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¿El día de qué…?

Domingo, 8 Marzo 2009

Ya está pasando, el día, quiero decir. Cae la noche. Hoy fue el día que inventó la comunista Clara Zetkin para celebrar el día internacional de la mujer. Sí, y durante años hemos tenido por costumbre que nos feliciten. La costumbre se ha ido perdiendo, tanto, que hoy muy pocos periódicos lo han recordado, y en la blogósfera ha pasado sin pena ni gloria.

No sé por qué además esta señora decidió que el ocho de marzo sería el día de nosotras, pero no estuvo mal como memoramdun que casi todo lo hacemos nosotras, que trabajamos como bestias dentro y fuera del hogar, y que en muy pocas ocasiones nos lo reconocen. ¿Sirve esto de algo? Al menos, moralmente, la mujer se siente recompensada. Sostengo malamente convencida.

¿Y por qué no existe un día del hombre? Pregunta un compañero macho. No lo sé. Pregúntale a Clara Zetkin. ¿Y esa quién es? O sea que ni siquiera sabe quién es Clara Zetkin y que se murió hace ratón y queso. Esto es el hombre. Dudas. ¿Dudas? No, ¡qué va! Ignorancia. No le temamos a la palabra.

Cae la noche y yo imagino una rosa roja, antes dejada, encima de la mesa, sí, mucho antes de que mi madre muriera.

Nueve deseos

Viernes, 2 Enero 2009

Desde el restaurante El Aljibe, uno de los mejores de La Habana, donde no pueden ir a cenar los cubanos -falta de recursos-, sólo los extranjeros con facilidades, el escritor colombiano Gabriel García Márquez degustaba ayer la salsita de un pollo que según él tiene el mismo sabor que la salsita de la revolución. Rodeado de escritorzuelos tracatanes seguramente puestos ahí con agrado, ya que es una manera de poder comer caliente en Cuba: reirle las gracias a los adoradores de la dictadura. Gabo, como le llaman, ha deseado que la salsita no se agrie, y que dure mucho más muchos años más, y ha declarado que el resumen de estos 50 años ha sido extremadamente positivo. En primer lugar, ninguna revolución dura 50 años. en segundo lugar, Gabo, con todo respeto, está hablando cáscaras de plátano desde hace un buen rato. Pero está en su derecho de hablar cualquier tipo de porquería.

Yo tengo nueve deseos, son muchos, lo sé. Ninguno tiene que ver con salsitas revolucionarias o dictatoriales podridas. Todos tienen que ver con un porvenir prometedor para el mundo.

-Cero guerras, incluida la guerra de guerrillas iniciada por los Castro y por el Ché.

-Cero terrorismo, (por cierto, al presidente Fulgencio Batista, los revolucionarios castristas lo combatieron haciendo terrorismo puro y duro).

-Cero hambre en el mundo, incluida Cuba, que en estos momentos se muere de hambre toda debido al ciclón Castro.

-Cero falta de educación para los niños, que todos, incluidos los niños cubanos, puedan gozar de una excelente educación, libre, sin imposición de ideologías.

-Cero maltrato a las mujeres, respeto a las madres. Desde hace 50 años en aquella isla ninguna madre tiene derecho sobre sus hijos, el estado decide por ellas, y las mujeres son consideradas en todos los ámbitos de la vida, inferiores al hombre, al macho cubano.

-Cero violación de los derechos humanos, en Cuba se violan absolutamente todos los derechos.

-Cero falta deinformación. En mi país no se informa, se desinforma. Eso lo sabe muy bien Gabo, ha tenido que sacar de Cuba a toda una serie de personas a las que se les ha negado el derecho a informar, como periodistas, como escritores, como artistas.

-Cero falta de libertad. Que los Castros se vayan del poder. Libertad y democracia.

-Cero división entre los cubanos. Lo que ha hecho el castrismo durante estos 50 años: dividir a las familias, ponerlas en contra, incentivar el desacuerdo entre las personas. Unidos podremos construir un nuevo país.

