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Actores politiqueros

Mircoles, 26 Noviembre 2008

Se han puesto de moda los actores politiqueros, para colmo entrometidos en lo que no les incumbe, porque si les importara de verdad no habrían dedicado la mayor parte de sus vidas a ser actores y a repletarse los bolsillos con el dinero que viene de lo que tanto denigran en general los dictadores que ellos aúpan, del arte.

Me refiero directamente a actores como Benicio del Toro, Sean Penn, entre otros. Benicio del Toro desde que interpretó al Ché se ha nombrado él mismo embajador de las causas justas, como si el Ché lo hubiera sido. Peor asesino ¿habrá que inventarlo? No, ya existe, se llamó el Ché. Pero Benicio sigue dándole la vuelta al mundo con la muela de que el Ché era el gran justiciero de la tierra. Pero, ¿de dónde le sale este carisma político a este actor hollywoodense, uno de los mejores pagados de la industria, y con un Oscar a sus espaldas? De la nada, le sale de una simple experiencia, mal habida, por demás, mal diseñada, de un director que hizo una película mala, mentirosa, y costosa, seguramente. ¿Cuánto se embolsilló del Toro por esta película? Nadie se lo ha preguntado, ¿a cuántos niños hambrientos les ofreció la paga de lo que ganó?, tampoco él lo ha dicho, porque seguramente no ha matado el hambre de ningún inocente.

El último que se adhiere a esta moda, aunque lleva tiempo baboseándose con Hugo Chávez, es Sean Penn. Estos actores, lo repito, cuando no les da por la cientología, les da por cualquier otro tipo de sectas, las de las dictaduras de izquierda, por ejemplo.

Pues bien, Sean Penn, olvidándose del rol que jugó junto a Susan Sarandon como condenado a muerte, apoya desde hace rato a la dictadura cubana, una dictadura que durante cincuenta años no ha dejado de fusilar y de desaparecer a luchadores por la libertad, una dictadura que tiene presos políticos hasta por los codos, y que desde hace cinco años ha llenado con poetas, bibliotecarios independientes, y con el médico negro Oscar Elías Biscet, las cárceles de castigo, las celdas tapiadas.

Sean Penn juega el papel ahora de intermediario entre Raúl Castro y el presidente Obama; bueno, pero, ¿quién es Sean Penn? ¿Es alguien recomendable para semejante acción? ¿Se lo ha pedido el pueblo cubano? ¿Ha contado con los opositores, con los disidentes, con los exiliados, y con el pueblo cubano? Para nada.

Este señor se está poniendo viejo, como hombre y como actor, y andará buscando otro nuevo hueco bajo el sol, con una fortuna con la que ni siquiera hemos podido verle peinado y vestido decentemente, con una cara de clochard que no la brinca un chivo.

Señor Sean Penn, dedíquese a lo que mejor sabe, a actuar, y no a payasear; como dijo un comentarista en el blog Penúltimos Días: “Yanqui, go home!”

Guillaume Depardieu, el apasionado.

Lunes, 13 Octubre 2008

Vivió solo 37 años. Acaba de morir en París, había regresado el domingo para curarse de una neumonía contraída durante un rodaje en Rumanía. Es uno de los últimos héroes pasionales del cine. Un joven que tuvo problemas con el alcohol, con las drogas, y serios problemas de comunicación con su progenitor, el actor Gérard Depardieu.

Vivía a mil, en una moto, hasta que tuvo el accidente, sufrió 17 operaciones y le amputaron una pierna. Los seguros no querían correr el riesgo con él, por lo que le costó trabajo que lo contrataran, pero así y todo siguió luchando con empeño por lo que sabía que era lo único que podía salvarlo: el cine.

Murió el niño arisco del cine francés. Hemos perdido al Arthur Rimbaud de la gran pantalla. Un chico inteligente, chirriante, mordaz, pero que sabía hacer lo suyo: actuar, y ser rebelde.

En esas dos aristas lo recordaremos siempre. Porque no podríamos nunca más olvidar al violinista de Todas las mañanas del mundo (1991) de Alain Corneau, en esa película bordó al personaje de Marin Marais. En 1996 estrena Les apprentis de Pierre Salvadori, lo que le valió un César para la mejor esperanza masculina en actuación.

Era un niño lindo, pero jamás fue un niño de papá. Era un niño prodigio, pero se negaba la prodigiosidad como único efecto. Supo “escupir sobre sus tumbas” a la manera de Boris Vian.

Nosotros lloraremos incrédulos sobre la suya.

Ocho veces sí.

Jueves, 9 Octubre 2008

Acabo de regresar de una proyección privada de la película 8. Es la película que forma parte del proyecto Ocho veces sí, en donde participo como escritora. Los gobiernos habían planificado que para el 2015 se irían a solucionar múltiples problemas que aquejan a la humanidad, pero al paso que vamos, no erradicaremos ni uno.

