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Archivo de la categoría ‘Literatura’

Silencios y dudas

Martes, 25 Octubre 2011

Tomaré el metro, me dirigiré hacia una emisión de televisión, deberé quedarme en la estación Malakoff. Durante el trayecto iré pensando lo que diré de mi nueva novela. La verdad es que no tengo nada que decir de lo que escribí, pero tendré que hablar de algo, de cualquier cosa. Además, como ya es habitual, me invadirán las dudas. Si no fuera por las dudas tal vez no seguiría escribiendo.

Seguramente el programa transcurrirá tranquilamente, incluso si por dentro bullirá en mí el volcán, y claro, como ya es costumbre, también me preguntarán sobre política. ¿Qué contestar? Yo de política no sé nada, sólo poseo algunas pruebas, certezas, y más preguntas que respuestas. Las preguntas que hoy nos hacemos todos.

Me deslizaría con gusto a la plaza del entrevistador, y le preguntaría yo a él, o a ella, ¿qué sucederá con el arte, con la cultura, con la literatura, en un mundo tan pérfido, tan inseguro educacionalmente? ¿Qué pasará con el ser humano? Entonces esa persona que tendré enfrente, tratará de evadir la respuesta, con un malabarismo, y contestará con gesto versallesco unas palabras muy televisivas y en apariencia gratificadoras: “Las respuestas las tienen casi siempre los escritores. Escriba otro libro, tal vez allí encontremos descifrados esos enigmas”.

No encontraremos nada, tal vez no haya libro, tal vez no habrá yo. Sólo silencios.

Perdida

Viernes, 21 Octubre 2011

Mataron a Laura Pollán en Cuba, la líder de las Damas de Blanco. El régimen la envenenó, le inoculó algo, luego la incineraron, y ¡fuera catarro!… ¿Se acabarán las Damas de Blanco? Laura Pollán era la mujer más temida en la Cuba de los Castro, ¡qué mierdas Yoani Sánchez, era Laura Pollán!…

Por cierto, mientras mataban a Laura Pollán en un hospital de La Habana, secuestraban al graffitero El Sexto, y según declaraciones posteriores suyas le preguntaron mayormente por Yoani Sánchez, luego lo soltaron. Esta entrevista de El Sexto se la hicieron en Estado de Sats, que nadie sabe muy bien qué es, ni quien lo auspicia, pero ya se corre la bola en La Habana que el sostén material viene de Yoani Sánchez. Todo muy raro.

Entre tanto, una amiga muy anciana entró en una Maison de Santé, y para rematar murió mi querido amigo, el poeta cubano David Lago González, en un hospital de Madrid, ya está enterrado con las cenizas de su madre. Otro que no verá el fin de la dictadura castrista. David nunca fue considerado escritor por Babelia, jamás lo citaron entre los escritores cubanos importantes. Es el poeta más importante de su generación. El Mundo tampoco le dio un blog, prefirieron dárselo a la Quendi Guerra, que sólo cuenta mentiras a favor del régimen.

Hablando de finales, he pasado una y mil veces el video de Gadafi, el del dictador encontrado en una cloaca por los rebeldes libios, donde se ve cómo lo atraparon, cómo chillaba igual a una rata. Luego, ¡pum!, el tiro en la cabeza, perpetrado por un chico de 18 años, que se cogió la pistola de oro del mismo tirano. ¡Una pistola de oro, jolines! Para acabar como acabó, hecho una piltrafa, y su hijo al lado, molido como picadillo de soja.

Espero lo mismo para los hermanos Castro, aunque son ya tan viejos, que me temo que el espectáculo será más breve. Apúrense, cubanos.

Tan nerviosa estaba con estos acontecimientos que me perdí en el metro, tomé varios trenes, y en lugar de llevar a Bellevue, caí en Belleville. Todo ya es de los chinos. No parecía París, sino Cantón.

Palabras pintadas

Lunes, 17 Octubre 2011

Siento una inmensa ternura por los dibujos de los escritores, tal vez porque yo misma pinto, y cuando trabajo en una novela no ceso de dibujar garabatos. Mi trabajo esencialmente sale de la palabra, y cuando pinto lo que hago son palabras pintadas. Admiré y sigo admirando los dibujos de Arthur Rimbaud, los de Federico García Lorca, y los de Rafael Alberti. Aunque Alberti era más pintor, más de oficio, al igual que la niña poeta Juana Borrero. Amo la sensualidad irreverente de Jean Cocteau, su caricia en el trazo.

