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Marzelconzeta, el eterno ‘enfant terrible’.

Lunes, 13 Agosto 2012

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Marzel por Mingo Ruiz Gallego.

Subo al metro y lo recuerdo en La Habana, con los ojos brillantes, la piel como de seda de Ispahan, los pelos encrespados y revueltos, un bigotito a lo Dalí, y mil millones de sueños palpitándole en el pecho. Recuerdo el día en que me entregó un guión de cine, donde los elefantes volaban ¿o me hice idea? No recuerdo si me pidió la opinión o si quería solamente que lo leyera. Y su risa como una ecuación perfecta.

Después en Madrid, en aquella fiesta por el estreno de una película de Almodóvar, y el calvario de vivir en esto, que es la distancia de todo lo amado, aquí, allá, o acullá, o en Valencia.

Era el joven más alucinante y más talentoso de aquellos cineastas de la escuela de cine de San Antonio de los Baños. De una rara belleza, esa belleza que se instala confiada y luego salta por un peñasco y desaparece, para volver a aparecer, en la lengua jadeante del tigre. Manuel Marzel, o Marzelconzeta posee esa elegancia felina, es como un tigre, o un leopardo, sus ojos amarillos, y esas ansias de vivir y crear como garras; la lucidez altiva de cambiar la vida, de subirse a todas partes, sobre todo a tu corazón.

Lo quiero, todavía no sé muy bien por qué, creo que quiero su deseo de artista, infinito, como el eterno niño terrible que será siempre. Y por aquella obra maestra que realizó: A Norman McLaren.

ZV: -¿De qué parte de Cuba eres, en qué año naciste? ¿Qué recuerdas de hermoso de tu infancia?

Marzelconzeta: -Nací casualmente en Santiago de Cuba en 1967. Mi padre era un dirigente provincial del Ministerio de la Agricultura al que reubicaban de vez en cuando. De hecho a los 6 meses nos trasladaron a Bayamo, anodina ciudad con gran pasado histórico donde tuve que vivir hasta los 18.

Lo más bello de mi infancia fue a los 5 años, cuando viajé por primera vez en avión… y a LA HABANA… a propósito de una de las reuniones de mi padre con el ministro Guillermo García Frías. Mientras él estaba en lo suyo, mi madre y yo disfrutábamos del precioso hotel Capri, de la familia de mi tía Elda y sobre todo de la maravillosa capital. Yo instantáneamente me enamoré de La Habana, sin calcular que efectivamente es una de las ciudades más hermosas del mundo. Cuando aquello (año 72 ó 73) sus zonas más emblemáticas no estaban aún tan destruídas, y desde entonces solo soñé con La Habana La Habana La Habana.

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Con su mamá en Santiago de Cuba

ZV: -¿Cómo llegaste al cine, era un sueño de siempre o alguien te impulsó?

Marzelconzeta: -Yo “empecé” por la TV desde muy niño. Me fascinaban los seriales televisivos en B/N en estudio con esas escenografías tan adorablemente falsas… En el patio de mi casa en Bayamo yo contruía decorados y “cámaras” (con trípodes y rueditas y todo), y me disfrazaba para interpretar los diversos personajes. Mi perdición eran las pelucas, que confeccionaba a partir del “plástico cabelludo” de las muñecas desechadas por mis hermanas mayores. Vamos, que mi juego favorito siempre fue eso de la representación, y lo hacía con mucho histrionismo.

Mi padre (una persona muy instruída, como lo es mi madre) fue quien me explicó cómo se hace normalmente el cine, con una sola cámara a diferencia de la tele. Ese fue el comienzo de mi verdadero amor (y estudio) por un arte tan apasionante y laborioso. O sea, que si hubo alguien que inconscientemente me impulsó a esa locura -sin arrepentirse luego- fue él.

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En el Parque de atracciones Lenin, con su madre y su prima Ileana

ZV: -¿Cómo matriculaste en la EICTV? ¿Qué experiencia tuviste allí y en el ICAIC?

Marzelconzeta: -A ver… definitivamente yo soy autodidacta. Antes de entrar en la EICTV había hecho tres cortos exitosos que me abofetearon con varios premios nacionales así como el Coral de La Habana y el Mikeldi de Oro de Bilbao ($$$). Era un niño bitongo que -gracias a mi padre- no se creyó nunca esas cosas. Quise aprender “de verdad” e hice las pruebas para la recién inaugurada EICTV durante dos años consecutivos y nunca me cogieron. La segunda vez acudí (aprovechando mi prematura “fama”) a un ser muy influyente que me ayudó. Pude entrar gracias a esa persona que está viva y no me parece conveniente revelar. No es Fernando Pérez ni Enrique Pineda Barnet ni mi ex-cuñado el conocido actor Raúl Pomares, para nada.

La EICTV fue el jardín donde florecí y por primera vez tuve conciencia de quién soy, no solo sexualmente. Era un sitio inédito (legalmente no pertenecía a Cuba), y allí se respiraba “libertad”. Es cierto que todo eso estaba bajo el manto negro de la dictadura disfrazado con realismo mágico  garciamarquiano etc. Sin embargo -no sé si por ingenuidad o  por cinismo- nos sentíamos felices y lo “éramos”. Ah, qué época. Hoy la miro y me da una sonriente pereza.

Al terminar ese sueño me fui a Costa Rica y volví a Cuba por amor (a un uruguayo) y porque Pepe Horta me había ofrecido el bombón ICAIC.

La industria cubana del cine (limitadísima aunque no tan cutre) todavía no había empezado a depauperarse, y era otro coto bastante cerrado donde imperaba -aparte del terror a la censura- el buen ambiente, el profesionalismo y la creatividad. Por supuesto que también había mucho hijo de puta -recuerdo las garras de Juan Padrón, Benigno Iglesias y Rebeca Chávez por ejemplo-, pero en general fui un niño muy bien recibido y querido. La gente que rodeaba a Alfredo Guevara (Pepe, Iván Giroud, Anita Rodríguez, Toti Morriña, Lourdes de los Santos…) me adoraban y deseaban que yo hiciera mi largo.

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¡Oh, La Habana!

PERO yo nunca le gusté a Alfredo Guevara (de lo que hoy me alegro infinitamente) y encima mi guión le puso la piel de gallina, pues le tiene pánico al Fidel. En efecto, ese guión era una burla muy buñuelesca de toda aquella basura, y el monólogo de Rosa Sophie (la protagonista) en la página 87 es CANDELA. Imposible que ese régimen me permitiera rodarlo. Qué pena, hubiera sido una ópera prima divertidísima y loca.

En cuanto a Alfredo: Uno de los personajes más siniestros del castrato. Mi choque con él me sirvió para mirar cronológicamente el panorama y comprobar que fui uno más en su larga lista de estorbos a eliminar; y esa fue la razón determinante para largarme.

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Rodando “Evidentemente comieron chocolate suizo” con Manuel Iglesias y Bebé Pérez

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ZV: -Tienes un blog donde has colgado tus videos y una página web donde están tus películas… ¿Cuán difícil ha sido para ti hacer cine desde el exilio?

Marzelconzeta: -Pues mira, tengo una anécdota atípica: Más o menos a los 2 años de vivir en España empecé a escribir “Paranoias Luly”, un largo sobre los horrores que padece una diseñadora cubana recién “quedada” en Madrid (Luly era mi alter ego, evidentemente). Esa historia gustaba por haber sido vivida, y a través de mi amiga Jamila Castillo contacté con unos productores ejecutivos valencianos que quisieron mover el proyecto. Vine para Valencia y efectivamente en poco tiempo consiguieron mediante inversiones -subvenciones NO porque yo no era español- la mitad del presupuesto (el equivalente en pesetas de millón y medio de euros) y ahí se detuvo todo. Queríamos hacerla cómodamente con los 3 millones y el tiempo pasaba sin que nosotros cambiáramos el chip. Y justo cuando decidimos hacerla ajustándonos a la mitad, el principal inversor (aburrido de nuestra actitud) nos retiró el dinero, mandando automáticamente el proyecto a tomar por el culo.

La PRIMERA MORALEJA: La posibilidad de hacer cine en cualquier lugar del mundo no es precisamente difícil sino coyuntural. Gran verdad, pero hay más:

Poco después, a esos mismos productores les presenté otro guión prematuro que no tenía nada que ver con el tema cubano, y ni se molestaron en leerlo con seriedad. Deduje que su antiguo interés por mí había provenido del izquierdosismo cubanólogo, no de una verdadera valoración artística; y sentí una gran decepción. Hay que acabar con esa especie de paternalismo “folkloricolonial” tan dañino.

MORALEJA DOS: ¡Oiga, yo escribo sobre lo que me dé la gana, a menos que usted me encargue algo específico!

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En la EICTV, rodando “Chao Sarah”

ZV: -Me gustan mucho tus nuevos trabajos sobre tu relación con personajes que has ido conociendo, a cuál más simpático, loco, o incluso profundo aunque no lo aparenten a simple vista… ¿Cómo llegaste a esa idea?

Marzelconzeta: -Como la cabra siempre tira al monte, en cuanto pude me compré una handycam, un buen ordenador, conseguí un programa de montaje, me hice la web-blog… Todo con el objetivo de rodar y editar cortos absolutamente libres para exhibirlos libérrimamente en internet por el módico precio de 80 euros al año.

La autoproducción -de presupuesto cero- es una experiencia maravillosa que permite explorar ilimitados terrenos del documental, de la ficción, de lo que quieras. Siempre me ha atraído el hecho de que los temas a tratar pueden ser cualquier cosa, desde el 15-M (por ejemplo) hasta lo más cotidiano e intrascendente. Lo importante es lo que se haga con el tema, la armazón poética que se emplee. Si total, lo que realmente percibe y recuerda el espectador es la actitud.  O sea, hablo de McLuhan y su teoría “la forma ES el contenido, el medio ES el mensaje”.

Bueno, pues bajo ese concepto filmo cualquier cosa que tenga a mi alrededor, y en ese entorno están mis amigos, conocidos, allegados… Muchos de ellos ya se han convertido en entrañables personajes cinematográficos gracias a McLuhan y a mí.

Estos videítos son un auténtico vicio pero requieren muchísimas horas de edición y mezcla, dan mucho trabajo y  dudas. De paso he aprendido una barbaridad de montaje, cosa que me alegra enormemente.

ZV: -¿Cuáles son los cineastas o los artistas o los escritores que te rompen el coco, y cuáles te rompen el alma? ¿Cuáles te hacen pensar y cuáles sentir, presentir, desear?

Marzelconzeta: -Imagínate tú, son tantos que se atropellan. En cuanto al cine, el director que más me rompió el coco juvenil fue Godard, mientras el alma me la rompía Truffaut. En el ámbito cubano “Memorias del Subdesarrollo” (Titón Alea) me rompió el coco y “Lucía” (Humberto y Nelson) el alma. No contaré quién me rompió nada más, já já já.

Luego “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (Almodóvar) me rompió todos los esquemas. Y así de rompedera en rompedera he acumulado una larga lista de obras o de genios: Kubrick, Buñuel, Hitchcock, Polansky, Spieldberg, Guillén Landrián, Rulfo, Warhol, Carpentier, Arenas, Billy Wilder, Capra, Henry Miller, Poe, Capote, Salinger, Hockney, Eastwood, Tim Burton, Chaplin,… no hay cama p’a tanta gente!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

En el panorama cinematográfico de los últimos años me han estremecido ciertas cosas de Haneke y casi todas las de Lars el lengüilarlo; pero mi auténtico dios, el que profundamente me parte, me astilla y me tornea en palillos de diente es Tarantino, Quentin Tarantino.

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En la Feria del Libro de Valencia, Foto Kike de la Rúa

ZV: -Escribiste una novela erótica que me encantó… ¿Cómo lo decidiste? ¿Continuarás por esa vía?

Marzelconzeta: -El Rayo Anestésico fue lo primero que escribí en España, inmerso en una depresión de caballo. Ese texto rosa-porno-gay es fruto de la más absoluta soledad, creo que el amigo invisible que me inventé para no tirarme por el balcón. Yo quería probarme contando una historia que se rigiera por el esquema dramatúrgico universal, y era también la primera vez que escribía literatura, no guión. Disfruté muchísimo recordando y reinventando mis aventuras sexuales y amorosas; es un placer enorme hacer ese tipo de arte… más que erótico directamente porno. Me encanta el porno, todos los días lo consumo y lo filtro; y mientras más apasionado (desprovisto de idioteces) más cachondo me pone.

Oh sí sí, tengo la seguridad de que ese tema será siempre una de mis aristas creativas. He hecho una enorme serie de collages porno-gay llamada “Mis Chicos de Papel” (que está en mi web), así como el video “Androfilia” (en el blog). Sueño con hacer cine porno de calidad con buenas historias y actores capaces de interpretar; tengo un par de argumentos para novelas… Sí sí sí.

ZV: -¿Cuál es tu opinión de lo que está pasando ahora mismo con el arte y los grupos de prensa, así como con internet y el arte?

Marzelconzeta: -Apasionante pregunta cuya respuesta demanda guantes de látex y bisturís láser; me has dado en la tecla. Hay que partir de una premisa: “La democracia capitalista es un horror, pero el horror preferible” (frase mía).

Bueno, pues uno de los grandes males de este sistema es la necesidad de mantener y multiplicar la ignorancia para asegurar más millones de consumidores de seudocultura facilísima de hacer. Es asombroso cómo la masa no tolera productos alimenticios de mala calidad, pero mueren por Shakira o Bisbal y se tragan sagas aburridísimas como “Piratas del Caribe” o esa de los vampiritos más tontos que mis huevos, o “Harry Potter” mismo. Eso sin hablar de la telebasura, cuya dramaturgia es magnífica por cierto.

Recuerdo que cuando llegué a España hace 15 años, en la televisión y demás medios había cabida para todo, desde el arte hasta la basura pasando por mil mediocridades. He visto el avance progresivo de la mierda comiéndoselo todo y sacando de circulación lo demás. El resultado es que los reyes del mambo -y nuevos ricos influyentes de imbecilidades- son directamente la basura (ni siquiera la mediocridad), y el arte ha quedado relegado a circuiticos pequeños, míseros y “alternativos”. Hoy día la música española -por ejemplo- parece no valer nada por lo ahogada que está.

Lo inmensamente triste es que esa brutalización social es programada por los medios, y la calle cada vez más repleta de entes berreantes que si se caen comen yerba.

