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Sin salida

Hace más de una semana que no bajo a nada, no salgo de mi casa. No es que me sienta al borde una depresión, es que estoy en ella, cocinándola. Acabo de terminar una novela en la que llevo años trabajando, y le he cogido pavor al texto. Entonces me escondo, entre libros leídos, y releídos.

Para colmo, toda la miseria exterior me tiene harta, pero la peor de todas es la de los políticos, otra vez, entre ellos, chapoteando en el mejunje, para reeligirse o elegir al que menos daño haga a sus propios bolsillos. No hay nada más vil que un político. Y como ahora sólo existen los políticos y las celebridades, pues ni las revistas se pueden leer, porque tampoco hay revistas, sólo libelos donde, desde hace más de veinte años, se publican las mismas estupideces de siempre de los mismos, con las mismas máscaras, ahora estiradas por las cirugías o hinchadas por el bótox.

Por eso solo leo a los clásicos y veo películas viejas, la última que vi era del 39, y oye, estupenda, de una tremenda actualidad, con mejores actores que los que tenemos que sufrir en la actualidad, tremenda clase de música de verdad, y no esos enlatados ruidosos, y filmada en escenarios reconstruídos de Hollywood que eran mejores que los sitios originales.

Para colmo, acabo de leer una de esas cartas abiertas de Pablo Milanés, quien por fin cantó en Miami, y ni carajo, nadie soltó ni un galletazo, pues sí, se trata de una cartita dirigidas a un hijoeputa que lo único que ha hecho en su puñetera vida de mierda es deshonrar el oficio de periodista, y traicionar la libertad de Cuba. Leo esa carta tan demasiado open de Pablo Milanés, y ya me explico por qué ahora es antifidelista, y seguramente prorraulista, porque ahora, señores, los enemigos ya ni se sabe dónde están, y para colmo le deben haber dado el permiso y la visa para hacer el paripé de ser contestario de exportación.

A mí me importa tres pitos que Pablo Milanés le haya escrito una carta abierta a quien él le de su real gana, porque ese gesto no ha resuelto la libertad de Cuba, ni yo he podido regresar con mi hija y con mi marido (que ha tenido cien veces más cojones que él, allá en Cuba) al lugar donde nací; y a mi madre la tengo enterrada en Père Lachaise. Así que lo que escriba o no escriba Pablo Milanés, a estas alturas, me tiene sin cuidado. A estas alturas el daño está hecho y hasta ahora él sigue apoyando a los que me siguen haciendo daño a mí, y a mi familia. Además, yo en Cuba, le hice una carta, directa a Fidel Castro, así que vamos a ver a cómo tocamos.

Pero vamos a ver si Pablo Milanés, en cuanto llegue a La Habana, ¿todavía vive allí o en España? A ver si le manda también una carta abierta a Raúl Castro, y otra a Fidel, a ver si sale a caminar con las Damas de Blanco, entonces sí que ya no sería La Habana, sino Trípoli.

Veremos, dijeron Carlos Manuel de Céspedes en San Lorenzo, y un ciego, y nunca vieron. Ojalá Milanés salga a la calle a apoyar a las Damas de Blanco, y para mí, aunque salga a apoyarlas, ya el daño está hecho. Pero ni eso.

Que soy rencorosa, sí, contra los que han querido aplastarme, y hasta desaparecerme, claro que lo soy. ¡Faltaría más! No ha querido hacerlo él directamente, pero jamás ha movido un dedo, ni ha hecho nada para que lo impidan.

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