Se lo explicaba a una persona el otro día y me dijo que eso tenía que ver con el graffiterismo. No, nada que ver. Los graffiteros escriben, pintan. Los escritores usamos el mundo de las palabras para desvirtuar la idea preconcebida de las formas.

Cuando dibujo estoy delineando el cosmos de una palabra, no sólo la forma visual que ella contiene, sino su contenido esparcido en el universo, su caos frenético hacia el significado.

Mi abuela me contaba que antes de aprender a escribir yo tomaba un lápiz y fingía que escribía, como dibujando olas. Eso es la escritura finalmente, un mar insondable, un océano rutilante de colores, de sonidos, de silencios, de palabras pintadas en la transparencia de sus enigmas.

10 años del Salón del Libro de Besançon

Domingo, 25 Septiembre 2011

Como ya habrán advertido llevo semanas de salón en salón del libro, les aseguro que sólo haré una gira que durará todo el otoño y el invierno, de manera intermitente, y eso porque acabo se publicar libro en Francia; no es el caso de que me disgusten los salones, al contrario, me divierto mucho con ellos, observando a mis semblables, los escritores. Hay colegas que se pasan el año, y hasta sus vidas, haciendo salones. Haciendo la calle, le llamo yo esto de las tournées vendiendo libros.

Hoy celebramos el décimo aniversario del Salón del Libro de Besançon, deleitándonos con un grupo de soul, que se llama Soul System, la chica era una especie de sosie de Amy Winehouse, y no cantaba nada mal. Cenamos bajo una carpa, al borde del lago, editores, escritores, encargados de prensa, periodistas. La noche estaba fresquita y clara, los árboles acompañaban también melodiosamente a los músicos.

Estuve casi toda la noche conversando con Leslie Bedos, en otra mesa, a pocos pasos, Daniel Picouly y Richard Bohringer descargaban, queriendo llamar la atención el primero. Finalmente lo consiguió, tomó el micrófono, he hizo un discurso de agradecimiento y felicitación a los organizadores, que casi nadie atendió.

Mañana continuará el Salón, firmaremos libros bajo las carpas, hará calor en este ‘verano indio’, y entonces ocurrirá lo más sorprendente, el encuentro entre el lector y el autor, casi a solas, mirándose a los ojos, temeroso uno del otro, se dirán unas palabras, para más tarde abrazarse, nuevamente a solas, en la lectura, para entonces separados, lejanos, pero nunca mejor unidos.

Al atardecer tomaremos el tren, y acomodados en el interior de los vagones hablaremos entre nosotros de cosas banales, o importantes, de los hijos, de la familia, dormiremos brevemente, y soñaremos con un montón de personajes que aún no hemos terminado de desarrollar en la página en blanco.

Bibliotecas ideales

Sbado, 17 Septiembre 2011

Tomé el tren y llegué a Estrasburgo para participar en las jornadas tituladas Bibliotecas Ideales donde durante varias semanas los escritores estarán dando conferencias y lecturas, acompañados de artistas, cantantes, actores. A mí me tocó hoy viernes. Detrás de mí estuvieron Carole Martínez, Michel Le Bris, Lyonel Trouillot, y Giles Lapouge.

Siempre es una delicia escuchar a Michel Le Bris y a Gilles Lapouge. Son escritores que ha viajado más de lo que han vivido, y lo mismo se van a Haití, que bajo las nieves de Islandia. Cuando escribí Lobas de mar, cité en varias ocasiones a estos dos escritores, que son de la estirpe de Melville y de Stevenson.

Lyonel Trouillot es uno de los escritores haitianos que más suena en los premios Goncourt, al menos ha estado finalista en dos ocasiones. Creo que en ésta, la tercera, será la vencida. Ojalá lo gane, su libro La Belle Amour Humaine es sumamente hermoso en cuanto a lenguaje y a aventura humana, precisamente.

No conocía a Carole Martínez, me ha gustado mucho oir su lectura con una voz rajada y fuerte.

Mañana tomo el tren bien temprano para el Salón del Libro de Nancy. Estoy presentando El Todo Cotidiano en francés, titulado Le Paradis du Néant. Et je m’amuse. Si, hay que “hacer la calle”.

Extrañando a Terenci Moix

Sbado, 3 Septiembre 2011

Hoy subí al tren en la Gare de Lyon a las 12 y 30, como es un tren que hace el trayecto cotidiano de París a Laussane, o sea que es un tren suizo, partió en punto pile. Enseguida me puse los cascos de música, y abrí El sexo de los ángeles de Terenci Moix (segunda lectura).

