi inmaterial, como un personaje inventado en un mundo extrano y simple. Es El nada mas, dificil de asimilar, pero muy lucido, aunque diferamos en ciertos puntos. Cuenca dice algunas veces cosas que te chocan,pero lo que dice no esta contaminado, es auntentico,como un nino, parece un ser por momentos iluminado y por momentos poseido. Un gran artista y un tipo fuera de serie. Mi mas carinoso saludo para Cuenca.

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