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Archivo de la categoría ‘Viaje’

Disturbios y perturbaciones

Lunes, 8 Agosto 2011

Una película sangrienta de Tarantino, eso es el mundo en el que vivimos. El fin de semanas hubo grandes disturbios en Londres, los que las provocaron se hacen llamar “indignados”, pero al parecer esa indignación, como la española, está manipulada desde los sectores de la izquierda radical y de la social-democracia. Entonces ya ni se puede creer en la indignación del pueblo, porque no es tal, es la indignación de unos cuantos, que necesitan ser reelegidos y controlan y monitorean la indignación de los pobres.

Por otro lado, las perturbaciones vuelven a los aeropuertos y a las terminales de trenes, justo en el momento en el que el pueblo se marcha de vacaciones. Estas huelgas ya nadie las entiende, porque estas huelgas sólo perturban el bienestar de la gente de a pie, ya que los políticos y millonarios viajan en jets privados y eso no los incomoda ni un milímetro en sus planes. Lo únicos que salen perdiendo son los de siempre, los tontos que todavía apoyan a estos huelguistas que deberían hacer sus huelgas, por ejemplo, en época de máxima faena laboral, por cierto, también mangoneados por los dirigentes sindicales, que viven como Carmelina, algunos de ellos.

El mundo, ya lo dijo un filósofo de pacotilla, se ha convertido en un huéleme el nabo indescriptible -perdonen la vulgaridad de la frase, pero el planeta ha caído tan bajo que esa frase suena finísima en comparación a la realidad. Y no añado que se podría comparar a un “bollo de perra”, como dirían el filósofo guabanacoense, porque las perras no tienen la culpa de nada. Y ya saben que yo, soy muy perra, perrísima.

Lucien Freud, viaje al cuerpo deseoso

Viernes, 22 Julio 2011

El pintor británico Lucien Freud acaba de fallecer, el nieto de Sigmund Freud no dedicó, como su abuelo, su arte y sus estudios a la mente humana, sino al cuerpo, deseoso, aunque como en aquel verso de José Lezama Lima: “deseoso es aquel que se aleja de su madre”, su pintura lo aproxima a los estados primarios a los que se refería el célebre psicoanalista. Y sus desnudos son altamente psicológicos, porque él mismo penetraba las interioridades del cuerpo de sus modelos únicamente a través del pincel.

Hace poco tiempo relativamente vi una gran retrospectiva de Lucien Freud en París, su obra es una de las que más me intrigan, porque creo que es complementaria de la de Bacon, una demasiado presente, directa y precisa, en el caso de Freud, y la de Bacon, bastante evasiva, extraordinariamente imprecisa, e insondablemente metafórica. Ambas se dan de beber.

Las formas de Freud son las del deseo, expresado a través del arte, o sea, idealizado en los modelos que bullen en la cabeza del artista, y presurosos en descubrir los secretos, las intimidades del cuerpo real , de la red entretejida de amistades y personajes que pulularon y frecuentaron esos lugares como santuarios, alrededor del mismo Freud.

La suya es una pintura efusiva, eufóricamente indiscreta más que erótica, aunque el erotismo juega el papel individual que cada quien le confiere. Freud es el pintor que consiguió licuar los cuerpos, del mismo modo que una lágrima que desborda de un ojo. Su relación personal con los modelos aumentaron el significado potencial de la visión del artista sobre el cuerpo, el objeto tratado ya no quedó apartado del artista una vez pintado, y ese es uno de los principales alcances de su obra: la estela imaginaria que persevera en la imagen jamás olvidada.

Empezó siendo surrealista, y luego hizo un viaje trascendental hacia el expresionismo figurativo, aunque él afirmaba que: “Yo pinto gentes”. Exclusivamente.

Se dice, sin confirmarlo, que tuvo cuarenta hijos, algunos reconocidos y otros no. Pero si la obra es considerada como “hijo”, entonces fue un padre bastante más prodigador de vástagos muy reconocidos por el mundo del arte y por el gran público. 