Yo no conocí mucho personalmente a Terenci Moix, pero lo he leído bastante y lo sigo releyendo; les confieso que lo extraño, es una pena que no podamos seguir leyéndolo en sus columnas, a veces vitriólicas, invariablemente divertidas, siempre cultas, incluso hasta fanfarronas. Una pena.

Hoy viviríamos mejor, sin menos complejos, si existieran más escritores como Terenci Moix. No he leído un mejor retrato de esa sociedad catalana y española de los sesenta y setenta que en su pluma. Y me habría gustado leer sus opiniones sobre lo que es esa sociedad hoy en día, una sociedad que muy pocos critican, no sé qué ha pasado, no sé dónde están los grands gueules, tal vez replegados en su carapazón políticamente correcto. Puedo entenderlos, no saben cómo.

No dejen de leerse de nuevo El sexo de los ángeles, para aquellos que ya lo leyeron, los que no lo han hecho todavía, pues, ¿qué esperan? ¡Corran!

Terenci Moix es uno de los autores que me perdí de conocer de cerca, por culpa de mi timidez, pero creo que él también era sumamente tímido. Gran criticador, comme il faut, gran escritor sobre todo.

De cualquier modo, Terenci, gracias.

Sin salida

Lunes, 29 Agosto 2011

Hace más de una semana que no bajo a nada, no salgo de mi casa. No es que me sienta al borde una depresión, es que estoy en ella, cocinándola. Acabo de terminar una novela en la que llevo años trabajando, y le he cogido pavor al texto. Entonces me escondo, entre libros leídos, y releídos.

Para colmo, toda la miseria exterior me tiene harta, pero la peor de todas es la de los políticos, otra vez, entre ellos, chapoteando en el mejunje, para reeligirse o elegir al que menos daño haga a sus propios bolsillos. No hay nada más vil que un político. Y como ahora sólo existen los políticos y las celebridades, pues ni las revistas se pueden leer, porque tampoco hay revistas, sólo libelos donde, desde hace más de veinte años, se publican las mismas estupideces de siempre de los mismos, con las mismas máscaras, ahora estiradas por las cirugías o hinchadas por el bótox.

Por eso solo leo a los clásicos y veo películas viejas, la última que vi era del 39, y oye, estupenda, de una tremenda actualidad, con mejores actores que los que tenemos que sufrir en la actualidad, tremenda clase de música de verdad, y no esos enlatados ruidosos, y filmada en escenarios reconstruídos de Hollywood que eran mejores que los sitios originales.

Para colmo, acabo de leer una de esas cartas abiertas de Pablo Milanés, quien por fin cantó en Miami, y ni carajo, nadie soltó ni un galletazo, pues sí, se trata de una cartita dirigidas a un hijoeputa que lo único que ha hecho en su puñetera vida de mierda es deshonrar el oficio de periodista, y traicionar la libertad de Cuba. Leo esa carta tan demasiado open de Pablo Milanés, y ya me explico por qué ahora es antifidelista, y seguramente prorraulista, porque ahora, señores, los enemigos ya ni se sabe dónde están, y para colmo le deben haber dado el permiso y la visa para hacer el paripé de ser contestario de exportación.

A mí me importa tres pitos que Pablo Milanés le haya escrito una carta abierta a quien él le de su real gana, porque ese gesto no ha resuelto la libertad de Cuba, ni yo he podido regresar con mi hija y con mi marido (que ha tenido cien veces más cojones que él, allá en Cuba) al lugar donde nací; y a mi madre la tengo enterrada en Père Lachaise. Así que lo que escriba o no escriba Pablo Milanés, a estas alturas, me tiene sin cuidado. A estas alturas el daño está hecho y hasta ahora él sigue apoyando a los que me siguen haciendo daño a mí, y a mi familia. Además, yo en Cuba, le hice una carta, directa a Fidel Castro, así que vamos a ver a cómo tocamos.

Pero vamos a ver si Pablo Milanés, en cuanto llegue a La Habana, ¿todavía vive allí o en España? A ver si le manda también una carta abierta a Raúl Castro, y otra a Fidel, a ver si sale a caminar con las Damas de Blanco, entonces sí que ya no sería La Habana, sino Trípoli.

Veremos, dijeron Carlos Manuel de Céspedes en San Lorenzo, y un ciego, y nunca vieron. Ojalá Milanés salga a la calle a apoyar a las Damas de Blanco, y para mí, aunque salga a apoyarlas, ya el daño está hecho. Pero ni eso.

Que soy rencorosa, sí, contra los que han querido aplastarme, y hasta desaparecerme, claro que lo soy. ¡Faltaría más! No ha querido hacerlo él directamente, pero jamás ha movido un dedo, ni ha hecho nada para que lo impidan.