Lo de internet parecía que iba a “democratizar” la cosa, pero no ha sido precisamente así. Las redes sociales -de innegable utilidad- son usadas básicamente para la bobería y el olvido (definitivamente el ser humano no sirve). Las webs y blogs  son algo selectivo y minoritario; no hay nada como la televisión. Mientras la cultura y el arte no vuelvan a dominar la tele, estamos perdidos.

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Foto de Esperanza Casanoves

ZV: -Sé que tienes varios proyectos al menos pensados, uno de ellos hacer algunas películas sobre personalidades de la historia de Cuba, vivos, ¿podrías abundar sobre el tema?

Marzelconzeta: -Siempre estoy inventando algún proyecto, sobre todo guiones de ficción (tengo dos nuevos), pero el tema Cuba inevitablemente me persigue porque no soy de piedra. Zozó, Ricard: les he propuesto un par de ideas de documentales largos sobre Cuba que no revelaré aquí para evitar el plagio. Eso sí, creo que la figura de Huber Matos merece su gran oportunidad cinematográfica. Huber no fue asesinado de milagro, y es quizás la persona que más conoce a los monstruos.

ZV: -¿Con qué personalidad de la oposición en Cuba te identificas, y qué le dirías? ¿Qué le dirías a los cubanos?

Marzelconzeta: -Aprovecho para compartir lágrimas de indignación por los más recientes aniquilamientos (Payá y Cepero).

A mí me gusta el intelecto de Carlos Alberto Montaner, pero no lo veo de presidente. Mi presidente soñado es Oscar Elías Biscet, con mucha madera de tal. Lo tiene todo: coraje, carisma, belleza, mulatez “cultural”, arrojo… Me parecería una gran imagen mundial de la nueva Cuba (sin que se parezca a Obama, please). A Biscet le diría lo mismo que ya sabe: Redactar una verdadera constitución, restaurar la república, no caer en la tentación de traicionar a sus votantes… Le diría que (aparte de su fe personal) retirara la religión de su discurso político, pues la Cuba moderna debería ser -independientemente de la libertad de culto- un estado realmente laico (no a la fuerza, como en la actualidad).

¿Qué le diría yo a los cubanos, a los que permanecen en la isla tanto como a los dispersos por todo el mundo? Les diría lo mismo que a mí: ¿HASTA CUÁNDO TENDREMOS QUE COMERNOS ESTE CABLE?

Cortometrajes.

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Mi canción del verano: “Mami, cómete un cubano”

Mircoles, 18 Julio 2012

La he puesto en mi iPhone y les digo que para andar en el metro está bestial. Disfrútenla, y ahora que abundan zombies y caníbales en Miami, le va como anillo al dedo a esa ciudad.

La mirada limpia y tranquila de Carlos Eire

Martes, 26 Junio 2012

Iba en el metro pensando en los últimos acontecimientos en Aquella Isla y empecé a recordar la primera novela de Carlos Eire, Nieve en La Habana. Lo había conocido hace varios años en París y me había gustado su manera de observanos a todos, agudamente, como estudiándonos: Esos cubanos de París. Me agradó su mirada limpia y tranquila, como su literatura, plena también de dolores que se entretejen y bifurcan, parafraseando aquella novela de Italo Calvino, El sendero de los nidos de araña.

Todo el trayecto del metro estuve pensando en Carlos Eire, y en tantos como él, que fueron obligados a separarse de su familia siendo niños para afrontar el destino del exilio definitivo, en esos senderos opacados por la política y atrabancados por la historia.

Al llegar a casa, le escribí, y aquí está el resultado:

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Carlos Eire.

ZV:  -¿Cómo recuerdas la Cuba que dejaste? Tu literatura lo demuestra, pero me gustaría que lo sintetizaras para los lectores de El Economista.

CE: -La Cuba que dejé no la puedo separar de la niñez, pues salí de ella a los once años, y la única perspectiva que tengo –hasta hoy en dia – es la de un niño.  Así que lo que recuerdo más profundamente es la familia que perdí y más nunca volví a ver.  Por eso todos los recuerdos que tengo están montados en un cuadro de luto.  Los que dejé allá y los que se fueron a otros países, incluso mi padre, que se murió antes de poder salir, se convirtieron en difuntos instantáneamente. Encima de esto, la Cuba que recuerdo me ha dado una perspectiva funesta sobre el mundo y la vida, pues me dió la impresión de que todo en la vida puede empeorar repentinamente, en un instante.  Todo se arruinó instantáneamente con Fidel y los Fidelistas: se hundió el país en un atraso material y una esclavitud espiritual de la cual no ha podido salir.  Lo que me pregunto todos los días es: ¿va a pasar esto otra vez, aquí donde vivo?  También me ha dado un “radar” muy efectivo para detectar las mentiras de los políticos.  Lo único que recuerdo de Cuba que no esté forrado de luto o de miedo es el sol, el mar, y las nubes.  Cada vez que veo fotos de Cuba, eso es en lo que me fijo, hasta cuando las fotos son de un derrumbe o de las ruinas que se han creado allá.

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Carlos Eire en La Habana, 1953.

ZV: -¿Cómo fue tu llegada a Estados Unidos? Tus estudios y la adaptación personal y la de tu familia…

CE: -Mi hermano Tony y yo llegamos solos en abril de 1962, sin nuestros padres.  Salimos de Cuba con la Operación Pedro Pan (un nombre estupidísimo que no existía entonces).  Al llegar a Miami, mi hermano fué para un campamento y yo para otro.  De ahí yo fui a vivir con una familia de judíos americanos, y mi hermano con otra. Buenísima gente.  Nuestra madre tenía el permiso para salir de Cuba en noviembre 7 de 1962, pero Fidel cerró las puertas en octubre, cuando los rusos le quitaron sus juguetes nucleares, y ella se quedó allá, atrapada.   Entonces, las familias que nos habían recogido – bajo el entendimiento que nos cuidarían por solamente varios meses  – nos devolvieron a las agencias sociales que se ocupaban de huérfanos.

Entonces nos metieron en una casa para delicuentes juveniles, que estaba dirigida por una pareja cubana.  Malísima gente, que lo hacían solamente por el dinero, no por que querían ayudar a huérfanos. Esa casa fué como un infierno.  Pasamos mucha hambre y nos sometieron a muchas palizas y a abuso constante por casi un año.  De ahí, por suerte, nos rescató nuestro tío Amado, que lo había relocalizado el programa de refugiados cubanos a un pueblecito en el estado de Illinois.  Nos pasamos dos años con él, los más felices de toda mi niñez.  En noviembre de 1965, nuestra madre por fín logró salir de Cuba, y nos reunimos con ella en Chicago.

Eso fue un trauma peor que la casa de delincuentes, pues ella no consiguió empleo, y mi hermano y yo tuvimos que trabajar “full time”, 40 horas cada semana, y, a la misma vez, seguir nuestros estudios. Yo trabajaba de noche, desde las 4 pm hasta la 1 o 2 am, y me presentaba en la escuela a las 7 am, todos los días.  Lo más dificil fue el no poder reconciliar esas dificultades con la alegría de estar con nuestra madre.  Fue muy difícil cambiar de puesto con ella, pues, de veras, lo que pasó fué que mi hermano y yo nos convertimos en los “padres” de nuestra propia madre.  Ella nunca se adaptó al exilio, ni siquiera aprendió ingles.  Mi hermano y yo perdimos la cultura cubana en cuanto salimos de Miami, y hasta hoy somos más americanos que cubanos.

No puedo decir nada sobre la adaptación de otros en  mi familia, pues la mitad de ellos se quedaron allá, y ya están muertos,  y la otra mitad, los que salieron,  se regaron por todo el mapa, y perdimos contacto. El castrismo destruyó a mi familia.

ZV: -¿Qué significó y significa el exilio para tí? Percibo que en el caso de otros exiliados no cubanos, el exilio significa un cambio importante y una reinvindicación de los valores de la libertad y de la justicia. Pero por lo que veo el exilio cubano se ha convertido en otra cosa…

CE: -El exilio es como una amputación que te salva la vida.  Vivir en Cuba para mí era como tener una gangrena fatal, que me estaba matando el alma.  El exilio me separó de mi patria y mi familia – algo durísimo – pero me rescató de esa muerte espiritual y de la esclavitud que me esperaba allá.  Todos los días, varias veces durante el día, le doy gracias a Dios y a mis padres de haberme sacado de esa fosa apestosa y abrumante. Todos pagamos un precio altísimo por la libertad, pero de veras vale la pena.  Encima de eso, me ha hecho reconocer el valor de la libertad como lo más importante en la vida, y me ha dado la oportunidad de ser un ciudadano del mundo civilizado.  Nunca me ha dolido perder los bienes materiales, la propriedad, y todos los trastos con que se llenan las casas.  Los perdería un millón de veces, y más todavía, a cambio de la libertad.

Lo que me enfurece mayormente de la situación actual en Cuba es que allá hay que vivir como un esclavo, no solo físicamente, pero también intelectualmente y espiritualmente.  Para vivir allá hay que acostumbrarse a las cadenas y al látigo, metafóricamente, y a veces literalmente. Ahora, despues de cincuenta años de exilio, no tengo deseo de volver a Cuba.  Si hoy mismo se liberara Cuba, iría de visita, pero no permanentemente.  Mi exilio es mi vida, mi cultura ha dejado de ser cubana, y aquí tengo mis raíces ahora, y mis descendientes.  Además, lo que queda allá ya no es Cuba.  El país que se llamaba Cuba murió en 1959.  Desde entoces es Castrolandia.  Lo que venga después de eso, nadie lo sabe.  Pero será otro país, con una cultura muy distinta, pues a todos los que sabemos lo que fue Cuba antes de su deslice y caída no nos queda tanto tiempo en la tierra– solamente como 30 años, lo máximo.  No va a ser como en España, después de Franco, pues Cuba está totalmente arruinada, de cabo a rabo.  Lo único que tiene ahora es la industria turística, y eso es fatal, especialmente porque en Cuba existe un sístema de apartheid.

ZV: -Me cuentas que conociste hace treinta años a Guillermo Cabrera Infante y a Miriam Gómez cuando el autor cubano hizo una estancia de cuatro meses en la Universidad de Virginia, y que su presencia e intercambiar con él reavivó tu cubanía. ¿Podrías ampliarlo?

CE: -Yo escogí una carrera que me arrancó completamente de mis raíces cubanas.  No solamente por lo que decidí estudiar – la historia de la religión cristiana en el medievo, en Europa – pero también porque me llevaron los estudios a lugares donde no había cubanos.  Así que me convertí en un americano rarísimo que se pasaba la vida leyendo textos del siglo 16 en alemán, francés, italiano, y latín, y a veces soñaba en esos idiomas, o, cuado buscaba una palabra, me salía a veces en alemán, o latín, y pocas veces el castellano.  Al terminar el doctorado aquí en Yale en 1979, el único trabajo que pude conseguir fue en Minnesota, en un monasterio que estaba aislado del mundo – una región de ese estado que fue colonizada por alemanes, noruegos, y suecos, exclusivamente.  Por casualidad, durante un viaje a Europa en el verano de 1980, me compré en la Feria del Libro en Madrid un libro que me llamó la atención por el título: “Tres Tristes Tigres.”  A mi padre le encantaba ese trabalenguas. Lo compré más por emoción que por cualquier otra razón – ya llevaban los huesos de  mi padre cuatro años en el cementerio de Colón – ni siquiera sabía quién era el autor.  Leer ese libro fue como destapar una empresa detrás la cual se habían amontonado millones de memorias, especialmente de la lengua castellano-cubana.  Liberó un diluvio de recuerdos, me cambió mi axis mundi… no sé ni cómo decirlo…  resucitó parte de mi alma…. renovó parte de lo que el exilio me había amputado.   Logré vivir de nuevo en Cuba, y como un adulto, indirectamente.  En el siguiente verano, 1981, comenzé a leer todo lo que había publicado Cabrera Infante.

De casualidad – o gracias a la providencia divina, a la cual le encanta hacer trucos – me conseguí un puesto en la Universidad de Virginia el año siguiente.  Y ¿quién viene a pasarse un semestre en esa universidad?  Guillermo Cabrera Infante.  Dió una clase sobre sus proprias obras.  Todos los jueves, por tres horas cada tarde, por diez semanas, en 1982 , Guillermo abría su mente y su alma y nos hablaba de lo que le daba la gana: del arte, del cine, de la política, de sus obras, de Fidel. Y también nos guiaba por sus escritos, como si fuese por una selva espesa, identificando lo que leíamos y explicando como llegó a ser así.  Yo era profesor, no estudiante, así que tuve que pedirle el permiso para participar.  Y me lo dió con un poco de aprensión, pues cada vez que tocaba el tema de la religión, paraba su discurso y decía, “bueno, hay que preguntarle al experto,” y me metía un vistazo mordaz.

Fuí su chofer también.  Despues de la clase, lo llevaba a la casa, donde lo esperaba Miriam Gómez, y de vez en cuando seguíamos un hilo u otro de los que había comenzado a desenrollar en la clase.  El mundo perdido que me había devuelto con su libro por primera vez, se profundizó en esa clase.  Por primera vez en mi vida, desde el salir de Cuba, volví a sentirme cubano, y a comprender mi cultura.  Me cambió la vida.  Cuando le dije esto a Guillermo se asustó tanto que brincó un poco para atrás.  No sé si el pudo comprender lo que él me había devuelto   Entre otras cosas, me acuerdo muy bien de un dia en el cual llegué tarde a la clase, pero como el hablaba en una voz muy alta, pude oirlo en el pasillo, como a media cuadra de distancia, y el acento bien cubano me llenó de un sentimiento casi místico.  “Por fín,” me dije (en castellano, no inglés), alguien que habla divinamente.”

ZV: -Esa foto tuya y de tu mamá bajo una nevada es muy bella. ¿Hablaban mucho de Cuba en la casa una vez exiliados o ella intentó integrarse rápidamente a la nueva vida en Estados Unidos?

CE: -Como mi madre nunca se adaptó al exilio, y nunca comprendió la cultura americana, ella fué el único puente que me conectaba con Cuba, especialmente después que me fuí de Chicago a vivir en sitios donde no había cubanos, como Connecticut, Minnesota, o Virginia.  Ahora me doy cuenta de cuanto le debe haber dolido a ella tener dos hijos completamente americanizados, que se casaron con americanas, y a los cuales no les interesaba la cultura cubana.  La comida cubana sí – eso sí que nunca perdimos mi hermano y yo – pero el resto de la cultura….forget about it… olvídalo.  Mi hermano y yo le rogabamos que aprendiera inglés y que se americanizara un poco, pero ella nunca lo hizo.  Al revés, yo creo: lo más que se lo pedíamos, lo más que lo resistía.  Ella decía que los americanos eran los que tenían que ajustarse y que debían de aprender castellano y volverse cubanos.  