El hombre de la palmera

Domingo, 10 Julio 2011

Fui a tomar el metro y me encontré con un hombre que cargaba una palmera, pequeña, por supuesto, paunque de dimensiones considerables, más alta que él en todo caso. Entró en el mismo vagón que yo, y la plantó en el piso para poder descansar. Estaba empapado en sudor. Los penachos de la palmera molestaban a todo el mundo y hasta una señora empezó a estornudar visiblemente airada.

Me dio idea de preguntarle hacia dónde llevaba la palmera. Y luego de acercármele un poco lo hice. “A mi casa” respondió. ¿Dónde vive? Insistí. “En una pequeña pieza, en Montmartre”, musitó. ¿Y por qué una palmera? Continué. “Adoro el trópico”. Entonces ya no tuve nada más que comentar.

El tipo de la palmera salió al cabo de algunas paradas, con su palmera al hombro, y ya nunca más lo veré. En el metro entonces la gente empezó a preguntarme ¿qué me había respondido en relación a la palmera?

Nada, más o menos que le gusta el trópico, contesté. Entonces cada cual volvió a lo suyo, y ni gracias me dieron.

A todo el mundo le extrañó ver a un hombre con una palmera, sin embargo, estoy segura que les hubiera extrañado menos ver a uno con una bazuka. Vivimos tiempos tontos, peligrosamente tontos.

Escapar de Cuba en un paquete DHL

Lunes, 4 Julio 2011

Sandra de los Santos es una cubana que escapó de Cuba hacia Las Bahamas, y desde allí, dentro de un paquete DHL hacia Estados Unidos.

Día de la Música en Francia

Martes, 21 Junio 2011

El día más largo, la noche más breve.

Atardeceres

Domingo, 10 Abril 2011

Miami es una ciudad de grandes contrastes, puede que un nubarrón empañe el cielo, y de súbito, en menos de dos segundos, el cielo se despeja, y aparece un sol radiante, del sol radiante podemos pasar también al sol achicharrante, con igual rapidez.

Yo no las tenía todas con Miami, había empezado a detestar la ciudad, porque además de que no podía caminarla, aquí todo se hace en automóvil, el metro es un desastre, y los buses son peores. Pero empecé a reconciliarme con Miami cuando, sentada en una terraza, mientras pensaba en lo que ha ocurrido en Japón en las últimas semanas, y lo que está aconteciendo en el mundo, pude disfrutar de uno de los atardeceres más hermosos de mi vida. Lo retuve en la retina, apretando los párpados, creyendo que no volvería a ver uno igual. Fallo mío. Al día siguiente tuve otro atardecer todavía más bello que el anterior, y así ha sido, atardecer tras atardecer, la hermosura no deja de sorprenderme.

De vez en cuando, en medio de los contrastes de esta ciudad, y de los horrores del mundo, hay que detener la maquinaria, y ponernos a contemplar atardeceres. Toda la respuesta de la vida está en ellos, en su misterio, en el dibujo perdurable que dejan en nuestros recuerdos.

TVE habría considerado que con Franco Madrid era una maravilla

Viernes, 18 Marzo 2011

Acabo de ver el documental de TVE Españoles por el mundo: Habana.

Bien, empecemos porque se escribe correctamente La Habana, y no Habana. Después, yo me pregunto, si este programa televisivo se hubiese hecho en épocas del dictador Franco, ¿también TVE habría considerado que la ciudad de Madrid era una maravilla como acaba de hacer con La Habana bajo la dictadura de Castro? Para ser honestos, Madrid no era una maravilla exactamente, pero no se encontraba en una situación tan depauperante como se encuentra La Habana, y toda Cuba, en la actualidad, y los madrileños no vivían en la miseria más absoluta como la que soportan desde hace 52 años la mayoría de los cubanos.

El programa Españoles por el Mundo: Habana, es un insulto a los cubanos, una humillación inaguantable, lleno de errores y de tópicos todos castristas, repleto de mentiras, todas a favor del castrismo. ¿Por qué no dijeron la verdad? Que la mayoría de las mujeres españolas que allí se presentan fueron, en realidad a Cuba, a buscar rabo encendido, a que le dieran la manguera que no le dieron sus maridos españoles, a comprarse sus mulatitos, a beber ron, y a volverse fanáticas de la santería como último recurso de subsistencia, y además para aplastar con sus pasaportes, sus viajes, sus diferencias, al resto del pueblo cubano. Esa es la pura verdad.