Destruir libros

Domingo, 17 Julio 2011

En lugar de bajar el precio de los libros, lo que hacen ahora es destruírlos, en caso de que no se vendan. No estamos muy lejos de la quema de libros de antaño. Y vamos a peor.

Me pregunto por qué en lugar de destruir libros, en vez de enviarlos a la hoguera, mejor no rebajan los precios de los libros, que bastante caros que están, y por eso muy pocos todavía compran literatura impresa en papel. Cuando veo un libro a veinte euros no me extraña que la gente no lo compre. Y es que no es que tengan su valor, lo que sucede es que en época de crisis nadie va a gastar veinte euros en un libro cuando debe ahorrar para alimentar a su familia y esperar a ver qué es lo que sucederá finalemtne con el dinero, y con el euro.

Peor están los libros en Estados Unidos. En Miami entré en una librería y encontré una novela mía a cuarenta y tantos dólares. ¡Cosa de locos!

Pero ¿saben lo que pasa? A nadie le importa ya la cultura, ahora lo que importa es el show de internet, y ahí sí que nos vamos todos a desmoronarnos y a convertirnos en el peor rastrojo de la especie humana que existirá sobre el planeta.

¡P’al carajo!

¿Qué pasará con los escritores?

Lunes, 11 Julio 2011

Por lo que me cuentan algunos amigos que trabajan en el mercado del libro lo que se avecina en relación a los escritores es terrible. Me refiero a los escritores que escribimos desde las entrañas, que contamos historias noveladas, imaginadas, extraídas de la invención o sencillamente de las experiencias personales, poéticas, humanas, porque esas historias son precisamente de las que al parecer los editores huirán como bola por tronera, dado que lo que vende en estos momentos son las historias de evasión de la realidad, o historias esotéricas, y ese tipo de cosas… Los editores buscan solo eso… el entretenimiento.

Yo soy de las que considera que la literatura sabia, profunda, también debe ser entretenida, pero sé que lo entretenido no siempre suele ser sabio y profundo. 

El problema es que el riesgo ya no se usa, nadie quiere arriesgar, todos quieren ir al seguro, y vender cientos de miles de ejemplares, o más, millones. En caso de que no sea así ni siquiera tomarán en cuenta al verdadero escritor. Son tiempos de crisis y lo que se busca no es literatura, sino dinero. Si no vendes lo estipulado: miles y miles, no cuadras la caja de las editoriales. Nefasto.

Es algo que pasaba desde hacía años con los poetas, pero ahora pasará con todos, con los escritores en general, incluídos los escritores de guiones, y más con los de teatro.

Pero el mayor temor es qué pasará con la literatura y con la escritura, dado que internet ha ocupado el sitio de los libros, cosa que no podemos negar. La gente prefiere internet a los libros, y ni siquiera el mercado del libro digital ha crecido tanto como se esperaba, no, sólo ha sido un fiasco, más que evidente, por cierto.

Tal vez todo esto sirva para mejorar las cosas, seamos positivos. Quizá sirva para que la gente se harte de una buena vez y quieran ellos escoger lo que lee, pero cuando puedan hacerlo, cuando esto suceda, ¿seguirán existiendo los escritores y sus escritos?

El hombre de la palmera

Domingo, 10 Julio 2011

Fui a tomar el metro y me encontré con un hombre que cargaba una palmera, pequeña, por supuesto, paunque de dimensiones considerables, más alta que él en todo caso. Entró en el mismo vagón que yo, y la plantó en el piso para poder descansar. Estaba empapado en sudor. Los penachos de la palmera molestaban a todo el mundo y hasta una señora empezó a estornudar visiblemente airada.

Me dio idea de preguntarle hacia dónde llevaba la palmera. Y luego de acercármele un poco lo hice. “A mi casa” respondió. ¿Dónde vive? Insistí. “En una pequeña pieza, en Montmartre”, musitó. ¿Y por qué una palmera? Continué. “Adoro el trópico”. Entonces ya no tuve nada más que comentar.

El tipo de la palmera salió al cabo de algunas paradas, con su palmera al hombro, y ya nunca más lo veré. En el metro entonces la gente empezó a preguntarme ¿qué me había respondido en relación a la palmera?

Nada, más o menos que le gusta el trópico, contesté. Entonces cada cual volvió a lo suyo, y ni gracias me dieron.

A todo el mundo le extrañó ver a un hombre con una palmera, sin embargo, estoy segura que les hubiera extrañado menos ver a uno con una bazuka. Vivimos tiempos tontos, peligrosamente tontos.