Ya lo sé, lo afirmé antes de empezar a enumerar, son nueve deseos. Y no estoy segura que se vayan a cumplir de inmediato. Soñar, de cualquier modo, es lo que menos cuesta, en tiempos de crisis.

Feliz Navidad y próspero año 2009…

Martes, 23 Diciembre 2008

¿Sin signos de admiración? De cualquier modo, feliz navidad y próspero año 2009. Un escritor es, por exigencia del guión, transgresor, políticamente incorrecto, y antipoder… Por todo eso, soy como soy, y espero que los lectores lo entiendan, un beso a todos.

Y recuerden, voy a pedir “p’a tí lo mismo que tú p’a mí”, como dice la canción.

Reciban este mensajito desde París:

Noche de brujas buenas.

Viernes, 31 Octubre 2008

Hoy es la noche de las brujas, de las buenas. Menos mal que las brujas buenas tienen aunque sea una noche para ellas, porque las otras brujas, las malas de verdad, celebran todas las noches, de ellas se habla todos los días, y los idiotas de este mundo las defienden y aplauden. ¿Tendré que nombrarlas? ¿Para qué? Los inteligentes saben quiénes son, conocen el rostro que tienen, la maldad que anidan en sus cuerpos, el odio que les inunda el cerebro. Son esos que ponen bombas en una universidad, o aquellos que secuestran impunemente, o los que llevan años en el poder, los que asesinan la imaginación, y permiten que cada pocos segundos mueran de hambre seres humanos de este planeta.

Se acabó, ya hablé de las brujas malas. Hoy toca a las buenas, es la noche de disfrazarse, de divertirse recogiendo caramelos en las puertas de las casas del vecindario, de meter miedo, y fingir que lo recibimos. Es justo un  momento familia, amistoso también, de fiesta agradable, cargada de un cúmulo de significados históricos. Los enemigos de estos festejos arremeten contra ellos porque dicen que el capitalismo los inventó. Hay cosas muy buenas que ha inventado también el capitalismo, sobretodo el capitalismo -añadiría-, y yo creo que una de las mejores son las fiestas.

El problema viene cuando se acaban las fiestas, cuando te las prohiben las brujas malas, cuando se acaban los festejos y se empiezan a escuchar como melodías de fondo, las marchas militares, cuando te tienes que disfrazar de oportunista, de mentecato a las órdenes del totalitarismo, de chivatón, de discursero de ideologías imnipotentes, y todo eso, siempre bajo sospecha, el problema es cuando la vida te pone entre la espada y la pared, entre renunciar y devenir traidor -según ellos y valiente según los otros. Entonces te das cuenta, cuánto añoras las fiestas sencillas, la vida sencilla, la vida de los otros

¡Feliz noche de las brujas!

Descansar de las vacaciones.

Lunes, 1 Septiembre 2008

¡Qué gusto, se acabaron las vacaciones! Y es que yo trabajo más durante las vacaciones. En los meses de julio y de agosto siempre ando con un libro entremanos, escribiéndolo o revisándolo. Pero además, como todo el mundo está en casa, pues debo ocuparme de los demás, y de la “cosa” cotidiana, y ya sabemos lo “simpático” que resulta que mientras estés concentrada en un trabajo intelectual, venga alguien, cualquiera, a preguntarte si has visto la bolsa de las toallas. De pronto, parpadeas, lo miras como a un extraterrestre, porque en ese instante ni siquieras sabes lo que es una toalla.

Yo en las vacaciones me aburro mucho, además, cuando no tengo nada que hacer me pongo nerviosa; porque primero, en Cuba la noción de vacaciones en una playa, ir de hoteles, de campo, de alquileres de casa, eso no existe para el nativo; o sea que una vez en el exilio tuve que acostumbrarme a la idea de que hay que parar de trabajar y tomarse un descanso. Pero si descanso me aburro, es la razón por la que siempre estoy escribiendo algo y trajinado de acá para allá.

