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Jineteo

El jineteo es algo muy común entre el rastrojo de intelectuales -o de los que se hacen llamar de este modo- que quedan en Aquella Isla.  Voy a contarles un ejemplo:

Tartuffe Mandril lleva varias décadas en el exilio, sin embargo, trabaja para el castrismo desde su más oculta ambición: devenir alguien, cualquier cosa importante. Es la razón por la que Tartuffe Mandril toma el metro y se va a oir una conferencia de LaMujerQueLeRobaLosEscritosASuMadre. Termina la intervención y Tartuffe se dirige con la lengua afuera y los colmillos salivosos a rendirle pleitesía a la conferencista. Se hacen amigos, porque son de la misma especie. Ambos han tenido que jinetear para poder existir.

Tartuffe le presenta a LaMujerQueLeRobaLosEscritosASuMadre a Cabeza de Quimbumbia, una cacique venezolana nacida en Washington y criada con el trapo negro en la cabeza, allá por los desiertos árabes. Tartuffe Mandril instica a LaMujerQueLeRobaLosEscritosASuMadre a que se haga amiga de Cabeza de Quimbumbia, de este modo podrá tumbarle algo, un collarcito de fantasía, un vestidito dorado, un no sé qué y un qué sé yo… Se hacen la foto. Cabeza de Quimbumbia posa como si ella fuera la princesa quebrada. La otra, delante del espejo, con el collar de fantasía que acaba de jinetear colgado al cuello, y las manitos en el mármol como garras de tiñosa.

Tartuffe Mandril se cree en el cielo, la otra piensa que está en el mismo centro del dinero de París. La única que sabe por experiencia que todo aquello es puro jineteo y banalidad de la baratucha es Cabeza de Quimbumbia. Ella aspira, en realidad, a otros elementos: al Matriarcacicado.

Después de esta anécdota, tomé el metro, me sumergí en la lectura de Herta Müller, y llegué a la luna.

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