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Palomas para Liu Xiaobo

Me bajé en la parada del metro Rambuteau y me dirigí a la plaza Stranvisky. Allí tenía cita con Reporteros sin Fronteras. En medio de la plaza se había concentrado la prensa. En la esquina derecha habían colocado un gran globo que pedía paz para Liu Xiaobo, el Premio Nobel de la Paz 2010.

Los activistas de RSF, periodistas, mostraban palomas enjauladas. Algunos opositores chinos tomaron la palabra. Habló también Jean-François Juillard, el secretario de RSF, y representantes políticos. Me pidieron que tomara la palabra, lo hice, pensando en los periodistas chinos y en los cubanos; repudié enérgicamente el comunismo y el totalitarismo.

Entretanto, el dictador chino Hu Jintao era recibido por el presidente Nicolas Sarkozy, todos los tapices rojos de Francia puestos a sus pies, decenas de contratos firmados, y también un puñado de deudas.

Dicen que se alojó en Niza y en París en hoteles que antes pertenecían a los americanos y ahora a los saudís. De cualquier modo, este país es Francia y lo seguirá siendo por mucho tiempo, todavía no es China ni Arabia Saudí, por suerte, ni lo será nunca. Y forma parte de la decencia y del honor francés defender la paz, la libertad, y la dignidad, no sólo de este país, también de los demócratas del mundo.

Soltamos palomas para Liu Xiaobo. Y que se fastidien los flojos, los vendidos, los traidores.

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2 respuestas a “Palomas para Liu Xiaobo”

  1. Recordando y machacando el por qué con RSF lanzamos palomas por Liu Xiaobo. « Zoé Valdés dice:

    […] En Zoé en el metro. […]

  2. LIBORIO dice:

    El dinero no es ‘bueno’ ni ‘malo’, sólo aquellos que lo ‘poseen’ y lo ‘manipulan’ son los que le dan un sentido u otro. En la actualidad, la ambición y el ‘mercantilismo’ de los ‘dueños del dinero’, supera a todo lo visto desde tiempo inmemorial. Los mecenas están en peligro de extinción, y el altruísmo está a punto de desaparecer hasta del vocabulario. Todos los que detentan el poder temporal, quieren ‘eternizarse’ en sus ‘feudos’ y para ello se precisa de ingentes cantidades de dinero para ‘comprar voluntades’, ‘vencer obstáculos’ e ‘imponerse sobre los demás’. A fin de cuentas, habrá que pensar que el ‘poder’ es la ‘adrenalina del miserable moral’.

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