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Bernardette Chirac

Lunes, 7 Marzo 2011

En estos momentos en los que el ex presidente Jacques Chirac será juzgado -ya casi nadie recuerda por qué, por presunto desvío de fondos cuando era alcalde de París- hemos visto algunas breves entrevistas con Bernardette Chirac, a la que no han conseguido sacar de quicio, ni removerle el terreno. Bernardette Chirac ha sido una de las Primeras Damas de Francia que se ha comportado de una manera sumamente discreta, y al mismo tiempo no ha parado de ayudar a los enfermos, notablemente a las jóvenes anoréxicas, a través de las clínicas o Casas Solenn, que ella misma ideó.

A casi todos los que han sido alcaldes de París los juzgan por lo mismo, debe ser que los fondos están ahí esperando a ser desviados para luego justificar los juicios. Bernardette Chirac, sin embargo, pudiendo haber dado pretexto a su esposo, se ha mantenido en la discreción más absoluta. Cuando le preguntaron si era verdad, como se decía, que su marido padecía de Alzheimer, o que había perdido el juicio, pudiéndole tirar la toalla, contestó dignamente que su marido se encontraba en perfecto estado de salud.

Admiro a esta mujer, no puedo evitarlo. Es una mujer inteligente, con un sentido del humor refinado y un sentido de la ironía elevado. Ha pasado por alto los affaires sentimentales de su marido con gran elegancia y no ha convertido tal materia soez en culto de profanación para curiosos. No es una mujer bella, es bajita, y nada en su cuerpo es agraciado, pero ella misma es la gracia; difícil explicarlo, pero creo que su halo de bondad, y al mismo tiempo de picaresca, ha hecho de ella una mujer digna de admirar a través de su propio trabajo, apartado del de su esposo.

Alguien me contaba el otro día que mientras que Chirac fue presidente, el invitado a todas partes era él, y ella debía quedarse la mayoría de las veces sola en el Eliseo; ahora es ella la que es invitada a todas partes, y es Chirac que quien le pregunta cada noche: “Pero, en fin, Bernardette, ¿sale usted hoy otra vez?” Y ella sonríe y asiente.

En cualquier caso, no es una mujer que tampoco se muerde la lengua, y al pan pan y al vino vino, y cuando debe mandar a callar a su marido, lo hace, como ocurrió durante un discurso en el que ella debía tomar la palabra -ya él estaba jubilado- y el ex presidente no paraba de hablar con una rubia que no encontraba silla entre el auditorio.

Cuentan, además, que las más hermosas mesas del Eliseo se hicieron en época de Madame Chirac, pues tiene un gusto exquisito para presentar los banquetes, sin que estos sean horriblemente ostentosos, dentro de la fineza francesa, eso sí.

Espero que Madame Chirac puede sentirse fuerte en los próximos días para afrontar lo que les cae encima, espero que le sea leve.