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Carlos Eire y su mamá, Chicago, 1967.

De veras, ahora me doy cuenta también que ella sacrificó toda su vida para reunirse con nosostros – dejó a su esposo, sus padres, sus hermanos y primos – y cuando llegó aquí se encontró con dos seres extraños que se parecían a sus hijos, pero ya no lo eran. Y para mí y para mi hermano, la señora que llegó a Chicago tampoco era nuestra madre: era mas como una hija vieja y sordomuda que teníamos que cuidar, y a la cual le teníamos que traducir todo, pues en aquella época no existían cadenas de televisión o de radio, o cines con películas en castellano, Y ella tampoco podía encargarse de nada en nuestra educación.  Es un milagro que yo llegué a la universidad, y a un Doctorado.  Mi hermano ni siquiera pudo terminar la secundaria de high school.

ZV: -Hace años te conocí en París y pasabas por aquí para impartir unos cursos de Religión, ¿no?. ¿Qué impresiones tienes de lo que está ocurriendo en Cuba con la iglesia y los movimientos opositores? Estoy al tanto de que algo has escrito al respecto…

CE: Si, me encantó esa reunion de cubanos en París, en la casa de Miguel Sales Figueroa, que fue vecino y amigo mío allá en Cuba.  Estaba en París en un Congreso sobre las traducciones de libros religiosos en los siglos XV al XVI.   Mi campo de estudio es la religión en esa época.  Pero tambien estudio la historia total de las iglesias cristianas, desde el primer siglo hasta hoy.  Y como historiador de la religión me parece que la iglesia católica de Cuba ha vendido su alma al gobierno castrista.  La conducta del Cardenal Jaime Ortega y Alamino – el que dirige tal iglesia – es casi la de un ministro del estado. No sé mucho sobre los otros obispos cubanos, pues la prensa no les presta mucha atención. Ciertamente, andan con las bocas cerradas, pues ninguno, hasta hoy, se ha atrevido a criticar al Cardenal Ortega.  El sitio en la red de la arquediócesis de la Habana – el cual leo regularmente– da asco.  Bajo el manto de piedad, la iglesia católica de Cuba insiste en que solamente los que soportan al régimen castrista tienen derecho a decidir el futuro de Cuba.  Y lo que dicen, en fondo, es que la Revolución tiene que continuar, con cambiecitos pequeñísimos.  Y al que se atreva a criticar esa posición lo acusan de ser imbécil o malvado, o violento.

El cardenal habla mucho de reconciliación, una palabra cargada de dinamita.  Para él la “reconciliación” solamente tiene un sentido: aceptar al castrismo.  Y esto la hace con maldad, pues cualquier estudiante de teología en cualquier seminario sabe bien que la reconciliación requiere arrepentimiento y cambio de la conducta.  Si el pecador no se arrepiente, y no pide perdón, no puede existir una reconciliación.  Y eso no ha pasado en Cuba todavía, y el cardenal no quiere que pase.   Además, la posición del cardenal es agresiva: hay que aceptar su definición retorcida, o pa’ fuera….  A él le encanta decir que ha abierto espacios para la iglesia, pero esos “espacios” ¿qué son? Hasta ahora el único espacio que le han dado es para procesiones en las calles, o darle el viernes santo como día libre.   Pero no hay espacio para criticar, o ni siquiera para un diálogo genuino, o para la protección de los disidentes.  La iglesia no critica al gobierno, no soporta a los disidentes.  Hasta llama a los esbirros castristas para que saquen a golpes de un santuario a los disidentes, y después el cardenal dice que eran gente mal educada, locos, y delincuentes.  Y también saca a disidentes de la cárcel para mandarlos a España, insinceramente, para que el gobierno Europeo le diera más crédito a Castro Incorporated.  Quizá no hay mucha gente que se acuerde de cómo funcionaba la iglesia Rusa bajo el comunismo– que esa iglesia también era un ministerio del estado.  

Lo que pasó durante la visita del papa Benedicto XVI fue un crimen: negarse a una reunión con los disidentes y darle media hora a Fidel y sus hijastros. Y ni una palabra sobre todos los disidentes que maltrataron y encarcelaron para que no pudieran asistir a las misas del papa. Soy católico y fiel a la iglesia, pero como historiador yo sé que la iglesia ha metido la pata miles de veces en sus veinte siglos, y que a veces los obispos y papas han traicionado a sus rebaños.  Las iglesias protestantes en Cuba ofrecen más resistencia al gobierno, y algunos pastores protestantes son parte de la disidencia. No sé cuanta culpa tiene el papa directamente, pero me parece que confía demasiado en el secretario de estado, Tarcisio Bertone, el cual está totalmente a favor de la dictadura Castrista.

ZV: -¿Qué música escuchas? Sabes que cuando llegué a este país no conocía ni la mitad de la música cubana que nos habían prohibido, y poco a poco me hice una gran colección de música cubana de grandes figuras del exilio, que habían sido prohibidas y que lo siguen estando. Sin embargo, ahora, cuando voy a los estantes de música, esa música también ha desaparecido, y me vuelvo a encontrar con la basura musical que nos dieron a nosotros, que nos impusieron, con los canticos patrioteros y los himnos al Che Guevara. Me digo que algo ha pasado, que Cuba está exportando su miseria castrista hacia el capitalismo. Pero, bueno, es sólo una disgresión, es probable que oigas otro tipo de música, y no la cubana solamente.

CE: Me encanta la musica cubana antigua.  Pero eso se ha vuelto en un repertorio muerto, que no puede crecer.  De vez en cuando me hace llorar, pero casi siempre me eleva el ánimo.  Y nada me alegra más que los gritos de Perez Prado: uuuuuumff!  Ninguna de la música de Castrolandia me gusta.   Escucho a muchos tipos de música: rock, jazz, blues, clasica, electrónica.   Odio al rap, y la música “country” americana.  Todo lo otro lo escucho con mucho gusto, y prefiero cambiar de un estilo a otro.  Los discos que tengo son una mezcla tremenda.

ZV: -¿Qué autores te han influenciado en tu carrera de escritor?

CE: -Aquí, como en la música, no tengo un solo estilo o influencia, pero en el primer renglón pongo a los siguientes, en orden cronológico:, San Agustín, Meister Eckhart, Erasmus de Rotterdam, el autor anónimo de Lazarillo de Tormes, Juan Calvino, Voltaire, Charles Dickens, Mark Twain,  Ernest Hemingway, Raymond Chandler, Flannery O’Connor, Vladimir Nabokov, Kurt Vonnegut, Guillermo Cabrera Infante, y S.J. Perelman.

ZV: -Eres profesor de Historia y Religión en Yale en estos momentos, y sigues escribiendo. Ganaste el National Book Awards con Waiting for Snow in Havana, editado en el 2003. ¿Cómo combinas la escritura con el magisterio? 

CE: Tengo dos identidades y dos vidas distintas.  Dos modos de escribir también.  Los libros académicos me toman como diez años cada uno, los otros los escribo en tres meses cada uno.  A veces no es fácil ser dos personas, pero me gusta muchísimo la flexibilidad y variedad que esta situación me ofrece.  Me llena la vida de sorpresas – casi todas buenas.  Siempre tengo algún proyecto, nunca me aburro.  Lo único que me pesa es que a mi edad, 61 años, me quedan solamente tres libros académicos, como máximo, si me dedico a cada uno por diez años y sobrevivo hasta cumplir 91.  Me gustaría mucho escribir ficción también, pero eso sí que sería un pecado mortal en mi profesión.  Quizás cuando me jubile… a los 91.  Hasta ahora no he podido ganar sufiente dinero con mis escritos para dejar mi puesto en Yale.  Pero me encanta ser profesor, así que no lo hago solamente por el sueldo.  Lo hago porque es mi vocación, y a esa le dedico nueve meses de cada año completamente.  Cuando estoy dando clases, no puedo escribir mucho: eso me consume totalmente.

ZV: -Háblame algo de tus dos últimos libros, A Very Brief History of Eternity, editado en el 2009, y Learning to Die in Miami, del 2010.

CE: La Brevísima Historia de la Eternidad es una historia intelectual – no social – del concepto de la eternidad en la civilización cristiana del Occidente.  Comenzó el libro con una serie de charlas que dí en la Universidad de Princeton. Lo que trato de hacer en este libro es analizar cómo es que conceptos abstractos tal como la eternidad pueden tener un impacto enorme en la creación y mantenimiento de realidades políticas, sociales, y económicas.  Escribí este libro porque mi profesión de historia esta dominada por un materialismo crypto-marxista que insiste que las ideas no valen para nada, que toda la historia está dominada por causas materialistas (la economia, el conflicto social, etc…) y que la religión y las creencias son respuestas a las causas “verdaderas” como el conflicto social.   El punto que afilo en este libro es que lo que cree una sociedad colectivamente si tiene un efecto profundo en la vida cotidiana. También propongo que deshacernos del horizonte de la eternidad es un grave error, pues el materialismo puro nos deja empobrecidos espiritualmente y abre la puerta al totalitarismo.  El último capítulo se intitula “De la eternidad a planes quinquenales”, una referencia al horror monstruoso de las sociedades comunistas totalitarias.   Este no se ha traducido al español, pero sí al portugués.

Learning to Die in Miami, que se publicó simultáneamente en español aqui en Norte América, bajo el título Miami y Mis Mil Muertes, es una continuación de Nieve en La Habana. Aquí continúo el cuento de mi vida en los Estados Unidos, desde que llegué en 1962 hasta el día que me reuní con mi madre en 1965.  Es la vida del huérfano… muy Dickensiano el cuento.  Pero no es ficción; todo lo que se lee en este libro me pasó de veras.  Y fuimos 14,000 los niños que vinimos solos.   Yo creo que este libro es mejor que Nieve en La Habana, en su mérito literario.

Sobre las traducciones: algo muy curioso y muy pesado ha sucedido con mis dos biografías.   Waiting for Snow/Nieve en La Habana se ha traducido a catorce idiomas, incluso Turco, Serbio, y Finlandés.  Pero hasta ahora ninguna editorial española o latino americana ha aceptado el libro.  Y hemos tratado un montón de veces.  Nada, nada, nada.  La traducción al español que se hizo aqui en los Estados Unidos solamente se vende aquí y en Puerto Rico.  Las editoriales españolas hasta me han insultado, diciçendome que el libro es basura y que a ningún lector español le interesarían las “niñerias” y “excentricidades” de un cubanito. Una editorial hasta me dijo que nadie en España lo podrá comprender, pues está escrito en argot “cubano”, no en castellano.   Igual con los latinoamericanos, menos Brasil.  Nada.   E igual con los franceses también, que, junto a los españoles, son los únicos países europeos que no han publicado el libro.

ZV: -¿Podrías explicarme desde tu punto de vista como historiador algo sobre dos palabras con dos conceptos bastante cercanos al cubano: La eternidad y La Nostalgia? ¿Tú crees, por ejemplo que exiliados como José Martí, Cirilo Villaverde y Gertrudis Gómez de Avellaneda pensaban en la eternidad, como un propósito personal y sentían nostalgia de su país y de su vida en Cuba?

La eternidad es un eje de la vida cubana; la temporalidad es el otro.  Siempre he pensado que la cultura cubana contiene muchas contradiciones, y, encima de eso, un amor a la exageración.  Eso quiere decir que cualquier contradicción se exagera al máximo.  “¡Ay, tuve que esperar una eternidad en la cola!”  “Espera un minuto, chico…” (sabiendo que se va a demorar una eternidad).  La cultura cubana mantiene en tensión lo espiritual –y eterno – contra lo material, e impermanente.  Todo se ve simultáneamente sub specie aeternitatis, bajo el horizonte de la eternidad, y bajo el horizonte del placer o necesidad del momento. Creencia en un mundo espiritual es parte de la cultura cubana que el comunismo no pudo borrar, y ese mundo es la conexión a la eternidad.  La santería no se interesa por la eternidad, solamente con resolver problemas.  Y en Cuba, como la vida es un constante problema el “resolver” se ha vuelto una religión.   Pero, a la misma vez, la Robolución tuvo que crear una categoría de tiempo entre el momento y la eternidad, prometiendo un futuro glorioso, casi apocalíptico, al cual le dieron el perfume de la eternidad, sin Dios, y sin vida espiritual.  Y ese perfume, como lo conocen muy bien los cubanos, tiene una peste sofocante.

La nostalgia es parte esencial del exilio.  Lo que se pierde al emigrar no es lo mismo que lo que se pierde al ser exiliado.  El exiliado existe con un mundo perdido del cual está separado por razones politicas, que incluyen la violencia, o la amenaza de violencia.  Esto convierte a la patria en un monstruo y crea tremendas ambivalencias: la patria es madre, pero también verdugo y carcelero.  En el caso de Cuba, para los que conocimos el país antes de que convirtiera en un laberinto de ruinas, la nostalgia se multiplica imensamente cada vez que vemos como todo se está derrumbando, y la miseria en cual se ha hundido nuestra patria, que es ahora una nación de pordioseros, en cual solamente los extranjeros y los matones que gobiernan pueden disfrutar de la vida.  Eso pone la nostalgia que todos sienten sobre el pasado en otro nível, en el cual el dolor no cesa, nunca.  El presente en el exilio siempre tiene esta sombra encima de la nostalgia, como un parasol gigante.  Por supuesto, todo exiliado, de cualquier país que sea, vive bajo tal parasol.

ZV: -¿Qué referencias tiene de la oposición en Cuba y qué opinas, si es que deseas opinar? ¿Cón quién te identificas más con personas dentro o fuera de Cuba, con cubanos, o con otra personalidad, por ejemplo, americana, europea?

