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Volver a la pintura

Esta mañana regresé a mi carpeta de dibujos, retorno a la pintura aunque la luz no es buena, y no me agrada pintar en invierno, los colores no se me dan igual, es el pretexto menos adecuado, lo sé; pero la grisura no acompaña. Me puse a observar con lupa los dibujos de Federico García Lorca y los de Jean Cocteau, infantiles unos, eróticos los otros.

No hay nada más hermoso que esos dibujos de Granada hechos por Lorca, y de sus poemas esbozados con trazos pequeños, finos, apenas coloreados. El complemento ideal del poema lo constituyen esos dibujos donde el poeta granadino enaltece la belleza del instinto. Siempre he creído que los escritores que se han dedicado a la pintura lo hicieron por instinto puro. Menos Henri Michaux, que era un ser surrealista, nacido para el surrealismo.

Los dibujos de Jean Cocteau son afrodisíacos, la carga de erotismo homosexual es evidente, potente, y sin embargo cada figura pareciera que escribe, que en ella late un sentido literario de la forma. Jean Cocteau pintaba y con ello arrastraba sus deseos sosegados de cine y de escritura.

En Cuba hubo una poeta y pintora, Juana Borrero, niña prodigio en todo; incluído en el sexo. A los doce años empezó a escribir sus versos infantiles que de infantiles tenía sólo el título. Envió un poema a La Habana Elegante, el periódico que dirigía su padre, Esteban Borrero, y todos se preguntaban admirados y sonrojados, quién sería esa despampanante poeta que aireaba su vida íntima con tanta pasión. Ninguno sospechaba que era una niña de doce años, bastante familiar para ellos. Cuando lo descubrieron intentaron incorporarla a las tertulias literarias organizada por sus padres. La niña creció en ese ambiente telúrico e intenso de poemas, música, pintura, arte y creación intensa

A los trece años se enamoró perdidamente de Julián del Casal, gran poeta cubano. Y sus cartas y poemas todos iban acompañadas de filigranas floreadas, dibujos preciosos bordeaban las hojas. Su amor frustrado con Casal la llevó a escribir versos incendiarios de amor y ansiedad erótica. Luego se hizo novia de otro poeta, Carlos Pío Urbach, que murió como mambí en la guerra de independencia contra España.

Juana Borrero se fue al exilio en Tampa, con su familia, allí conoció a José Martí. Mientras escuchaba un discurso del poeta, Juana tuvo sus primera menstruación, y se lo contó a su madre por carta, cosa que no era muy frecuente en la época, que una adolescente contara ese tipo de accidente valiéndose del género epistolar. Juana pintó uno de los cuadros más hermosos que he visto jamás, tres negritos harapientos en un óleo ocre. La poeta murió en el exilio a los 19 años, de lo que se morían las amantes como ella, de tuberculosis.

Hoy tal vez, si puedo, yo la pintaré a ella.

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2 respuestas a “Volver a la pintura”

  1. Elisabet Martínez dice:

    Precioso, es un regalo leerte. Hay pocas cosas comparables a vivir en el Arte. Ayer recibí “El Arte y el Amor en Montparnasse”, gracias a ti estoy descubriendo grandes lecturas.

  2. José manuel Guerrero dice:

    Le descubrí con “Te dí la vida entera”, y ahora gracias a este milagro llamado internet me puedo comunicar con usted.Debe saber que adoro su prosa.Bonito artículo.Gracias por existir.

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