Pero lo peor del programa no son los españoles que hablan, son los cubanos, oficialistas, como el actor Jorge Perogurría, que sabe muy bien lo que es Cuba, pero que tiene que manifestarse de la manera que lo hace para que lo dejen hacer la peliculita en España y le permitan lo que no le permiten a la mayoría de los cubanos: viajar.

Decir que la gallega Juanita Mateo embelleció a la mujer cubana -como Perogurría hizo-, sobre todo con la cara de cacatúa que tiene la Mateo, que fue de hippie a Cuba e introdujo unos productos de belleza de medio pelo, en un país donde habían los productos de Mirta de Perales, y donde las cubanas, más bellas no podían ser, se vestían en la época con Christian Dior, en El Encanto (los dueños de El Encanto fueron los que hicieron posteriormente Galerías Preciados y El Corte Inglés en España), ¿cómo se puede hablar tanta mierda por segundo? No se pierdan cómo se transporta a Juanita Mateo en La Habana, dónde vive, en un auto del año 1929, como nuevo, y en una residencia del año 1929, que seguramente perteneció a algún magnate cubano, o a una familia trabajadora, que las había y llegaban con su esfuerzo.

Fíjense cómo se dice que el Hotel Hilton era de la mafia, cuando el hotel Hilton pertenecía al esfuerzo de sus trabajadores, que poseían una caja común y ese hotel constituía su retiro potencial su jubilación. Así que el castrismo lo que hizo fue quitarle a los trabajadores su futuro. Ahora sí que esos hoteles están en las manos de la mafia castrista y española, de ETA, del Opus Dei, y de españoles como estos que se van a buscarse mulatitos, negritos, y autóctonos para que les den sarandonga.

El Centro Gallego y el Centro Asturiano lo hicieron los cubanos, ningún inmigrante gallego tenía dinero suficiente para costear esos centros ellos solos, habrán participado, eso sí, pero no fue costeado únicamente por ellos, el grueso de la plata la pusieron los cubanos, que por esa razón fueron a refugiarse allí los españoles, porque no tenían ni dónde caerse muertos, como ellos mismos lo afirman.

Nada más asqueante que un programa como este, mentiroso y vejatorio. Les ruego que se tapen la nariz antes de verlo, porque apesta, apesta a castrismo por los cuatro costados. ¡Puaf!:

Un manatí vale más que veinte cubanos en Islas Caimán

Jueves, 17 Febrero 2011

Ayer vi este video y no pude dormir durante toda la noche. Me levanté a la seis de la madrugada, soñando que iba en el Metro, y que de buenas a primeras el vagón donde yo iba se zafaba del tren, y caía por un barranco hacia el mar… Y así seguí con esa pesadilla… una y otra vez.

Un manatí vale más que veinte cubanos en Islas Caimán, a eso nos ha rebajado el régimen de los hermanos Castro. Y luego, en esas Islas Caimán, los cubanos balseros llegan, y la policía no permite que se les asista con agua ni con comida, a los que huyen de Castro sólo la indiferencia. Vean este video, es horrendo, pero hay que conocer el horror que viven los cubanos, y la complicidad de algunos con el horror:

Proteger a Israel o liberar a Egipto de una tiranía

Sbado, 5 Febrero 2011

Cuando Hezbollah tomó un cargo importantísimo de poder, recientemente en El Líbano, gobernándolo, oi a algunas personas decir que eso pudiera significar la seguridad de Israel, porque de este modo, los terroristas dirigidos por y desde Siria se guardarían de atacar a Israel, con el objetivo de evitar que este país bombardeara a El Líbano.

Sin embargo, en este momento, esas mismas personas piensan todo lo contrario, con tal de que no tome el poder la Hermanda Musulmana en Egipto, cuyos sucesivos gobiernos pactaron la soberanía de Israel, y la protegieron. Con los Hermanos Islamistas cabe la duda.