Ahora en septiembre todo entra en camino, y me quedo sola en casa, tecleando, tecleando… y de vez en cuando salgo a respirar el otoño, que es mi estación preferida.

Los libros que se me quedaron.

Jueves, 28 Agosto 2008

El 22 de enero de 1995 me fui de Cuba definitivamente, llevaba una maleta con dos vestidos y un montón de libros, un maletín también lleno de libros; un exceso de equipaje en donde sólo iban libros. Mi madre había quedado en nuestro apartamento, ella custodió mis pertenencias hasta que pudo. En una ocasión en que la llamé -la llamaba con frecuencia, como es natural-,  me comentó que un amigo, Iván Giroud, se había llevado prestado un libro; cuando pude hablar con él, me contó que había tomado una biografía de Josyane Savigneau, Marguerite Yourcenar: La invención de una vida. El libro, como todos los de mi biblioteca, estaba subrayado por mí y en las márgenes había escrito acotaciones, producto de mis reflexiones y de mi lectura. Los años pasaron y ese amigo jamás devolvió el libro a mi madre. Hoy me gustaría recuperarlo, forma parte de mi biblioteca, de mis recuerdos, de mi trabajo como escritora.

También, por aquellos meses, en los que mi madre perdía le memoria, estuvo seriamente enferma de los nervios, con paranoia y esquizofrenia, entró en mi casa mucha gente que se hizo pasar por amigos míos, y algunos que yo creí que lo eran. Se robaron cuadros, un pequeño Portocarrero dedicado por el pintor, un pequeño Mendive, un dibujo de Unzueta. Se llevaron sombreros y ropa de mi casa sin mi permiso, libros dedicados también sin mi permiso, entre ellos, libros de autores importantes, como un ejemplar de Laurence Dürrell dedicado.

Hubo pillaje, y no fue precisamente de la policía castrista, o quizá no directamente, hubo pillaje de los oportunistas, de los plagiadores de vidas, de los angustiados, pero no por razones que ellos mismos aducen a otros, no, de los angustiados ante su propia mediocridad, y angustiados por no tener ideas ni vida propia. Algunos de esos “angustiados” pasaron por París, llamaron a mi puerta, y me pidieron ayuda, hice lo que pude. Hoy ni siquiera me conocen, aun cuando han repasado mi vida detalle a detalle para luego imitarla.

Pero lo que más he sentido es esa apropiación de mis libros por otros. Esa pérdida de mis anotaciones, de mis pensamientos, a los que siempre quise acceder cuando necesitara revisar algún fragmento para mi trabajo.

Sin embargo, me gustaría mucho recuperar esa biografía de Marguerite Yourcenar. Así que cualquiera que la esté leyendo en La Habana, por favor, ¿podría devolvérmela?

Deuville-Trouville

Jueves, 21 Agosto 2008

Camino por las calles de Deauville, recuerdo las calles de La Habana, y un hotel, frente al Malecón, que se llama también Deauville, mi madre fue camarera de la cafetería de aquel hotel. Bajo hacia la playa, con dos libros en el bolso, Nuestros pluralistas, de Alexandre Solzhenitsin, y un librito que acabo de comprar sobre Marcel Proust en Cabourg. Tranquilidad, la playa desierta, es todavía muy temprano.

Empieza a levantar la mañana y camino por el borde hacia el muelle, tomo una embarcación que me conduce a Trouville, lo primero que encuentro es un monumento a Gustave Flaubert y luego una calle que desciende a la playa bautizada como Marguerite Duras. El sol pica tenuemente. El agua sube, casi cubre toda la arena.

Me quedo en la playa hasta que el agua se retira, y allá, en el horizonte, refulge un rayo verde, es justo el momento en que el sol desaparece detrás del océano.

Hoy es un día triste: el entierro de diez soldados franceses muertos en Afghanistán, y el avión de Spanair que tuvo el accidente en Barajas. Es un día aciago. Mi pensamiento a las personas que perdieron la vida y a sus familiares, aunque sé cuán poco es.