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Socialismos europeos.

El socialismo europeo está en crisis, sin embargo, el socialismo europeo no podemos decir que sea el mismo en todos los países, en España que en Francia, por ejemplo, las diferencias se hacen notar. En España, el socialismo, pese a la presencia de mujeres en ministerios y puestos claves, es mucho más prepotente y machista que el socialismo francés, al menos en su aspecto; esto por referirme a los ejemplos que mejor conozco.

El socialismo francés se ha convertido en una especie de “cosiolismo”, de cosa, de cosa ajena a lo que uno piensa que puede ocurrírsele a un socialista. Por ejemplo, una de las mujeres que hoy representa a ese socialismo, Segolène Royal, ha decidido tomar como agente, o como manager, sería la palabra exacta, a un representante de estrellas de cine, y de cantantes. O sea, Segolène Royal no se ve a sí misma como una política, sino como una estrella del “cosiolismo”, de la cosa fabricada. Segoléne disfruta de sus apariciones en los teatros, no posee una sola idea o programa que proponer, pero sí  muchos gestos y palabras huecas que vender. Esto, desde luego, se relaciona con su nuevo look ultrafemenino, de madona o virgen de santidad dudable, quizá profeta extasiada en su autopiedad, o qué sé yo. La madeja no es fácil de desenredar.

Las mujeres del socialismo español aunque son varias, de presencia sobria, en su gran mayoría, poseen un savoir faire bastante masculino en casi todos los casos, sin embargo meten la pata con frecuencia, y no se identifican fácilmente con la causa feminista. 

Entonces, me pregunto, como supongo que se pregunta la mayoría de los lectores, si en lugar de las personas, lo que tiene que cambiar, del socialismo, es el socialismo en sí mismo, profundamente. Modernizarse, adaptarse a sus circunstancias, crecerse, tal como lo ha hecho en los últimos tiempos el centro derecha, que en lugar de radicalizarse -como lo ha hecho el socialismo- se ha liberado hacia un equilibrio protentoso.

Pero, ¿querrá el socialismo escuchar consejos?  Demasiado embriagado en sus distintas imágenes, los socialismos europeos se pierden demasiado en sus espejos, y no desean, a mi juicio, que les sustituyan los viejos manuales.

En cualquier caso, no me fiaré para nada, de este “cosiolismo” prêt-à porter

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