Blogs

Mala noche

He pasado otra mala noche, últimamente duermo menos de lo poco que ya dormía. Estuve viendo hasta tarde los episodios de Dexter, el asesino que tras meterle un jeringuillazo en el cuello a su víctima, prepara todo un aséptico escenario de crimen, mata, corta en pedazos los cuerpos, los envuelve en nylons y ¡cataplún! a la bahía de Miami. Dexter sólo asesina a aquellos que han escapado a la justicia, o sea a criminales que no han pagado su falta. Dexter es un justiciero, pero también es un asesino. Sobre todo es eso, un asesino, simpático, sexy. A su madre la hicieron pulpa cuando él contaba apenas cuatro años, y un policía lo halló dentro de un contenedor, sentado en un mar de sangre, la de su madre, cortada en pedazos a su lado. El niño lloró durante días, sin comer, sin beber, con el cadáver de su madre como única compañía, de ahí el trauma que su padre adoptivo, el policía amante de la madre que era informante, tuvo que encaminar hacia el lado justiciero.

Después de varios capítulos de Dexter, intenté leer los libros que me miran recelosos desde los estantes. ¿Me leerás o no me leerás? Preguntan desde sus lomos. Algunos les prometí leerlos, y releerlos, pero lo segundo no lo hice aún. No dormí bien después de este diálogo intenso con los habitantes mudos de mi biblioteca.

Me puse a escribir, pero tampoco di pie con bola. Hoy me desperté dispuesta a dar un paseo. Me desperté es mucho decir, porque nunca me acosté. No pegué ojo. Bajé temprano a la calle. Sentada en un café mañanero me puse a hojear los periódicos. Es increíble lo mal que leo la prensa en el papel, acostumbrada a hacerlo en internet. Pedí un café en el Sully Fontaine, pero los dueños han cambiado y ahora está estos que se creen que van a colonizarlo a uno con sus salsitas y chistecitos banales. A veces dan ganas de ser Dexter, de sólo tener que aguantar a alguien mal educado.

Abrí uno de esos libros inusitados, de los que ya yo creía que no leería nunca, y de súbito todo dentro de mí cambió. Pagué mi consumo, me mudé con ligereza a otro lugar más solicitado, limpio, y de buenas maneras; por cierto, más barato. Y allí eché la mañana, casi terminé el libro.

Al rato me fui a la primera boca del metro. Y ahora estoy aquí, cercana de un mercado de domingo, acabo de comprar legumbres, frutas, pan, leche. Escribo esta nota en un café próximo al mercado, y enseguida vuelveré al metro, a casa. Prepararé algo para almorzar, luego me pondré a leer. Un domingo en calma, prometo que esta noche intentaré dormir.

Comparte este post:
  • Meneame
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google

Tags: , , ,

Deja tu comentario