CE: Soporto la oposición en Cuba, totalmente.  No me importan las diferencias de opinión que existen entre los distintos grupos.  Y no le deberían importar a nadie, y menos todavía a ellos mismos.  Lo mas importante ahora mismo es la unidad.  Despues que llegue la libertad a Cuba, podrán discutir todo lo que quieran.  Con un frente unido, se puede resistir a la tiranía.  Hay tantos héroes en Cuba, que nadie sabe todos sus nombres. Gente humilde, y muchos de ellos y ellas son de sangre Africana, pues el racismo que existe en Cuba no lo soportan.  Hay varios líderes que dan un maravilloso ejemplo al mundo: Oscar Elías Biscet, Marta Beatriz Roque, Las Damas de Blanco,  Guillermo Fariñas, Antúnez, Oswaldo Payá, y tantos más.  Me identifico con cualquier persona que labore por la libertad de Cuba, desde la isla o en el extranjero, en cualquier país.

Lo que no soporto y me vuelve loco es toda la gente que quieren que Cuba se quede tal como está, o que convierten a la Robolución en un ídolo…  Mi profesión está dominada por izquierdistas intolerantes e ignorantes que piensan que la dictadura Castrista es algo buenísimo.  Esta situación es más común en Europa.  Es dificil encontrarse con un europeo al que no le guste Fidel.  Toda esta gente que alaba a la Robolución y que les encanta ir a Cuba de turista son unos degenerados racistas – los verdaderos “imperialistas”– que se creen que los cubanos son una gente tan atrasada e inferior que solamente pueden ser felices bajo un líder fuerte y un gobierno totalitario.  Les encanta ir a Cuba, pero nunca vivirían en la isla bajo las mismas condiciones que el pueblo cubano.  “Eso es bueno para los cubanos – maravilloso,” me han dicho un millón de veces estos imbéciles degenerados, “pero no para mí.”   Nos han vuelto a los cubanos en el salvaje noble de Rosseau y no se dan cuenta que la opinión que tienen sobre los cubanos es más racista que la de los imperialistas del siglo XIX.  Este fénomeno merece el nombre de “el síndrome Mussolini.”  Es igual que en los años antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando la prensa europea y americana felicitaba al pueblo italiano por la gran fortuna de haberse encontrado un líder que forzó a los ferrocarriles a mantener sus horarios con puntualidad.  Así mismo piensan estos nouveaux-racistes sobre Cuba y el Castrismo.  Es lo que merecemos.

ZV: -El libro más vendido, según la prensa española, en la última Feria del Libro, de Madrid fue el Manifiesto Comunista, ¿qué crees de eso?

CE: -Aquí tengo que morderme la lengua, pues lo primero que se me ocurre es un chorro de malas palabras.  Pero hay que contestar la pregunta: ¿cómo puede ser que el mundo tenga tanta gente ciega e ignorante?  Debe tener algo el marxismo que le sigue gustando a los que no han vivido bajo su yugo.  Es como algo hipnótico, tal como le debe lucir una ratonera al ratón o el anzuelo a los peces.  ¿Y qué puede ser eso? ¿Quizá la simplicidad dualística del marxismo, que, como todas simplicidades esconde la verdad, pero luce atractiva?  ¿Quizá la desesperación que sienten los que no encuentran empleo, o perdieron lo que tenían cuando reventó la burbuja bancaria en 2008?

El Marxismo tiene una dimensión religiosa: es un sistema filosófico que requiere un salto de fe, tal como muchas religiones, y también promete una utopía terrestre que es tan imposible de alcanzar como el cielo.  Pero esta gente que le prestan atención a Marx lo hacen ciegamente, sin conocimiento de la historia.  Pues si estudiaran lo que ha sucedido en todos los países que adoptaron el marxismo oficialmente se darían cuenta que es una filosofía de pura fantasía, un utopianismo de mierda, que solamente ha causado miseria y millones de muertes, y, encima de eso, nunca a traído prosperidad o libertad a nadie.  Interesarse en Marx es como interesarse en los escritos de un loco, o del líder de un culto religioso fanático.  Y lo peor de todo es que casi toda esta gente se auto-clasifica como “intelectuales” y piensan que los que no están de acuerdo con sus locuras son gente de baja inteligencia, o peor, gente mala.  Y si los que hemos sufrido bajo el Marxismo les damos testimonio de lo malo y loco que es el marxismo, nos ponen imediatamente en la categoría de opresores y monstruos capitalistas.

Hay que repetir esto, pero los que se enamoran de esa filosofía no lo escucharán:  La crisis économica mundial  no se puede arreglar con socialismo o comunismo.  Solamente se empeorará, pues el Marxismo solamente trae ineficiencia, miseria, desigualidad, y corrupción.  La Utopía nunca existirá en la tierra, y todos lo que intentan crear Utopías solamente crean dystopias.

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Carlos Eire en el Muro de Berlín.

ZV: -¿Piensas que todo lo que esta ocurriendo con la crisis económica actual y sus secuelas afectarán todavía más la apreciación que se tiene de la cultura por parte de la humanidad?  

CE: No se sabe a donde nos llevará esta crisis economica.  Esto sí que ni los expertos saben, pues si tuviesen esa información, ya hubiesen arreglado el desastre.  Como historiador, me asombro que tanta gente todavía piense que las dialécticas dominan la realidad humana, y, peor, que piensen en dialécticas marxistas o crypto-marxistas.  El capitalismo es la única manera de progresar y de aumentar la prosperidad, pues es un sístema que se basa en la naturaleza humana, y el deseo que tienen los seres humanos de que se respete su autonomía y dignidad personal. Cuando todo se vuelve comunitario, a nadie le importa un bledo el esfuerzo, o los ideales.  Todos se vuelven inmediatamente tramposos y vagos. Y la envidia se los come a todos.   Eso lo ha comprobado la historia. 

El capitalismo no es perfecto, porque el mundo nunca será perfecto. Tiene sus problemas porque la vida terrestre nunca es algo simple, y la naturaleza misma está llena de desigualdad y crueldad.  Hace falta la caridad al prójimo, sí, y la compasión, y el mantenimiento de servicios sociales, pero la igualdad no se puede forzar, y nunca, nunca existirá, por lo menos antes del Juicio Final.  En los siglos XIII y XIV, unos monjes Franciscanos radicales – los”espirituales” creyeron que estaba el mundo listo para una nueva etapa, la era del Espíritu Santo, cuando Dios cambiaría la naturaleza humana, y desaparecería el egoísmo, y todos los seres humanos vivirían sin propriedad privada, como monjes. Anunciarion el fín del mundo egoísta en el año 1266, y como no pasó nada, cambiaron la fecha contínuamente, tal como hacen los Testigos de Jehová hoy en día.  También duplicaron esta profecía cuando llegaron los primeros misioneros Franciscanos a México en el siglo XVI.  Claro, no pasó el cambio que anticipaban, pero hay que fijarse en este detalle: estos Franciscanos admitieron que para que funcionara el comunismo/socialismo hacía falta una interveción divina, y un cambio profundo en los seres humanos.

En varias religiones, por miles de años, el experimento comunista se ha practicado en el monasticismo.  En el Occidente, la historia del monasticismo es un largo cuento de fracaso tras fracaso y reforma tras reforma.  La corrupción de los ideales es constante, y no hay ni una sola orden monástica que se ha podido escapar de esta ley de la naturaleza.  Pero sí, han existido comunidades monásticas ejemplares, aquí y allá, siglos tras siglos.  Pero no han durado en su pureza, porque la naturaleza humana no lo permite.  El egoísmo y las desigualdades naturales siempren llevan al fracaso.   Y esta son gente que se dedican a ser comunistas por ideales religiosos, que lo hacen voluntariamente.   La pregunta que hace falta hacer es ésta: Si el comunismo ha fracasado con los monjes y monjas – que lo adoptan voluntariamente en un ambiente piadoso- ¿cómo es que pueda suceder en naciones donde se impone con violencia, contra la voluntad de los ciudadanos?   A cada ejemplar del Manifesto de Marx se le debían atar  una historia del monasticismo, y las dos obras maestras de George Orwell, Rebelión en la granja, y 1984.

Termino de releer la entrevista, la subo al periódico. Ahora tengo que salir, a tomar el metro nuevamente, donde continuaré inevitablemente reflexionando en las palabras de esta entrevista, y desde donde me dedicaré, ahora más que nunca, a observar el mundo a través de la perspectiva que ellas me ofrecen. Gracias a Carlos Eire.

Miriam Gómez (2da parte): “Tengo la vida dividida entre Cuba e Inglaterra”.

Jueves, 14 Junio 2012

2da parte de la entrevista que iniciamos hace más de una semana en este espacio. Para leer la primera parte de la entrevista cliquee aquí.

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Miriam Gómez en la Estación de Trenes de La Habana, 1959.

ZV: -La familia de Guillermo, tanto el padre como la madre, eran también de extracción humilde, pero muy politizados, ambos eran comunistas. ¿En tu familia se hablaba de política, eran comunistas?

MG: -La familia de Guillermo era una familia pobre porque su padre era un militante comunista y trabajaba para eso nada más; pero eran intelectuales, leían mucho, tenían libros, heredados de su tio abuelo que era el intelectual del pueblo y periodista tambien . Mi familia era una familia campesina, que sabían de Ana Karenina y Madame Bovary, y de otras novelas por el lector de la escogida de tabaco, ellas no entendian de buena escritura si no de la moral de estas dos mujeres que eran tan malas madres; tal vez por eso yo las detesto a las dos. Pertenecíamos a una familia de un modo de pensar muy diferente. Que la familia de Guillermo fuera tan comunista provocó en él un rechazo enorme a todo eso. Se sentía tan humillado de que su padre fuera tan dependiente de un partido, y eso hizo de él una persona completamente libre, nunca perteneció a ningún partido. Luchó contra Batista pero sin pertenecer a nada, porque a él nunca le gustó pertenecer a nada. Después tuvo esa experiencia con  la revolución y se juró nunca pertenecer a nada, ser completamente independiente de todo. Nunca se metió con nada, era un solitario.

ZV: -¿Cómo fue la vida de ustedes dos en Cuba, una vez juntos? Todo lo que hemos podido leer en la obra de Guillermo que ha salido publicada entera, que hemos podido apreciar en su totalidad, donde aparece absolutamente todo lo que escribió, y que volverá a salir, sin una coma cortada, refleja el primer entusiasmo por el cambio, y al poco tiempo la ruptura…

MG: -La vida de nosotros en Cuba, antes de la revolución, en el año 1958, era muy agradable. En el 1960 cuando ya Guillermo y yo vivíamos juntos empezó la gran lucha, que más que cultural, fue la lucha política entre un  grupo que quería la democracia en Cuba y otro grupo que estaba socavándola por debajo. El año 1961 fue el año en que se libró una lucha total por todo. Por encima se creía que todo iba bien, pero por debajo se sabía que habían desaparecido las figuras más importantes como Camilo Cienfuegos, habían encarcelado a Huber Matos. En el 61 liquidaron, fusilándolo, al americano Morgan, al que nunca se le llamó el “yanqui” Morgan, sino “el americano Morgan”, que era muy simpático. Ya en ese año Fidel Castro tomó el poder absoluto.

Guillermo fue como periodista a Bahía de Cochinos, junto a Walterio Carbonell, iban vestidos de manera normal, de civil, y fueron hasta la primera línea, entonces una vez allí, Walterio Carbonell, que había sido del Partido Comunista y lo habían expulsado, pero los conocía muy bien, y que era un amigo muy querido por nosotros, le dijo a Guillermo: “Mira lo que hay aquí, vámonos ahora mismo porque si saben que nosotros hemos visto esto nos van a matar”. Ahí descubrió Guillermo que quienes llevaban toda la batalla eran rusos. Salieron espantados de allí; a partir de ese momento Walterio cambió completamente, porque se dio cuenta del engaño total. Y Guillermo se dio cuenta del horror y del error tan grande que era estar allí, que aquello no tenía ya solución porque Fidel Castro y los rusos habían pactado, y Fidel Castro lo había hecho para quedarse con el poder. 

Cuando ya vivíamos juntos, desde muy al principio del año 61 Guillermo me abrazó y me dijo al oído: “Este hijo de puta nos ha engañado, todo aquí está lleno de rusos”. Antes de eso, una noche en que fuimos a Matanzas, y que no dejaban pasar a nadie, Guillermo se presentó como lo que era, periodista, y sólo así nos dejaron pasar, vimos que bajaban desde Matanzas una cantidad tremenda de camiones, no sabíamos qué era eso, por toda la carretera, para regresar hacia La Habana, nos cruzamos con docenas de camiones que iban muy lentamente. Y nos dimos cuenta que estábamos ocupados, que no había solución.

Además, antes, cuando murió Ricardo Vigón, Guillermo había hecho dos artículos, que publicó uno en Carteles y otro en el periódico diciendo el horror que era el Instituto del Cine con Alfredo Guevara. Y Alfredo Guevara le prometió a Guillermo que se la iba a cobrar y se la cobró. Aprovechó la salida de la película PM dirigida por Sabá Cabrera y Orlando Jiménez Leal y producida por Guillermo, que la estaban estrenando cuando Playa Girón, y utilizó a Edith García Buchaca, que ya había tomado el poder en el Partido Comunista, y acabó con toda la gente de Lunes, cumpliendo su promesa de acabar con Guillermo. Pero como todo en esta vida se paga, como dice el cha cha chá, después a la próxima que cogió Alfredo Guevara fue a Edith García Buchaca, y acabó con ella y con el marido, pero ahí sucedió peor. Porque cuando las Palabras a los intelectuales de Fidel Castro que fueron provocadas por PM, donde dijo: “Con la revolución todo, contra de la revolución nada”, cuya primera reunión fue en Casa de las Américas, ahí se paró José Hernández, Pepe El Loco, y pidió paredón para Guillermo y para su hermano Sabá. Era una cosa verdaderamente loca aquello, pero ya con lo de Edith García Buchaca, sí que llevaron a Marquitos (Marcos Rodríguez) al paredón… Y ahí ya comprendimos la situación de terror total.

