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Clint Eastwood y el más allá

Sbado, 22 Enero 2011

En dos ocasiones me he tropezado con Clint Eastwood, ambas durante el Festival de Cannes, en la primera yo formaba parte del Gran Jurado, en la segunda había asistido a un homenaje a la actriz Faye Dunaway, que yo había ayudado a organizar.

Clint Eastwood es un gran señor, alto, sonriente, amable, caballeroso, silencioso, parece un ser venido del más allá. Nada tiene que ver con este presente lleno de ruido, de voces que no dicen nada, de alharaca y perchería barata, como diría mi madre.

Acaba de estrenar una película sobre el misterio, así de simple, titulada Hereafter. Algunos dirán que el tema es sobre los médiums, o que es un filme de ciencia ficción. Nada de eso. Primero, no se trata de un filme, estamos ante una señora película, tal y como nos tiene habituados. Hay una gran diferencia entre una película y un filme. Una película es un acto de creación poética, un filme es una cinta de industria más.

Clint Eastwood siempre ha hecho señoras películas. Tal pareciera que nos las trae del más allá. Sin embargo, sus historias son verdaderas historias del más acá. Sólo que no somos lo suficientemente elegantes, inteligentes, maduros, silenciosos, para abarcar el misterio de la sencillez. Y por supuesto, muy pocos pueden darse el lujo de poseer su enorme talento.

Silencios asesinos

Viernes, 5 Febrero 2010

En estos días se ha hablado nuevamente sobre Nelson Mandela, debido a la película Invictus, dirigida por Clint Eastwood, y que protagoniza Morgan Freeman, y se refieren a él estupendamente, como un héroe, de quien se dice ha sido el prisionero que mayor tiempo estuvo en una cárcel sudafricana. La prensa repite y repite esta información que, pese a los años que estuvo Mandela condenado, es falsa. Nelson Mandela no es el preso que más tiempo estuvo en una cárcel, y los veintiséis años que pasó no los hizo completamente enrejado, muchos de esos años los cumplió en una casa con todas las comodidades habidas y por haber.

Lo que no se dice es que el preso que estuvo más años en la cárcel fue Mario Chánes de Armas, 30 años y un día, cubano, en las celdas castristas, enrejado, desnudo, torturado. Su hijo nació y murió y él no pudo conocer a su hijo. Por cierto, jamás un periodista se dignó a pedir una entrevista con Mario Chánes de Armas, aunque si lo hubiera hecho seguro Castro no la hubiera permitido. Después estuvo Eusebio Peñalver, 28 años, negro, cubano también. Y la lista es larga, de cubanos, y de coreanos.

Lo terrible no es que la prensa no investigue sobre esto, lo espantoso es que el propio Mandela ni siquiera se preocupe por desmentir, y mucho menos se inquiete por los presos políticos cubanos, y además de que sea incondicional amigo de los Castro.

Sobre el tema pueden leer tres posts en el blog Emanaciones de Juan Abreu, ver en 417, 418 y 419. Yo comprendo la ira de Juan Abreu, yo misma la he sentido. Mientras camino por el Boulevard de La Bastille hacia la boca del metro reflexiono en la desgracia que nos ha tocado a los escritores cubanos, o sea, a aquellos que -con vergüenza- hemos decidido contar la verdad. Primero, no nos hacen caso, o apenas; segundo, las puertas se nos cierran. Me refiero a las puertas a las que debemos tocar para publicar nuestros libros y para conseguir trabajo. El riesgo, cuando se es exiliado y la familia importa, no es nada banal; sin contar los constantes ataques de los esbirros castristas y sus secuaces latinoamericanos.

El silencio en torno a los presos políticos cubanos es un silencio más que cómplice: asesino. Hoy, en una cárcel, desde hace 60 días, el preso político Orlando Zapata Tamayo se debilita, su madre fue golpeada ayer en las calles de Camagüey mientras pedía libertad para su hijo, sin embargo, la prensa vuelve la cabeza hacia Hollywood y otra vez a Nelson Mandela. Hace unas semanas falleció en Cuba Gloria Amaya, la madre de Ariel Sigler Amaya, preso político en estado de gravedad. Las imágenes de Gloria las colgué en este blog, eran las de una anciana enferma, delgadísima, que se erguía para denunciar al dictador; pocos comentarios recibí y hasta uno insultante. A esta señora la mató de sufrimiento la dictadura castrista, pero a ello contribuyó el silencio colaboracionista mundial.

Vivimos en un mundo donde domina el estrellato hollywoodense, y si no sales en youtube y no has aprendido a twittear mejor que te parta un  rayo. ¿Merece la pena vivir en ese falso espectáculo constante? ¿Quiere decir algo realmente la palabra libertad cuando vivimos condenados por los focos y los héroes que se inventa el izquierdismo? Desde luego que no, pero esto fue lo que trajo el barco.