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La espontaneidad autorizada

Días atrás las Damas de Blanco fueron objeto en La Habana y en Banes de persecusiones, insultos, agresiones verbales y físicas, de insoportables acciones en su contra. El castrismo ha sofisticado de tal manera la represión que en la actualidad todo sucede de forma aún más retorcida: Las Damas de Blanco salen a marchar pacíficamente con sus gladiolos en las manos. El régimen da la orden a policías vestidos de civiles, o sea, a las Brigadas de Respuesta Rápida, de insultar, agredir, golpear, a estas mujeres; sin embargo, por otro lado, orienta a la policía real, vestida como tal, que proteja a las Damas de Blanco de las turbas que ellos mismos han azuzado contra ellas.

Acto seguido: Los policías de la Seguridad del Estado visitan a las Damas de Blanco para meterles miedo, y de paso anunciarles que no podrán marchar todas juntas, que sólo irán doce de ellas. Luego cambian el número, y finalmente las autorizan a caminar, en una cantidad mayor, bajo la mediación del cardenal de La Habana, Jaime Ortega.

Ayer, domingo, marcharon 58 Damas de Blanco, sin que los “espontáneos” dieran el consabido mitin de repudio.

Sin embargo, en Miami, Carlos Varela hizo, en un rapto inusual, unas declaraciones que parecían a favor de las Damas de Blanco, y condenó los actos de repudio.

Casi al mismo tiempo, Wendy Guerra, actriz que ha escrito libros demasiado parecidos a los de otros escritores del exilio, y que es considerada contestataria y es autorizada por el régimen a ser “rebelde oficial” fuera de la isla, escribe que los actos de repudio no son espontáneos, y se arma un lío absurdo de pánico contra pánico, que si Virgilio Piñera pudiera leerla desde la tumba, se volvería a morir unas cuantas veces más. También en un rapto poco frecuente en ella.

Ya está, estas declaraciones, en apariencia espontáneas, son también órdenes, autorizaciones superiores. Entonces, faltaría más, a jugar a ser contestatarios se ha dicho, para que les den el viajecito, les permitan comprarse la casita, y vivir mejor que los once millones de cubanos. Los actos de repudio, bajo una dictadura, jamás son espontáneos; eso lo sabe hasta un recién nacido. 

Eso sí, dentro de unos días, estos “artistas” podrían declarar todo lo contrario, sumisión oblige.

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