Entonces se creó este proyecto, ocho puntos de urgencia en la que nos comprometimos a participar para que el mundo vaya un poco mejor.

LDM Films presentó hoy, a los organizadores del proyecto, editores y escritores que participamos en él, la película dirigida por:

1.- Abderrahmane Sissako. Tema: Reducir la extrema pobreza y el hambre.
2.- Gael García Bernal. Tema: Asegurar la educación primaria para todos.
3.- Mira Nair. Tema: Promover la igualdad de sexos y la autonomía de las mujeres.
4.- Gus van Sant. Tema: Reducir la mortalidad infantil.
5.- Jan Kounen. Tema: Mejorar la salud de la madre.
6.- Gaspar Noe. Tema: Combatir el SIDA, el paludismo y otras enfermedades.
7.- Jane Campion. Tema: Asegurar un medio ambiente durable.

Como les expliqué en post anterior, el proyecto incluye un libro de relatos donde participamos ocho escritores:

Zoé Valdés
Björn Larsson
Taslima Nasreen
Moussa Konaté
Vénus Khoury-Ghata
Philippe Besson
Alain Mabanckou
Nikki Gemmel (bajo reserva)

Llego a casa y me pongo a leer la prensa. Me entero de que el artista británico Marc Quinn hizo una escultura en oro macizo titulada Sirena, y que se inspiró en Kate Moss. Kate Moss me cae mal de gratis, la pobre, igual es buena gente. Pero ni la veo tan bonita, además tiene un ojo en el ser y otro en la nada, como decía Guillermo Cabrera Infante de Jean-Paul Sarte y su bizquera. Y no creo que se ejemplo de mucho menos, más bien lo contrario.

A veces me gustaría ser un samurai, y como la cieguita Ichi, con el sable, partir esculturas en dos. Tanta hambre y tanta necesidad en el mundo y todavía la gente sigue mandándose esa clase anónimos. ¡Puaf, vomito!

Ver el proyecto 8 Fois Oui y 8 La Película.

Amor de cine.

Sbado, 27 Septiembre 2008

Amor de cine: amor puro. Dos hombres ocuparon mi corazón durante mi juventud: Marcello Mastroianni y Paul Newman. Aunque he vivido más enamorada del segundo que del primero. Con el primero se trataba más de una cosa sexual, una aventura de besos, caricias, en cualquier parte, al borde de la carretera, en una plaza romana, donde nos atrapara el deseo. Con el segundo imaginé incluso que me casaba, soñé que me era fiel, que nos éramos definitivamente fieles.

Ha muerto el hombre más atractivo. el más valiente, el más generoso, el más divertido, el más trágico, el más fiel, el más amante, el más marido, el más golfo, el más serio, el más aventurero, el más sorprendente, el más grande actor de Hollywood: Paul Newman.

Sus ojos azules, la voz cálida, daban la sensación de que en cada actuación estaba muy cerca del espectador; tan cerca de mí, que yo cerraba los ojos, a la espera del mojado beso en los labios.

Nunca me he sentido más gata sobre el tejado de zinc caliente que viéndolo, así, vociferándole a la mirada casi violeta de Elizabeth Taylor. Era un hombre discreto, no andaba haciéndose el héroe, él era el héroe. Como también dignificó la palabra verdad, sólo cuando su rostro quedaba en calma, reflexivo, y respondía suavemente, a sabiendas de que las opiniones, el pensamiento, poseen un valor incalculable.

Ha muerto, probablemente, un hombre sencillo, pero para muchos de nosotros ha desaparecido un dios. Uno realmente necesario, porque era humano. Y eso es lo que esperamos de los dioses, que se parezcan a Paul Newman. Aunque sólo sea por su humanidad.

Bailando con Meryl Streep

Jueves, 18 Septiembre 2008

Con permiso de mi admirada La naranja metálica hablaré un poco de cine. Acabo de ver Mamma mía!, filme basado en la comedia musical creada con las canciones del célebre grupo sueco Abba, y que es una magnífica adaptación libre de la misma. La realización está compuesta básicamente por mujeres, la directora Phyllida Lloyd, la guionista Catherine Johnson, financiado por Tom Hanks, Judy Cramer y la Universal, con el extraordinario protagonismo de Meryl Streep en el papel de Donna. Meryl Streep posee en cada interpretación un único objetivo, el de superarse a sí misma. Esta actriz de 59 años -luego me dirán, o dirá la politizada Susan Sarandon, que en Hollywood no hay papel para mujeres mayores de cuarenta- nunca ha cesado de interpretar roles cada vez más sorprendentes. Por favor, no dejen de verla: canta, baila, y actúa tan magistralmente, que a la salida del cine sólo quieres seguir viéndola. Los saltos de esta mujer no me los podía creer si no los viera con mis propios ojos, los giros, la forma de cantar, posee una voz sublime, de matices múltiples, y en ella incorpora los sentimientos del personaje que interpreta con una facilidad, y al mismo tiempo una audacia, indescriptibles. Meryl Streep actúa para los actores que la acompañan y para el público, pero sobre todo, actúa para ella misma, para despojarse de su ser y para invadir esos seres imaginarios que la han hecho la mejor actriz de nuestro tiempo.