Guillermo se quedó sin trabajo, en la casa, no lo dejaron trabajar más; era terrible, terrible. Pero, nada, Guillermo aprovechó y se hizo un escritor. Guillermo y yo nos dimos cuenta de que cada vez que trataban de hacernos algo malo, pues algo sucedía que se viraba todo a favor de nosotros. Me sucede ahora también, que siempre que tratan de hacerme algo malo se vira la tortilla y me sale de lo mejor, y después le doy gracias a mi ángel porque quiso que eso fuera malo para que yo supiera reaccionar; y lo que queda es eso: Guillermo es un escritor conocido en todas partes. Alfredo Guevara es un tipo sin talento, una serpiente, que no tiene obra, ha hecho mucho mal culturalmente y es él quien ha sembrado la maldad en la cultura cubana, la ha dirigido con maldad, de manera malsana. Aunque ahí hay muchos oportunistas que han hecho cosas terribles, imperdonables, como decir que Martí es el autor intelectual de ese horror, cuando se sabe que Martí era un hombre completamente anti marxista, que afirmaba que “cada obrero cubano debía de tener en una mano la chaveta y en la otra a Herbert Spencer”. O que los cubanos debían ir con Bolívar de un brazo y con Spencer del otro. O sea sus libros, su filosofía. Que es todo lo contrario de lo que es el comunismo. Spencer era un individualista, que pensaba que había que dejar hacer, y que la felicidad iba antes que nada. Ese era Spencer, y José Martí juraba por Spencer. Martí era un humanista, creía en lo que decía Spencer, pero con más humanidad. O sea que han timado y han engañado a todas esas generaciones que vinieron después. Y han querido meter y han metido a un José Martí falso, y le han introducido en su boca cosas fuera de contexto, fórmulas que no tienen nada que ver con su pensamiento.

Para entender a José Martí hay que leer a Herbert Spencer, y leer todo lo que José Martí escribió de Herbert Spencer. Yo tengo toda la obra de Herbert Spencer, y los marxistas lo han tergiversado y aniquilado, porque como todo ese marxismo es un fracaso, y Herbert Spencer lo que quería era la felicidad de la gente, y ellos lo que han creado y sembrado es el horror y la desesperación en la gente, entonces han ido en contra de Spencer. Lo que nos hicieron con José Martí fue una canallada. Y leyendo a Spencer te das cuenta cómo Martí lo seguía, con una idea más caribeña, más amorosa.

Después de todo ese horror que pasamos en el año 61, porque el año 61 fue terrible, pasó de todo, porque ahí tomó el poder el terror. Guillermo luchó muchísimo por todo, pero aquello era la locura total. Guillermo tenía un programa sobre el jazz, en ese canal de Lunes de Revolución, y de pronto declararon al jazz como “imperialista”, y ya eso era una locura imposible. Gente muy oportunista tomó el poder en Cuba. Este fantoche tomo el poder total pero los oportunistas hicieron el coro.

ZV -¿Cómo reaccionaron ustedes con lo del tristemente famoso juicio de Marquitos? Es el primer homosexual fusilado en Cuba

MG –Ya nosotros estábamos fuera, pero nos enteramos de todos los pormenores por esas cosas que nos sucedía a nosotros, porque vino el cineasta Roberto Fandiño a Londres y pidió si podía venir a verlo. Lo encontramos muy nervioso, muy mal. Después vino dos o tres veces más a la casa. Nos quedamos asombrados de lo mal que estaba de los nervios. Le pidió perdón a Guillermo por todo lo que le habían hecho, entonces empezó a contar que él, el padre de Marquitos le había dado una carta para la Buchaca de parte de Marquitos, y él se la había entregado a Alfredo Guevara. Y esa carta Guevara la utilizó para acabar con Edith García Buchaca y con toda esa gente y para tomar él el poder. Fandiño nos contó todos los detalles del juicio y fusilamiento de Marquitos. El pobre Fandiño estaba horrorizado, porque Marquitos era amigo suyo desde que eran niños. Yo oía lo que contaba, pero claro, Guillermo, como periodista, le preguntó: “¿Y qué decía la carta?”. Y nos dijo lo que decía la carta. Terrible, terrible… Sé que Fandiño ha dejado todos esos papeles a buen resguardo, para que salgan algún día, pero es terrible a lo que han llegado. Pero, mira, pagaron. Guillermo es un escritor y toda esa gente quedarán como lo que son. No tienen la menor importancia.

ZV: -La mamá de Guillermo enfermó, él tuvo que viajar Cuba, sobrevino la muerte de su madre, ¿cómo deciden ustedes quedarse, y empezar una vida nueva en el exilio?

MG: -Cuando la madre de Guillermo se enfermó, que Guillermo regresó corriendo a Cuba, él era diplomático en Bélgica. Aquello también lo traumatizó, lo pasó muy mal. En ese viaje se encontró con Barbarroja. Ya él odiaba a Guillermo. Me refiero a Manuel Piñeiro. Ya odiaba a Guillermo porque antes de la revolución en Nueva York, Guillermo lo rectificó, porque ése era un ignorante total, y le corrigió una frase delante de una americanita bailarina. Guillermo lo hizo de broma, pero éste también se la juró a Guillermo, solamente a causa de esa broma. En fin, que cuando Guillermo llegó a Cuba este tipo, Piñeiro, se juró que sobre su cadáver iba a dejar volver a salir a Guillermo. No recuerdo cuánto tiempo tuvo que pasar Guillermo, porque he querido olvidar todo eso, pero pasó muchísimo tiempo detenido en Cuba. 

Entonces, claro, gente del Partido Comunista, que conocían a Guillermo desde niño, que lo llamaban Guillermito; por ejemplo, en una ocasión oí a Carlos Rafael Rodríguez decirle a Guillermo: “Ay, Guillermito, cómo me gustaría que fueras mi hijo”. Él se comportó con Guillermo como un hombre, como un padre, lo salvó. Le dijo a Guillermo: “Quiero salvarte”. Y lo salvó. Consiguió sobre este (ahora extrañamente muerto) Barbarroja sacar a Guillermo. Así que lo sacó, porque lo conocía desde niño y vio lo que pasaba, y era tal vez otro tipo de comunista, no estas bestias que han tomado el poder en Cuba

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Miriam Gómez en la Cécile de Bonjour Tristesse de Françoise Sagan, en La Habana.

ZV: -¿Cómo ocurrió el paso de Bruselas a Madrid? Sé que hiciste trabajos de modelo, que para Guillermo era mucho más difícil todo… Luego tienen que irse a Londres por culpa del franquismo… ¿Podrías abundar y contar lo que creas relevante de aquel período?

MG: -Viajamos sin un centavo, y Guillermo cometió un error enorme, porque salió con las dos hijas. La pasamos verdaderamente mal. Guillermo trató de que viniera otro familiar de esas niñas para que se hiciera cargo de ellas, porque yo era la única que conseguía trabajo, pero qué va, no vino nadie, todos eran muy revolucionarios. Tan revolucionarios eran que hasta acusaron a Guillermo de ser agente de la CIA. Guillermo les había dicho que vinieran, pero a ellos no se les podía decir claramente que vinieran porque aunque aquello era un horror no lo reconocían así. Y acusaron a Guillermo de ser agente de la CIA. Ahora han querido cambiar la historia, será por la cuenta que han sacado.

Yo no podía dejar solo a Guillermo con las niñas, tuve que sacrificar mi trabajo, además Guillermo estaba muy enfermo, muy enfermo. No pude aceptar ninguno de los trabajos que me ofrecieron en España. Cuando Guillermo se puso a pedir trabajo en España le dijeron que no, el régimen de Franco le recordó que él había estado metido en muchas cosas en contra de Franco, que había escrito en contra de Franco, lo que era verdad, porque Guillermo era un antifranquista enorme.

Después de todo, eso también nos salió bien porque un amigo que habíamos conocido en Cuba le ofreció a Guillermo que le escribiera un guión, sin firmarlo, un trabajo de “negro” para una película en Londres. Guillermo viajó primero y luego yo con las niñas. Me detuvieron en la frontera con las niñas. Pero Guillermo resolvió todo con el productor de la compañía de cine, que consiguió que nos dejaran entrar. Fue duro, pasamos mucho trabajo, porque si hubiéramos sido Guillermo y yo solos habríamos podido trasladarnos de manera diferente, pero éramos una familia. Y vivimos una pesadilla terrible. En fin, que esa pesadilla pasó, Guillermo pudo trabajar, y le encargaron más guiones. Trabajó muchísimo, demasiado, tanto trabajó y escribió tantos guiones que ahora se publicará todo, porque se va a publicar todo, todo, absolutamente todo lo de Guillermo. Tiene alrededor de nueve guiones. Le pagaron, y con eso vivíamos. Vivíamos mal porque éramos una familia, y además, cuando tienes niños no puedes moverte fácilmente. Fue así, y no hay forma de borrar lo que pasó.

ZV: -¿Por qué dejaste tu carrera como actriz? Eres una mujer cultivada, que ama la poesía, y Guillermo decía que tenerte era una enorme suerte. Tú eras su sostén sentimental, moral…

MG: -Dejé mi carrera de actriz por todo lo que te acabo de contar, por eso. Tuve varias ofertas en España, pero Guillermo estaba muy mal, muy mal. Había salido muy mal en esa segunda vez, porque en Cuba él se acabó de dar cuenta del horror que era aquello. El primero que le explicó todo lo que estaba pasando fue Titón. Tomás Gutiérrez Alea lo apartó a un lado y le contó cada detalle, y Guillermo se espantó, porque no tenía idea de lo que estaba pasando, además de lo otro que ya habíamos vivido, pero ahora estábamos en Bélgica. Era el momento en que estaban haciendo juicios en las universidades y todo el país se estaba cayendo, porque había un verdadero terror, todo era pánico, y el país devino totalitario completamente. Guillermo se espantó al ver en lo que se había convertido La Habana. La gente haciendo colas para todo, en los cines, y sobre todo para comer. Carlos Rafael Rodríguez sabía que debía dejar salir a Guillermo, además Guillermo se lo hizo saber, le dijo que si no lo dejaban salir que él se iría por el mar, pero que ahí no se quedaba.

En fin, veremos qué pasará en Cuba al final, porque ahí veremos cortar cabezas, patas, de todo, será horrible. Es una suerte vivir fuera de ahí. Porque con Batista fueron siete años, pero con éstos ya van más de cincuenta años, y se han cargado el país. Además, todos esos muertos de la época de Batista que no han sido tantos como con estos dos, en su gran mayoría fueron víctimas de ellos, de los terroristas. La gente más violenta fueron esos batistianos que se hicieron castristas inmediatamente, los cambia casacas. Mejor ni tocar ese tema.

El verdadero anticomunista era Huber Matos.

Todo horrible, no tienes idea, la gente se volvió loca, cualquiera se ponía una pistola al cinturón, hay que haberlo vivido para saber lo que fue aquello. Al mismo nieto de Juan Gualberto Gómez, que era batistiano, y lo iban a fusilar, Guillermo tuvo que salir corriendo a salvarlo… Todo eso fue espantoso; pues todo, ya verás, eso se quedará chiquito a lo que vendrá ahora.

Cuando vi a Fidel Castro en persona la primera vez, a la altura de las calles 23 y 26, me tuve que sentar en la acera, del escalofrío que me entró.

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En un anuncio publicitario en La Habana.

ZV: -¿Cómo pudieron, con todo lo que se empeñaron en destruirlos, seguir adelante? Porque es sabido que los castristas intentaron cerrarle las puertas a Guillermo en todas partes, quisieron destruirlo. Y como no pudieron, al parecer, ahora intentan recuperarlo.¿Cómo definirías tu lucha para salvar su obra, cuál es el verdadero sentido tú le confieres a ese empeño?

MG: -Trataron de destruir a Guillermo por todos los medios. No lo dejaban ni moverse. Los peores eran los extranjeros castristas. En Cuba inventaban cada vez más cosas en su contra. Pero nada, Guillermo escribía, escribía y escribía, y ahí está toda su obra que saldrá toda, entera. La escrita en Cuba, antes, durante la revolución, y la del exilio. Es una obra enorme. No hay otro escritor que haya escrito más que él.

Tú te refieres a una lucha, Zoé, yo he tenido más que una lucha, he tenido dentro de mi propia vida al enemigo. He tenido que luchar mucho para sacar la obra de Guillermo adelante. A veces creo que es una pesadilla. O que estoy en una película de horror. Me han pasado tantas cosas, porque me han traicionado, me han mentido, porque me han querido borrar, y eliminar. Pero no importa, yo sigo y pienso que todo lo que me ha sucedido me ha dado más fuerza. Y en esta vez también mi ángel me ha ayudado. Lo que me parecía que me iba a destruir, que me iba a morir, que estaba sufriendo y que sufrí enormemente, tenía que ocurrir. Y le doy gracias a mi ángel por todo lo que me ha pasado, porque fue mi ángel el que me limpió el camino. Es una cruz que tengo en mi vida, siempre tratan de dañarme y al final siempre el daño se convierte en un bien, en mi bien. Todo lo que sufrí fue para mí un bien, porque comprobé que todo eso me dio una fuerza que yo no sabía que tenía. Tú sabes todo los horrores que me han pasado, yo no podía imaginármelos; pero ahora todo está bien.

ZV: -¿En caso de que hubiera un cambio radical en la isla, volverías?

MG: -Zoé, yo no sé si yo volvería a Cuba, yo he vivido más tiempo fuera de Cuba que en Cuba. Me siento tan orgullosa cuando digo que soy cubana, ayer mismo el muchacho de la farmacia me preguntó de dónde yo era, y le respondí que de La Habana, Cuba. Y exclamó: “¡Ay, primera persona de Cuba que conozco!”. Me siento muy orgullosa de ser cubana, no concibo mi vida sin ser cubana. Soy cubana primero que nada. Pero doy gracias todos los días por vivir aquí.

Cuando pasó lo de la Biblioteca, el pobre Virgilio Piñera se paró… No se me olvida Virgilio, él se paró así como un gorrión, yo adoro a los gorriones y adoraba a Virgilio. Él se paró y dijo que tenía mucho miedo. Nunca lo olvidaré. Sin embargo, hubo otra persona que se paró, y que la gente ha borrado, y que tiene más importancia para mí. Porque la cosa estaba hirviendo y aquel hombre, aquel monstruo llamado Fidel Castro estaba en aquella mesa, diciendo todo lo que dijo. Y de pronto se para Bola de Nieve, tan elegante y bien educado, creyendo que su gracia iba a funcionar ahí, en ese ambiente tan caldeado, y dijo: “Ay, yo acabo de venir de Inglaterra, y allí no hay un solo letrero que diga: ‘No pisar el césped’. La vida tiene que ser no tener que advertir que no hay que pisar el césped.” Entonces uno que estaba al lado mío dijo: “Ese es otro maricón, también hay que fusilarlo”. Imagínate, imagínate el gesto. Y entonces, eso que dijo Bola de Nieve se me quedó grabado, y lo vi como mi futuro, se me apareció como una premonición de mi futuro.

