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La Correspondencia de Reinaldo Arenas en Francia

La editorial Actes-Sud recién ha publicado, traducida al francés, la Correspondencia de Reinaldo Arenas (1943-1990), escritor cubano, exiliado en el 1980, durante la Crisis y diáspora de Mariel, en Cuba. Arenas es el autor de memorables novelas como Celestino antes del alba, El mundo alucinante, El color del verano, El palacio de las blanquísimas mofetas, El asalto, Otra vez el mar, El portero, entre otras novelas, y otros libros de relatos y poemarios. Escribió sus memorias Antes que anochezca, que fueron llevadas al cine por Julián Schnnabel, y el personaje del escritor fue  magistralmente intepretado por Javier Bardem.

La Correspondencia editada por Actes-Sud son las cartas que envió Reinaldo Arenas a los artistas Margarita y Jorge Camacho, durante décadas de una amistad profunda, leal, comprometida con el arte, con la literatura, y con la libertad de Cuba.

Margarita Camacho pasó años trabajando en estas cartas, y un día me mandó el manuscrito, pidiéndome que lo leyera y le diera mi opinión. Terminé de leer la última página y apenas podía hablar, ni siquiera me atrevía a levantar el teléfono y llamarla. Las cartas, no sólo son conmovedoras, manifiestan de una manera sumamente auténtica, poética y práctica, las inquietudes de -a mi juicio- uno de los más grandes escritores, no solo cubano, universal. Inquietudes literarias, artísticas, pero también cotidianas, muestran la enorme sencillez de un hombre de una sensibilidad única y de una inteligencia refinada, aún habiendo nacido en la campiña cubana, en medio de la más extrema pobreza.

Margarita me pidió que escribiera el prólogo, y lo hice, muy nerviosamente; no quería traicionar aquellos escritos, no deseaba quedarme por debajo en intenciones y en elegancia de aquellos textos, que aún, en ocasiones, siendo fieros, poseen la belleza de la vida consumida al fuego del arte, en la densidad del peligro.

Hoy, calmadamente, he vuelto sobre las cartas. Resulta maravillos releerlas y sentir que Reinaldo está ahora mismo dentro de mí, como un niño que llora en mi seno, que mientras lo leo me transformo en su hija, en su hombre (era homosexual), en ese amante perdido entre los pliegues de la sábana o en los renglones de una página escrita a mano, rápidamente, con su caligrafía apresurada.

Bella obra, querida Margarita, bella obra la que has hecho, la de editar estas cartas. Bella obra la que han hecho tú y Jorge, siempre, al publicar también todos los escritos de Reinaldo Arenas, antes, cuando se encontraba preso en la isla, y después, y ahora, cuando ya no puede decirnos y contarnos de su rebeldía más que a través de estos textos, y de su literatura. Gracias, amigos, por vuestra fidelidad.

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