Entonces, en lugar de reclamar la libertad de todo un pueblo, algunos enarbolan única y exclusivamente la seguridad del pueblo israelí, y la democracia. Estoy de acuerdo que debemos cuidar y apoyar a Israel y a su democracia, pero no al precio de que otros pueblos vivan esclavizados.

Tal como se ha visto, así es, así se analiza. Si ya detrás hay otra cosa del estallido social en Egipto, que es lo que todos hemos visto, y todo un pueblo hace un teatro del tema, entonces el mundo anda verdaderamente a la deriva, y yo no me he enterado todavía.

Eso pienso mientras los paisajes de la campiña inglesa pasan a todo meter por la ventanilla del Eurostar que me regresa a París.

Aromas, el instante y la emoción.

Martes, 25 Enero 2011

Resulta extraño comparar los olores de dos ciudades tan entrañables para mí como La Habana y París. El perfume de la primera se perpetúa en la memoria cual una caricia de engañoso enamorado, en la segunda todavía vivo la fascinación del instante, y aún sus huellas hierven y entibian mis sentidos.

Una es pasión, otra es deseo. Ambas íntimamente mezcladas.

La Habana huele a mar, en el primer impacto. Recuerdo que del puerto hacia la Habana Vieja, emanaba provocante la brea, y después de un insolente aguacero la hierba fresca mutaba en matojos podridos y cuando desbordaban los alcantarillados y cloacas se revolvían toda suerte de aguas, la límpida del océano con la turbia de la bahía, también la de la lluvia y la de los albañales, entonces el suelo despedía un vapor ácido, nauseabundo, y humeaba un aliento plateado del empedrado recién pulido por los riachuelos provenientes de los empinados callejones.

A la madrugada el cielo se tornaba de un azul oscuro, y de su inmensidad descendía la frescura nocturna, brisa que resbalaba de la montaña al llano, y las nubecillas se empantanaban en nuestros escotes de adolescentes, cubriéndonos de un perfume entre dulzón y salado. A esa hora llegaba mi madre, de su piel fluía la mandarina y el cundeamor, y una sequedad penetrante a ron y a semen encartonado en su vestido.

La noche habanera filtraba efluvios de besos demorados e hilillos seminales, recorriendo entre los muslos de las muchachas y los traseros de los jebos, atajados con un pañuelo al final de los tobillos.

La alborada penetraba con su manantial de leche cortada, café, y madera recién estrenada en un pupitre escolar. El calor intenso tostaba la basura amontonada en las esquinas, el mosquero me conducía por un pasillo estrecho, del techo se derrumbaba mierda y orines. La maestra enjuagaba sus manos con naranja agria, remedio contra las manchas, y contra la peste persistente a bacalao. Me fascinaba sacarle la punta al lápiz y husmear en el grafito.

Si obviamos el hedor de las axilas parisinas y del metro, la ciudad trashuma mirra y melocotones. Una dama muy garzona a lo Guerlain pasea su yorkshire por los Campos Elíseos y su disimulado bostezo exhala gardenias.

De súbito huele a antibióticos, y la ambulancia se detiene a socorrer a un accidentado, el vómito tiñe un charco bajo el contén de la acera.

En el Jardín de Luxemburgo el agua del estanque refleja pétalos verdosos o lilas, muy en el estilo de los nenúfares de Monet, y yo ando tan distraída en esos menesteres, imaginando que vuelvo a tropezarme con Samuel Beckett leyendo junto a su gato, y justo en sus ojos, y que acabo de pisar un mojón de perro muy bien esculpido, cual una de las obras magistrales de Botero, o de Cárdenas.

Un hombre salpica loción de rosas desde sus rizadas pestañas y el elegante gesto me recuerda a un gran y antiguo amor que en las noches más largas del mes de junio se sumergía en tinas de leche y de Kuoros de Ives Saint-Laurent, subterfugio para atraer a las melusinas.

París huele también a baguette crujiente y a croissant recién horneado a la mantequilla. En las madrugadas húmedas de soledad invernal un cálido tinto de Bordeaux nos perfuma las entrañas.

Y más tarde, en el amanecer convidado, un té verde y unas madeleines proustianas: al llevármelas a la boca, y morderlas suavemente, mi nariz atrapa la sustancia nacarada de la bahía habanera.