Ahí estaban juzgando a Guillermo, por venganza, lo estaban juzgando a él y a su grupo. Y eso que dijo Bola de Nieve lo vi como mi destino. Y mi destino ha sido Londres. Y yo a Londres, a Inglaterra, la amo tanto, es un país que me ha dado tanto. Porque cuando uno viene a un país así, como vinimos Guillermo y yo, si no te gusta, pues te vas. Aquí no nos necesitan a nosotros. Yo se lo digo a todos los cubanos. Nos hemos quedado y hemos llegado a todas partes donde nos han aceptado, si no nos gusta, nos vamos. Si no nos podemos ir, pues mejor callarse. Pero he tenido la gran suerte de venir a este país. Para entender a los ingleses hay que conocerlos, ser inglés es una forma maravillosa de autismo. Deberían ser una especie protegida, porque son únicos. Ellos son isleños, viven en una isla que sin Escocia y Gales sería del tamaño de Cuba. Este país tiene una literatura como ninguna, como nadie. Y tiene una historia como nadie. Esta isla me la sé entera, me sé desde Geoffrey Chaucer hasta Peter Ackroyd, desde Boadicée a Margaret Thatcher. Me sé todo, la disfruto toda. Me metí en el siglo XVIII y me sé todo el siglo XVIII. Amo esta isla. Tengo la vida dividida entre Cuba e Inglaterra. ¡Y mira que amo a Cuba! Amo a Cuba más que a mi vida, y soy cubana, pero yo agradezco tanto a este país, lo admiro tanto. Es un país contra el que no han podido. Es un gran país, y me gustaría que no cambiaran nunca, porque son muy individuales, e individualistas. Cada inglés es una isla, pero cuando se necesitan juntos, se unen y son una fuerza tremenda. Se unieron y acabaron con Napoleón, y unidos acabaron con Hitler. Mira cómo se unieron recientemente para celebrar a la reina.

ZV: -¿Con qué persona de la disidencia y la oposición internas te ves más identificada y qué le dirías?

MG: -Admiro muchísimo por orden alfabética a Antúnez, al Dr. Biscet. Antúnez me encanta. Me encanta su manera de hablar, su cabeza, su valentía. A Martha Beatriz Roque la admiro mucho, es una mujer que sabe de lo que habla, porque solamente la gente que perteneció y vivió el horror como ella lo vivió, lo ha visto, y ha estado dentro del sistema, y sabe. A esa mujer la admiro mucho, ha tenido el coraje de decir no siendo ahora del sistema. Ahora, lo único que no me gusta son las huelgas de hambre. Yo sigo el ejemplo de Popeye, para luchar contra ese monstruo hay que comer espinaca, como hace Popeye, y no ponerse en huelga de hambre. Eso no me gusta, no es inteligente, porque para luchar hay que estar bien fuerte, y no auto-destruirse con ninguna huelga. Ahora, eso lo digo yo desde aquí, que tengo el “césped inglés”, como decía Bola de Nieve. Yo puedo pisar el césped.

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Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante en Londres.

De cuando se cantaba y se interpretaba

Martes, 29 Mayo 2012

Viendo Eurovisión percibo que ya no soy de este mundo. Nada de lo que en este mundo sucede me interesa. No soy la única, y para mayor asombro, me entero a través de mi hija y de sus amigas que a ellas les sucede lo mismo. Nada de lo que ven les llama la atención, no consiguen fijar la atención en nada. Viven su juventud en una especie de limbo desilusionado.

En cuanto a la música, los cantantes, las canciones. La música es cada vez más ruidosa e insoportable, los cantantes son cada vez más payasos, y las canciones, salvo raras excepciones, rarísimas, logran apenas emocionarme, y eso cuando consigo entenderlas. Porque, otra cosa, todo se resumen a un amasijo de exclamaciones batidas con dos o tres palabras ininteligibles que se repiten hasta el aburrimiento.

Penoso. Aquí les dejo un video de Léo Ferré, de cuando todavía se cantaba y se interpretaba:

Los poemas de La Habana

Jueves, 17 Mayo 2012

Jorge Camacho ilustrando mis poemas, Ricardo Vega filmándolo, en el año 1997. Los encuentros para concebir una Habana más allá de lo real, en su irrealidad más absoluta, en su rêverie más deslumbrante. Inolvidable. El libro, una maravilla de objeto: Papel, tinta, con una bellísima litografía integrada firmada por el autor, editado por Antoine Soriano, el librero español de la rue de Seine, que ya no está. En su lugar, una tienda de ropa fabricada en China.

Tomo el metro, me dirijo a casa de los Camacho, recordarán que son los amigos de Reinaldo Arenas que sacaron sus libros de Cuba, y lo publicaron en Francia y en todas partes del mundo. Nuestros grandes amigos, unidos por los libros, la literatura, el arte, al pintura, Reinaldo Arenas, la poesía, el Rocío, Sevilla, París, Los Pajares, La Habana, Tania, Carmela, Juan Carlos, Aline, Enrique, Juan Abreu, y tantos otros amigos, los pájaros, Doñana… Allí me espera Margarita, me dibuja su soledad, sin Jorge, pero todo a su alrededor es Jorge, ella misma es Jorge. El amor es eterno. Claro que sí. El amor es inmortal.

Tania Quintero, periodista nada más

Lunes, 16 Abril 2012

Me bastaría con tomar el tren e ir a verla, pero mi trabajo no me lo permite por ahora y sé que ella es una mujer sumamente ocupada también. Nos carteamos día a día, por email. Esta mujer es de una entereza que ya quisieran muchos. La invité a esta entrevista y contestó que sería la última que daría. Es una de las personas más discretas que he conocido, sin embargo, cualquiera con su trayectoria estaría buscando las luces constantemente. No es su caso. Su hijo Iván García es periodista al igual que ella. Él vive en Cuba, La Habana. Ella en Lucerna, Suiza. Agradezco las respuestas a la periodista cubana exiliada Tania Quintero.

¿Cómo fue tu infancia? Algunas fotos muestran a una niña bien cuidada y feliz. ¿De qué origen era tu familia?

-La felicidad no la da el dinero, ni vivir en una buena casa y tener un cajón lleno de juguetes. No tuve nada de eso en mi infancia y fui feliz. Hubiera deseado tener un hermano, no lo tuve, pero haber sido hija única no me hizo una niña triste ni infeliz. Desde muy pequeña mis padres me prepararon para enfrentar la vida, sin tener que depender de nadie. A los 10 años me dejaban ir sola al Roosevelt, el cine del barrio y también al Ten Cent, a comprar aquellos útiles escolares que no vendían en La Casa Bulman, al doblar de la casa. A los 12, dos veces al año, mi padre me daba 10 pesos, para que en verano me comprara un vestido y un par de zapatos blancos, y en invierno, otro vestido y otro par de zapatos, esta vez negros, de charol. En mi época, los meses más fríos eran enero y febrero. Febrero era el mes del Carnaval en La Habana, celebrado a lo largo del Paseo del Prado, desde el Malecón hasta la calle Monte. Nuestro barrio, El Pilar, era colindante con el de Atarés, cuna de una de las más famosas comparsas habaneras, Los Marqueses de Atarés, que siempre recorrían las calles de las dos barriadas y la gente arrollaba detrás.

1944, la típica foto de estudio que le hacían a los niños en Cuba.

-Mi padre, nacido en Palmira, Cienfuegos, de joven había sido panadero, pero luego se hizo barbero ambulante, oficio que alternó con el de escolta, por su biotipo: un mulato que medía 6 pies y pesaba 200 libras. Mi madre, de constitución delgada, nació en el seno de una familia campesina, en Sancti Spiritus y siempre fue ama de casa. En sus documentos se decía que era de la raza blanca, pero en realidad era ‘capirra’, como en Cuba le dicen a las mestizas de piel clara y pelo ‘bueno’. Mis padres sabían sacar cuentas, leer y escribir, les gustaba leer la prensa, escuchar noticieros y eran aficionados a la pelota (béisbol). A pesar de que ninguno de los dos terminó la enseñanza primaria y a diferencia de otros padres, que atosigaban a sus hijos para que fueran médicos, abogados, ingenieros, ellos no me presionaron para que hiciera una carrera universitaria. Me dieron libertad para que yo estudiara lo que quisiera. Cuando terminé la Superior (secundaria) matriculé en la Escuela Profesional de Comercio de La Habana, pero no llegué a graduarme de Contabilidad. Fui una alumna aplicada, con buenas notas. En la Primaria, los 28 de Enero íbamos a pie hasta el Parque Central, cada alumna con una rosa blanca, que depositábamos ante la estatua del Apóstol José Martí. Nos encantaban las excursiones escolares, al Valle Viñales, las Cuevas de Bellamar, el Parque Zoológico… Durante la Semana del Niño recorríamos las fábricas de los alrededores, las preferidas eran La Estrella, donde nos regalaban galletas y confituras o la de chocolate La Española, en Infanta y Estévez, ya desaparecida. Participaba en los actos cívicos de los viernes, en concursos de historia y en visitas para llevarle tabacos a los veteranos, como eran conocidos los antiguos mambises.

Tania y su mama

La foto debe ser 1945 o 46, yo tendría 3 o 4 años. Soy la del globo, a la izquierda, en el medio, mi mamá, Carmen Antúnez. La otra niña es una vecinita Tamila del Pino, nacida en Camagüey, en 1989 estuve en esa provincia y la visité, poco después supe que había fallecido de cáncer. Estamos en el balcón interior del edificio donde vivíamos, en el segundo y último piso, en Romay 67 entre Monte y Zequeira, Cerro.

-He olvidado decir que nací en La Habana, el 10 de noviembre de 1942. Por esos días, la ciudad de Leningrado, nombre que los bolcheviques pusieron a San Petersburgo, era asediada por tropas hitlerianas. Aunque Cuba quedaba a miles de kilómetros de Europa, los cubanos vivían pendientes de las noticias procedentes del viejo continente, y al igual que hicieron cuando la República española, la gente recogía leche condensada, chocolate, azúcar, sal y otros alimentos no perecederos y hacían llegar esas donaciones. Entonces en la isla se producían muchos tomates y hortalizas, y éstos se mandaban frescos a Estados Unidos y allí los procesaban y enviaban a los combatientes del Segundo Frente. Haber nacido en 1942 me aficionó a la literatura y la cinematografía sobre la Segunda Guerra Mundial, a filmes como Liberación, Los amaneceres son aquí apacibles, La lista de Schindler, La vida es bella y El pianista, entre otros. Muy impactante para mí fue la visita que en 1979 hice al ex campo de concentración de Buchenwald, en Weimar, pensando en todos los hombres, mujeres y niños que allí murieron y porque ese mismo día visité las casas de Goethe y Schiller. Cuesta creer que en la ciudad donde vivieron y murieron dos grandes de la literatura alemana y universal, los nazis hubieran instalado un sitio de hambre, terror y muerte.

La foto debe ser de 1948, yo tenía 6 años. Estoy en el patio de la escuela, al terminar una actuación escolar, a la cual todas las niñas fuimos vestidas de blanco.

-Fui una niña pobre, pero feliz. Jamás me acomplejó el bajo nivel escolar y cultural de mis padres, ni haber vivido en un barrio de gente humilde, con personajes como Piri Carbón, Cebolla, Paco Cabeza o el asturiano Fermín el Carbonero, que me guardaba las revistas Life, Good Housekeeping y National Geographic Magazine, llevadas por los vecinos para envolver el carbón. Esas revistas me servían para repasar el inglés, aprendido en un colegio gratuito que funcionaba en el mismo local de mi escuela primaria, de 6 de la tarde a 9 de la noche, y también para recortar fotos y anuncios para ilustrar los cuadernos de Economía Doméstica, asignatura que los barbudos eliminaron de los programas escolares. Era impartida por maestras graduadas de las Escuelas del Hogar, abolidas después que llegara el comandante y empezara a destruir.

-En la casa no teníamos nevera y todos los días se compraba una piedra de hielo, de 10 centavos en verano y de 5 centavos en invierno. Refrigerador tuvimos en 1959, un Frigidaire comprado de uso por 100 pesos. Y televisor en diciembre de 1977, un Krim soviético, en blanco y negro, de los que repartían a los trabajadores y que tras el pugilato correspondiente, me lo dieron, por no tener ausencias ni llegadas tardes. Ventilador y batidora no tendríamos hasta el 2000, nunca tuvimos cámaras fotográficas, grabadoras ni equipos de video. El electrodoméstico de mi infancia, adolescencia y juventud fue un radio, un RCA Victor que fue de mi abuela Pancha, quien creía en Dios y los santos y rezaba todas las noches antes de dormir. Nosotros no, mi familia, por parte de madre y de padre, era atea. Mis primos y yo éramos ‘judíos’, como antes le decían a los niños no bautizados. Una parte de mi familia materna era comunista, mi padre fue guardaespaldas de Blas Roca, secretario general del Partido Socialista Popular, de ideología marxista-leninista, y dos tías, hermanas de mi madre, en la década de 1930 fueron activas luchadoras por los derechos de las mujeres, obreros y campesinos en Sancti Spiritus, su provincia natal. No he sido militante de ningún partido, ni antes de 1959 ni después. Para mí, los partidos políticos son una especie de cofradía.

La foto es de 1949, tenía 7 años, me vistieron de mexicana para una fiesta escolar de disfraces, por los carnavales.

-Nunca me gustaron los ‘muñequitos’ o dibujos animados, ni en la televisión ni en el cine. Tampoco los comics o historietas, con excepción de La Pequeña Lulú. Entre mis películas favoritas se encontraban Picnic, Sayonara, Té y simpatía, Tres monedas en la fuente, Cantando bajo la lluvia y El puente sobre el río Kwai, estrenada en 1957, año que cumplí los 15, edad celebrada en Cuba según el bolsillo familiar. Como mis padres no podían hacerme una fiesta, me regalaron un juego de suéter rosado de orlon. Lo estrené con una saya acampanada de fieltro gris, confeccionada por Delia, la madre de Gladys, mi mejor amiguita. En la parte inferior, con retazos de fieltro de distintos colores, realizó un paisaje de los Alpes suizos con una vaquita, un diseño que resultaría una señal, una premonición: en 1957 no podía imaginar que 46 años después viviría en Suiza. Heidi no estuvo entre mis libros infantiles de cabecera, pero sí La Edad de Oro, de José Martí: Mujercitas, de Louise M. Alcott, y Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain.