En lo único en que se equivocó Marlene Dietrich fue en decir que Meryl Streep era una mujer fea. Meryl Streep es una mujer distinta siempre, recuerden la belleza fría en El diablo se viste de Prada, la belleza agotada de la madre en Kramer contra Kramer, la belleza de la inteligencia en Out of África, cuando interpretó a la novelista Isaac Dinesen, o cuando se puso en la piel de una judía acorralada por los nazis en La decisión de Sofía.

Pero Mamma mía! es una comedia musical, su ligereza es su virtud, y de ella salimos revitalizados. Las actrices que corean a Meryl Streep no se quedan rezagadas en su performance, y tampoco los actores. Pierce Brosman está para comérselo, y debo confesar que su voz es una de esas voces cálidas y enamoradas que yo haya escuchado en mucho tiempo, y que me puso el vello de punta.

No entiendo por qué tanto lío con el bodrio de película Ché y con la otra, Wanted, la Angelina Jolie ya sale hasta en la sopa, hinchada que no le cabe una gota de silicona más, aunque ella dice que es natural todo. Natural es Meryl Streep, natural de chez natural, bella. La verdadera película que vale la pena en este otoño es Mamma mía! se los aseguro, basta ya de la sufridera en el cine, y la comezón de coco ideologizante, o de los chorroso de sangre. ¡A bailar y a cantar y a reir con Meryl Streep! Esto es para mí también el gran espectáculo del cine. Y cuando está bien hecho, tanto mejor.

Creo que Phyllida Lloyd deberá enseñarle a Lars von Triers lo que es una comedia musical, recuerden aquel desastre de Dancing in the dark, en el que nadie danzaba, y Björg aullaba sus propias canciones antes de que la mandaran a la horca. Un espanto.

Hoy me entero del fallecimiento del director de cine cubano Humberto Solás, el Visconti cubano, seguramente le habría gustado mucho ver Mamma mía! Que descanse en paz.

No dejen de disfrutar de la belleza y la inteligencia de la gran dama de la cinematografía mundial, una belleza diáfana, la belleza del verdadero arte.

Ciclón.

Viernes, 5 Septiembre 2008

Otro ciclón ha pasado por Cuba, no sólo por Cuba, ha pasado por Haití, y por la República Dominica, pero todos los diarios prefirieron citar el peligro que eso significaba para Cuba, ¿Y Haití qué? ¿Y Santo Domingo qué volá?

Un ciclón pasó por Cuba, otro más en la larga trayectoria de ciclones que registra la isla, destruyó en abundancia y con perfidia, y de nuevo la gente se quejó con ganas, y ya hay llamadas internacionales para enviar ayuda a Cuba. Hasta Obama ha hablado del asunto, no hay como un buen ciclón para épocas de campaña presidencial.

¿Hizo algo el gobierno cubano por las personas que han perdido todo? No hizo nada de nada, naitíca, y ni esperen que haga nada. Es ya histórico, pero ahora la Unión Europea y Estados Unidos, esos dos grandes malos de la película seguramente enviarán ayuda humanitaria, al gobierno, no al pueblo, éste último no recibirá absolutamente nothing. Pasados unos meses, igual sólo semanas, las tiendas estatales venderán esas ayudas en euros o en dólares, y de paso ganarán plata con la tragedia.

Pero los buenazos siguen pidiendo ayuda para Cuba porque hubo un ciclón, y hay que oir el mismo babeo de turno. Sin embargo, me pregunto: ¿por qué no ayudar a Haití, o a Santo Domingo? El mismo ciclón pasó por allí, y arrasó. ¿O es que la pobreza y los ciclones tiene también marketing revolucionario?

Ah, me aparto del tema, aunque nadie me lo ha preguntado, no pagaré para ver una película sobre el argentino que más cubanos ha asesinado. Benicio del Toro, qué bajo has caído, me acuerdo cuando te recibimos en casa, luego de la lectura de mis poemas en el teatro Molière por Chiaria Mastroianni, y fue tan agradable escuchar música juntos, y hablar sólo de música. Mirándolo bien, de la que se salvó Chiara.

Y para lo sepan en Japón, como diría un dominicano y el escritor Enrique del Risco, me voy a poner yo solita a hacer campaña para enviar ayudas a Haití, al fin y al cabo es un pueblo que se lo merece, ha sufrido la misma tragedia, es muy pobre, y se ha levantando treinta veces en contra de los tiranos. ¡Aché p’a ellos!