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El estertor de la literatura

La época de la literatura tal como la concebíamos hace unos veinte años ronda el fin. La idea romántica de la existencia de lo romanesque como observación de la vida ha ido en decadencia, a todo meter. Los lectores de café con leche -que les llamo a esos que cogen un libro y lo tiran por la mitad- y la masividad de la escritura han dado al traste con el arte de escribir. El que no vende no es escritor, para algunos. El que vende, no siempre es escritor, para los que aún creemos en la especificidad del estilo, en el pensamiento individual, en la narración como renacimiento y apogeo de la historia.

No me siento con fuerzas para describir el proceso de decadencia de la literatura, me deprime, aunque es necesario alertar, aún cuando ya sea demasiado tarde. De cualquier modo, como escritora, no puedo concebirlo, ni admitirlo, y me batiré para que esto no ocurra. Pero nadie puede negar que estamos en un momento poco lúcido de las artes, y la literatura es la que más afectada, insisto, veo yo.

En Francia se ha inventado una literatura ombliguista de pésima calidad pero con mucha audiencia televisiva. Una persona cuenta en diversos libros su vida con cada uno de sus maridos, con pelos y señales, sin ambages, y no en el plano de la ficción, sino en el de la realidad más chata. Esa persona comenta su relación con un editor, y mientras cuenta fulmina el texto, no sólo lo descuida, lo mata, con una carencia de estilo total, con unas ganas de épater  a los ignorantes que da lástima, además de una soberbia incultura. Los escritores cultos también son observados como animales raros, u objetos anacrónicos.

Las influencias también, de autores grandes, al matadero con ellas, puesto que la gente sólo lee mala prensa e internet. Basta ir a wikipedia, copiar un poco, y ya nace un escritor, ¡espantoso!

Ni hablemos de la poesía, cualquiera que junte cuatro frases ya se cree poeta, y enseguida surgen los hacendados de las décimas.

Para colmo, hace poco leí un artículo cundido de errores de mala fe, porque existen errores naturales, pero los de mala fe, ya no tienen perdón, no diré el nombre del autor, que no es tal; es uno de estos inventados. La gente piensa que salir publicado en un primer periódico ya le da el derecho a ser alguien con poder de contar cualquier zanacada, lamentable. Y este señor es un hombre con libro publicado, novelista, si se quiere. Contaba cosas sobre Cuba, todo falso. Siniestro.

A veces me encierro en el baño a leer, cualquiera de aquellos libros prohibidos en mi país, para sentir la misma sensación de peligro que viví cuando joven. Ese simple detalle me obliga a retornar a los tiempos donde la literatura era toda mi vida. Y no quiero perder ese sentimiento trágico de la vida. Nunca, nunca.

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Una respuesta a “El estertor de la literatura”

  1. octavio dice:

    Que lamentable. Creo como usted que estamos viviendo una etapa crítica de la literatura, tal como se concebía hace algunos años. Cuando descubrimos que la literatura no cambia la realidad (según opinan algunos escritores) o no hay que esperar que la literatura mejore la calidad de vida de la gente estamos diciendo que es un elemento prescindible en nuestra vida, algo que podemos dejar para otro momento, cuando otras prioridades lo permitan. La ficción ya no conmueve, la cambiante y atroz realidad ya no nos deja espacio para esos dibujos de las mentes talentosas. La web se comió a los libros y creo que no hay retorno. Hay múltiples facetas que considerar, pero las cargadas bibliotecas hogareñas son cada día más cosa del pasado.
    Octavio
    San Juan, Argentina

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