En el Parque Zoológico, es de 1952, cuando aún no había cumplido los 10 años. Estoy sentada en el banco, la segunda de izquierda a derecha. Hasta los 12 años tuve trenzas y mi mamá siempre me ponía lazos.

¿Cómo empezaste en el periodismo?
-En el periodismo me inicié casualmente, en 1974. Mi primer texto fue una crónica sobre el campeonato de boxeo efectuado ese año en Cuba. Como no teníamos televisor, mi hijo Iván y yo veíamos las peleas en el televisor del cuarto que en el primer piso de nuestro edificio vivían Jorge Luis Piloto, hoy reconocido compositor cubanoamericano, su madre Beba y su hermano Juan Carlos. Esa crónica se la mostré a un periodista deportivo de Verde Olivo, creo se apellidaba Janer, a él le gustó y sugirió su publicación. Se titulaba En las esquinas roja y azul y aunque no me pagaron, marcó mi inicio en el periodismo. El deporte nacional en Cuba es la pelota. En mi infancia había cuatro clubes profesionales: Habana, Almendares, Marianao y Cienfuegos. Vivíamos relativamente cerca del Stadium del Cerro y a menudo yo iba con mis padres. Cuando en 1965 nació mi hijo Iván, antes de cumplir los 3 años mi madre lo llevaba al estadio, al que ya le habían puesto Latinoamericano. Si ese día no iban a la pelota, la escuchaban por la radio. Por cierto, Iván se inició en el periodismo independiente, en 1995, inaugurando una sección a la cual tituló Minideportivas de Cuba Press. -Con regularidad comencé a escribir en 1975, en la revista Bohemia. En ese momento laboraba como secretaria en el Movimiento Cubano por la Paz y en la página internacional me publicaron sobre la temática de la paz. Después me convertí en colaboradora de Bohemia y uno de los trabajos más interesantes fue el de corresponsal viajera en Matanzas, cuando en 1976 impantaron el Poder Popular en esa provincia.

-Soy autodidacta. El periodismo es un oficio y los oficios se aprenden en la práctica: mientras más escribes y de más temas, mejor. En Bohemia pasé por casi todas las redacciones: En Cuba, Economía, Cultura, Historia… En casi todos los géneros: informaciones, crónicas, entrevistas, reportajes… Tal vez donde más me destaqué fue en el periodismo de investigación, algo que ahora se ha perdido. En la Sección Económica de Bohemia investigué y con especialistas, funcionarios y trabajadores, debatíamos y tratábamos de dar soluciones a temas tan variados como el desaprovechamiento de la piel de tiburón y otras pieles (tilapia y rana toro); la industria textil y del calzado, donde tuve el apoyo del ministro de la Industria Ligera; el diseño de vestuario y de muebles, con respaldo de la Oficina de Diseño Industrial (en esa oficina laboré dos años, en el departamento de divulgación); el tiempo libre de los jóvenes y los círculos sociales obreros, entre otros. También hice varias series, una sobre los Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes y otra titulada El país de los cochecitos, sobre mi viaje a la República Democrática Alemana, en junio de 1979. De ese viaje de tres semanas, solamente en Bohemia publiqué 50 páginas.

Soy la tercera, de izquierda a derecha en la primera fila, con un chalequito. Fue el 24 de febrero de 1952, aún no había cumplido los 10 años, aparecen varias de las alumnas de la foto anterior, en el Zoológico, la maestra es la misma, la Dra. Carmen Córdoba.

-En 1982 me trasladé al Instituto Cubano de Radio y Televisión y tuve oportunidad de conocer y dominar un medio totalmente distinto. En la televisión conocí a profesionales de gran experiencia, directores, productores, camarógrafos, editores, musicalizadores, de todos aprendí y a todos los recuerdo con admiración. Algunos ya han muerto, como la presentadora chilena Mirella Latorre, en cuyo programa Conversando estuve un tiempo como guionista. Guiones escribí también para espacios musicales, entre ellos uno realizado en Trinidad, donde tuve el honor de trabajar con Manolo Rifat, uno de los mejores directores que ha tenido la TV cubana. Se te conoce por ser una persona que dice las cosas como las piensa, sin tapujos, y de una transparencia más clara que el agua.

-Además de haber sido criada para que me convirtiera en una mujer independiente, sin miedo a decir lo que pensaba y sola fuera capaz de enfrentar la vida, tuve la suerte de nacer y crecer en una etapa donde había democracia y libertad de prensa, inclusive después que Fulgencio Batista diera el golpe de estado, el 10 de marzo de 1952, en pleno auge de la Guerra Fría y el mccarthysmo en Estados Unidos. Pienso que ese anticomunismo influyó para que Batista, quien en su primer mandato como presidente (1940-44) había pedido la colaboración de los comunistas, a partir del 52 los reprimiera.

-Siempre he dicho lo que he pensado. Mi primer empleo fue en agosto de 1959, cuando aún no había cumplido los 17 años. Me pagaban 47 pesos al mes, por trabajar de lunes a domingo, sin horario, como mecanógrafa y bibiliotecaria en el Comité Nacional del Partido Socialista Popular, en Carlos III y Marqués González. Allí se concentraba la flor y nata del comunismo criollo, hombres que me habían visto nacer, pero no por eso fueron complacientes conmigo. Se los agradezco, porque aprendí a trabajar con responsabilidad, mecanografiar sin borrones y a redactar cartas o lo que me pidieran. Me ayudó que nunca tuve faltas de ortografía y en las clases de gramática y composición sacaba el máximo. Y de la misma manera que ellos no tenían en cuenta que era la hija del ‘gordo Quintero’ y fueron muy exigentes conmigo, yo a ellos les decía lo que pensaba y lo aceptaban, porque los comunistas que yo conocíeran demócratas.

Es del año 1958, tenía 16 años, soy la flaquita de espejuelos a la izquierda, con una falda ancha floreada. La otra muchacha es Estercita, prima de Marco (el administrador de mi blog) quien en esa foto tenía dos años, es el jabaíto con la camisita de cuadros, el varón más alto es su hermano Rafaelito, que se hizo abogado y el otro, a la derecha, es Armandito, biólogo marino El varón a la izquierda es Alfredito, hermano de Estercita.

-Era muy joven, pero de absoluta confianza, por eso me pidieron que pasara en limpio las actas de sus reuniones donde hablaban muchas cosas importantes y que mecanografiara los mensajes enviados a ‘Alejandro’, seudónimo de Fidel Castro. Acerca de los 19 meses que trabajé con los comunistas, en mi blog publiqué un testimonio en cinco partes titulado Harry Potter y la revolución escatimada. Con tales antecedentes, no podía temerle a ningún dirigente de verde olivo, empezando por Fidel Castro, quien el 12 de mayo de 1986 me recibió en el Palacio de la Revolución.

¿Cuándo empezaste a desencantarte del proceso castrista para algunos todavía revolucionario? ¿Fue fácil para tí?

-Como nunca milité en el PSP ni en el PCC, como jamás he tenido miedo de decir lo que pienso y como mi padre siempre me aconsejó no contraer deudas de gratitud con nadie, no fue demasiado traumatizante dejar de simpatizar con Fidel Castro y su revolución. Quienes me conocen bien saben que siempre fui ‘conflictiva’, y le cantaba las cuarenta a quien tuviera que cantárselas, casi todos jefes y funcionarios. Y después que les decía todo lo que consideraba debía decirles, recogía mis matules y me trasladaba a otro puesto de trabajo. Al ser una mecanógrafa que tecleaba con gran rapidez, en español e inglés (aprendí mecanografía y taquigrafía en los dos idiomas en la Havana Business Academy) y además sabía redactar, lo mismo una carta que un artículo, hoy dejaba de trabajar en un lugar y al día siguiente ya estaba en otro. En 37 años, desde agosto de 1959 a marzo de 1996, trabajé en una docena de centros distintos, como mecanógrafa, bibliotecaria, secretaria, divulgadora, maestra de adultos y periodista. Cuéntanos cómo entraste en el periodismo independiente y en la disidencia.

-No me considero disidente, porque los disidentes cumplen funciones políticas, de agitación y propaganda o son activistas de derechos humanos, se agrupan en partidos y organizaciones y eso nunca lo hice. Soy periodista, nada más. En la agencia de periodismo independiente Cuba Press comencé desde su fundación, el 23 de septiembre de 1995. Escribía lo que pasaba a mi alrededor, con especial énfasis en las mujeres y los negros. Igualmente reportaba sobre la oposición, los opositores y sus actos contestatarios. A partir de los 90 escribí bastante del ‘período especial’, en mi blog se pueden leer algunos de esos relatos. Lo que determinó que dejara el periodismo oficial y me sumara al periodismo independiente fue la detención de mi hijo el 8 de marzo de 1991. Fue la gota que colmó el vaso de mis decepciones: ése no era el socialismo por el cual mi padre había luchado y yo de niña había leído en aquellas revistas dedicadas a las ‘bondades’ de las “democracias populares”, como en 1940-50 se autodenominaban los países del bloque socialista o telón de hierro.

Estuviste detenida y tu hijo, el periodista Iván García, que sigue en Cuba, también, ¿por qué, cómo sucedió?

-Estuve detenida dos veces, el 21 y 22 de enero de 1997, 48 horas en un calabozo de la estación de policía situada en Zapata y C, Vedado. Me arrestaron junto con Juan Antonio Sánchez, también de Cuba Press, cuando salíamos de la Embajada Checa, en el Nuevo Vedado. Y entre el 1 y 2 de marzo de 1999 permanecí 29 horas en un calabozo de la unidad policial de 7ma. y 62, Miramar. Me detuvieron cuando me dirigía al juicio a los cuatro miembros del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna (Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca Antúnez, Félix Bonne Carcassés y René Gómez Manzano), redactores de La Patria es de Todos. Sobre la detención de Iván en Villa Marista, mejor leer Pistola en mano.

¿En qué año te exiliaste? Vives desde entonces en Suiza, ¿por qué Lucerna?

-El asilo político lo solicité el 24 de junio de 2003 y el 30 de julio, apenas un mes después, el embajador suizo personalmente me comunicó que nos lo habían concedido, a mí, a mis dos hijos y a mi nieta mayor. Mi hijo escribió al gobierno suizo que de momento no viajaría: la novia que tenía había salido embarazada y el 3 de febrero había dado a luz una niña, de lo que me enteré estando ya en Suiza. Mi hija, mi nieta mayor y yo salimos de Cuba a las 8 de la noche del martes 25 de noviembre de 2003, en un vuelo de Air France. Sobre las 9 de la mañana del miércoles 26 hicimos escala en París, y alrededor de las 12 del día montamos un Easy Jet rumbo a Zürich, a donde llegamos unas dos horas más tarde. Aunque teníamos el asilo político concedido desde Cuba, del 26 de noviembre de 2003 al 1 de marzo de 2004, cuando nos mudamos al apartamento actual, en un barrio de extranjeros e inmigrantes (porque así lo quisimos), durante tres meses estuvimos en albergues para solicitantes de asilo, en Kreuzlingen, en Thurgau, cantón fronterizo con Alemania, y en Sonnenhof y Ritahaus, en Lucerna. Fue una experiencia enriquecedora, porque tuvimos oportunidad de conocer a represaliados africanos, árabes, musulmanes, tibetanos…

-Desde la primera vez que estuve en la Embajada Suiza en La Habana, fui cogiendo materiales en español que ponían a disposición de los visitantes. Empecé a leer y documentarme sobre la Confederación Helvética y en hojitas de papel iba tomando notas, confeccioné un fichero que aún conservo. Así que a Suiza llegué con un mínimo de conocimientos del país y su gente. Lo que desde el principio tuve claro que ya que nos íbamos de Cuba, lo mejor, sobre todo por mi nieta, entonces con 9 años, no era ir a los cantones franceses e italianos, con idiomas más fáciles de aprender para un cubano, si no a los cantones de la Suiza alemana, los más desarrollados y disciplinados. En cuatro meses mi nieta aprendió alemán suficiente para comenzar en la escuela. Al principio fue duro para ella, pero después que dominó el alemán y el suizoalemán (dialecto), con facilidad aprendió inglés y francés. El cantón de Lucerna lo escogí porque se puede vivir en el anonimato y porque el único periodista suizo que conocía residía en Lucerna, aunque mi amistad con él no duraría mucho tiempo. En enero de 2005 me envió un correo electrónico que consideré machista y lo mandé a freír tusas. ¿Qué has aprendido en el exilio o qué conocimientos pudiste poner en práctica?

-Para ser totalmente sincera, de quien he aprendido mucho en estos casi nueve años ha sido de los suizos y de Suiza. De los suizos, por su forma de trabajar y de ser, y de Suiza por su democracia, una de las más avanzadas del mundo, todo lo someten a votaciones y referendos, y es la población la que decide si aprueban o no una ley o medida. Al exilio ya lo conocía desde Cuba, a través de Radio Martí, así conocí a personalidades como Luis Aguilar León, en cuyo programa participaba a cada rato. Ya en Suiza, a partir de 2004 me relacioné por email o teléfono con exiliados cubanos residentes en Europa y Estados Unidos; conocí a cubanos que no eran refugiados políticos y contacté con amistades mías de La Habana, ahora establecidas en el exterior. En el exilio, como en todo conglomerado humano, hay personas con diversas formas de pensar y analizar los problemas. Unos son más radicales que otros, y no todos son tolerantes hacia quienes tienen diferentes puntos de vista. Es cierto que somos un solo pueblo, pero veo difícil que los cubanos de adentro y de afuera lleguemos a ponernos de acuerdo. Son demasiados años viviendo alejados, en sociedades muy distintas.

-En 2004 me regalaron una computadora, bastante vieja. Tuve que adaptarme al teclado en alemán y aprender a poner acentos y tildes. Un viejo amigo de mi familia solía decir que uno está contínuamente aprendiendo y así es. No creo que haya podido poner en práctica los conocimientos adquiridos en Cuba, porque a Suiza llegué con 61 años, ya en edad de retiro y las neuronas un poco cansadas para aprender idiomas. Lo más importante ha sido el descubrimiento de internet y poder estar cada día bien informada de lo que pasa en Cuba y el mundo. Vivir en un país capitalista desarrollado no ha cambiado mis hábitos de vida ni mi pensamiento. En Cuba las marcas me resbalaban, en Suiza también, no me deslumbra el consumo ni el lujo. En Cuba apagaba las luces innecesarias, ahorraba agua y recogía papel y cartón, en Suiza también. Aunque Suiza tiene fama por sus relojes, yo uso el mismo reloj que un matrimonio suizo me obsequió en diciembre de 2003, les costó 50 francos y me ha salido buenísimo. No he tenido ni me interesa tener celular. A mi nieta en 2009 le regalé un iPhone y básicamente lo utiliza para almacenar y escuchar música, imprescindible para sus clases de Stimmbildung (adiestramiento de la voz en el canto) y sus actuaciones como solista en el coro de su instituto de bachillerato. Iván García y tú tienen tienen tres blogs, muy conocidos fuera de Cuba. Él describe lo que vive, experimenta, como un periodista independiente, más que como un bloguero. Tú igual, desde el exilio. Publican en medios del exilio también.

¿Cómo un periodista real se plantea la noticia?

-Al vivir Iván en Cuba, sin acceso a internet, con prensa y canales televisivos controlados por el régimen, y yo en Suiza, con adsl las 24 horas, más de 200 canales de más de 50 países y la posibilidad de comprar periódicos, revistas y libros en español, las noticias y sus realidades las vemos desde distintos ángulos. Pero no muy diferentes, pues él, gracias a un radio Sony de onda corta que hace dos años le envié, se mantiene bien informado. Si en Cuba escuchas la BBC, Radio Exterior de España, Radio Francia Internacional, Radio Nederland, la Voz de los Estados Unidos y Radio Martí, estarás al día de lo que pasa en tu país y el mundo. Iván y yo nos planteamos las noticias de la misma manera, lo único que él no siempre puede reportar un suceso con la inmediatez que quisiera. Yo podría, pero prefiero dejarle esos espacios a los periodistas independientes que escriben desde la isla. Los tres blogs que tenemos me roban bastante tiempo, sus perfiles son periodísticos, no noticiosos.

¿Cómo ves la disidencia en la isla y los nuevos comunicadores que se han reproducido a montones sin que eso signifique que el pueblo sea verdaderamente informado?

-A la disidencia y el periodismo independiente trataron de descabezarlos y desguasarlos en 2003. Ha resistido el embate y ha sobrevivido, a pesar de todos los encarcelados, exiliados, desterrados… Ha surgido una nueva generación de disidentes, periodistas independientes y últimamente de blogueros alternativos, pero también, paralelamente, otra de seudodisidentes. Están los que se meten a ‘disidentes’ para hacerse de un curriculum y solicitar una visa de refugiado político en la Sección de Intereses de los Estados Unidos, y los que a ciencia cierta no se sabe quiénes son ni quién o quiénes están detrás de ellos. Cuesta creer cómo de la noche a la mañana se convierten en personajes famosos, tienen recursos para enviar mensajes, fotos y videos y subirlos a internet con una facilidad increíble. Cuando a mí me pueden mandar fotos de mi nieta que vive en La Habana, me las envían en tamaño reducido. Debido a las lentas conexiones, enviar fotos de gran tamaño y videos no lo pueden hacer ni todos los cubanos ni todos los disidentes y periodistas independientes.

-Hablando sin tapujos. De lo que escriben los periodistas independientes y los blogueros alternativos muy pocos dentro de Cuba se enteran, porque sus textos se difunden en internet y en la isla es ínfimo el porcentaje de la población con acceso a la red, y cuando alguien paga 6 o 7 pesos cubanos convertibles para conectarse durante una hora, utiliza ese tiempo para pasar correos a su familia o echarle un vistazo a noticias de su interés, por lo regular de música, cine, deportes… Menos aún los cubanos de la isla se enteran de todos esos videos realizados por los nuevos comunicadores, quienes parecen han pasado la escuela de la oratoria de Fidel Castro y meten unos ‘teques’ (discursos) demasiado largos, gesticulando y utilizando una verborrea similar a la de los dirigentes castristas. Todo lo que desde Cuba ellos escriben, fotografían y twittean es para consumo externo. Pueden darse el lujo de recorrer a pie todo el país que a no ser la policía política, nadie los conoce. De 1995, cuando me hice periodista independiente, a la fecha, dos tandas de infiltrados por el Departamento de Seguridad del Estado han salido a la luz en 17 años: una en abril de 2003 y otra en enero de 2011. Al parecer, el tiempo de vida útil de un informante o chivatiente es de 7-8 años. Así que los próximos se supone sean ‘quemados’ en 2018 o 2019. Si aquello no explota antes.

En mayo pasado publicaste un libro en internet, ¿podrías hablarnos sucintamente?

-Ese libro lo comencé a escribir en diciembre de 2002, en la mesa del comedor de mi apartamento en La Habana. Escribía directamente en la máquina de escribir, no sabía si algún día lograría publicarlo, pero pensé que a los 60 años ya era hora de volcar en blanco y negro algunas vivencias. Tenía 61 cuartillas redactadas cuando el 18 de marzo de 2003 fue desatada una feroz oleada represiva. Saqué de mi casa esas cuartillas y después logré que un turista suizo me las trajera a Lucerna, en la misma carpeta plástica verde donde las guardé. En 2005 surgió una posibilidad de publicar el libro y empecé a trabajar intensamente en ello. Tuve desencuentros con los editores y terminé no queriendo saber nada de ellos. A fin de cuentas, a mí no me interesa el dinero ni la publicidad. En mayo de 2011 decidí publicarlo en mi blog. Se titula Periodista, nada más y comienza con un capítulo al que decidí ponerle Un pedazo de mi vida.

Portada del libro Periodista nada más.

¿Qué le dirías a los cubanos de la isla, qué mensaje te gustaría enviarles?

-Me da mucha pena con los cubanos, en particular con los residentes lejos de la capital y con las mujeres, las madres solteras y las abuelas, por la vida tan dura que la mayoría ha llevado y sigue llevando. En Suiza vivo muy modestamente, pero cada vez que entro a un supermercado, y veo los paquetes de arroz que no hay que perder tiempo escogiéndolo o los estantes con papas, frutas y vegetales, frescos y limpios, a la mente me vienen las cubanas de a pie. La revolución de Fidel Castro siempre fue y sigue siendo machista. Y muy mal agradecida: si él y su hermano Raúl se han mantenido en el poder, en buena parte ha sido por las mujeres, esas mismas que apenas tienen íntimas (almohadillas sanitarias) para su menstruación. Pero cuando decidan decir BASTA, ese día comenzará el final de más de medio siglo de autocracia. Muchas ya han perdido el miedo, como las Damas de Blanco y las de los movimientos Leonor Pérez y Rosa Parks. A ellas, mi respeto y cariño. Extensivo a las que permanecen detenidas, como Sonia Garro, brutalmente detenida junto con su esposo Ramón Alejandro Muñoz, una semana antes de la visita del Papa. Hasta la fecha permanecían encarcelados y todo parece indicar que los van a enjuiciar y condenar a varios años de prisión.

Gracias a Zoé Valdés y a El Economista por haber considerado interesante entrevistarme. Es la última entrevista que pienso conceder. Me cuesta tener que hablar de mí y de los míos. A los lectores, mi más sincero abrazo desde Lucerna, Suiza.

Fábulas Contemporáneas con Humberto Castro

Jueves, 8 Marzo 2012

Humberto Castro lleva ya una carrera como artista plástico de más de treinta años. Perteneció a la llamada Generación de los ‘80,  un movimiento cultural cubano que ha sido el que más ha trascendido como impulso político en el arte con protagonistas nacidos en el ‘59 o después, la también llamada Generación Perdida. Trabajó diez años en La Habana, diez años en París, y ya lleva diez años en Miami, con esporádicos saltos a Nueva York.

Ha vuelto a Paris para exponer sus Fábulas Contemporáneas en la galería Akié Arichi, y lo he entrevistado para la emisión cultural La Rueda Bohemia:

Un libro de verdad

Jueves, 1 Marzo 2012

Acaricio el libro que acabo de recibir, en la portada la foto de su autor, un joven Guillermo Cabrera Infante que sujeta un pitillo atabacado entre sus dedos y los labios, en la época en la que hacía crítica de cine, para las grandes revistas habaneras. Una crítica que era más que crítica, de todo un escritor enamorado de la crítica, una crítica que era toda deseo, amor puro e impuro por la palabra, soberbio erotismo fraseado y disfrazado, por el mero gusto por las palabras enmascaradas bajo las sombras de otras palabras.

Se trata del primer tomo de la Obra Completa editada por Galaxia Gutenberg, con un extraordinario prólogo de Antoni Munné, su editor. Con más de mil quinientas páginas este volumen nos entrega la trayectoria literaria relacionada con la visión sensual de un loco por el cine, y la pasión sensata, o sea sensorial y sata, por el cine de un escritor que, como él mismo dijo en Cine o sardina, desde niño cenaba cine, porque su madre lo ponía a elegir entre la cena o el cine, y él invariablemente elegía lo segundo. Un escritor inspirado principalmente por el cine, por las actrices, los actores, y los directores del Hollywood dorado.

Este es un libro de los de verdad, de los de antes de la existencia de internet, tecleado en máquina de escribir, pensado y reinterpretado cual un pianista de jazz con las yemas de los dedos, musicado, cual un bongosero que tamborilea en un cuaderno. Así empezamos muchos escritores, tecleando duramente en una vieja Remington, o en una Underwood, acompañados del ruidoso ritmo del cerebro de la máquina, en forma de rodillo. Este es también un libro escrito a mano -de cuando se escribía a pulso-, magistralmente entretejido y engarzado con viejas notas, frases fragmentadas o cuentos enteros en las ramas de las arboledas de los parques habaneros, tirados en un cartucho. Y de ese Cartucho surgieron crónicas inéditas, fragmentos literarios que pudieran ser considerados capítulos de una historia de ficción. Porque todo lo que escribía G. Caín era la película que él escribía encima de la película ya existente, o el libro que surgía de la trama vuelta a hilar, hilarante.

Este es un libro de verdad, nacido del misterio individual de un creador único, es la confesión estilística de un hombre culto a través de su conocimiento, de sus sabias sensaciones, de su vida, vivida con amor. Y ese amor trascendió a su misma existencia, como ha trascendido su obra, porque sus libros quedaron tibios, calentando la eternidad, esa eternidad cuidada y regada por su esposa que no se resignó a dejarlos enfriar, y los horneó como se hornea el pan, y les dio vida, como si pariera los hijos, esos hijos de papel, que él ya no verá nunca, pero que pudo soñar en los ojos de Miriam Gómez.

Este es un libro de cabecera. El libro de cabecera por mucho tiempo. Cierro los ojos y lo último que veo antes de dormirme es a Guillermo, jovencísimo, entonces recuerdo sus chistes, la jocosidad de su gestualidad elegante, y su voz tan parecida a la de Edward G. Robinson; por la mañana al despertar retomo ese inquietante y bello objeto, y se abre ante mis ojos, sus páginas se me entregan, ardientes, y su escritura es el primer alimento que ingiero. Antes de salir de debajo de las sábanas releo una veintena de páginas, para poder iniciar el día de una manera poderosa y espiritualmente distinta.

En una foto que tomé de tal como quedó el escritorio de Guillermo Cabrera Infante tras su muerte -siete años más tarde sigue igual-, se puede leer esa nota tan hermosa dirigida a Miriam Gómez: “Rica, léelo, corrige, corta. Pero por favor di al teléfono que fui al médico, que llamen a las 11: 00…”  Si se dan cuenta el 11 significa dos, ellos dos. O quizá: Uno y uno, u otro, el autor y su lector. Él y cada uno de nosotros. y el infinito individualizado, en esos dos 00, que significarían la soledad de la lectura. Cada día llamo alrededor de esa hora.

Los esperpentos ensalivando a la Momia

Viernes, 10 Febrero 2012

Castro Gandinga I reaparece de nuevo, ha presentado otra biografía, que le ha escrito una tal Katiuska o Katrinka no sé qué cosa. Es ya como la tercera biografía que publica en menos de un mes: dos en Francia y una en Cuba. Aquí, los librejos han pasado sin pena ni gloria. En Cuba hemos visto a los tracatanes de la de cultura ir en masa a ensalivar a la Momia.

La Momia, la Piltrafa Ideológica, la Maraca Antillana, apenas habla, balbucea una cantidad de incoherencias y mentiras que dan ganas de tirarse una en el piso a retorcerse de las carcajadas. El Ministro de la InCultura, señor A ver, Prieto, qué es lo que tú llevas ahí, que es el ministro más popular entre los policías orientales que el régimen manda a reprimir en La Habana, no paró de contar guayabas, de las guayabonas sangandongas de verdad: Que si el Bofe Guerrillero había luchado contra los gánster antes del fatídico año 1959. ¿Pero cómo iba la LuyanópornollamarleLaVíbora a luchar contra los gánsteres si él era uno de ellos? Uno de ellos, no, el primero de ellos. ¡El jefezón de los gánsteres!

Allí estaban Miguel Barnet, Mimí Yoyó; Roberto Fernández Retamar, queriendo lucir a toda costa un look a lo Juan Ramón Jiménez, se le notaba nerviosísimo, le castañeteaba el cerebro por debajo de la boina. Y entre el público ése que medio se esconde, el pintor Kcho. Los franceses se han creído eso que cuenta la embajada castrista en todas las Ferias de Arte en París, que Kcho es el artista contestatario por excelencia. Bueno, Kcho está p’al daño, él lo misma pinta o esculpe en madera a cuatro balseros en zancos bailando la suiza, que a Martí en una goma de camión yéndose para la Yuma dándole cintura a un houla-houla, que una mesita de noche convertida en balsa, que se mete la seis horas y media de presentación del ladrillo impreso repleto de guanábanas, asintiendo cada vez que a Fidel le tiembla la dentadura bailándole una sevillana en la quijá. Con tal de que le den el baro, para luego él pasarle una parte del baro a su Comandante, ya tiene su conciencia tranquila. Ese es el artista contestatario de pedigrí para los franceses de alcurnia con chancleta de palo marca Louis Sinvergüenzón.

Da grima ver a esta partía de jalalevas esperpénticas de uno de los poderes más sombríos que haya conocido la humanidad creyéndose que son los elegidos en Aquella Isla, y por ende, los que mayores derechos tienen, solamente porque la Matraquilla Terrorista los eligió para oirle las sandeces que repite hace más de medio siglo.

Pero, finalmente, ¿cuál es la diferencia entre este formato y el de Estado de Sats? En el segundo, al final, a los que viven dentro les dan merienda de la diplotienda. A los de afuera la DSE les abre un expediente favorable a la causa esperpéntica.