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Agresiones izquierdosas.

Martes, 15 Diciembre 2009

A Bush le dieron un zapatazo, a Berlusconi le partieron dos dientes y el labio -no es que el Berlusconi sea santito de mi devoción, aclaro-, a Herman Tertsch le dieron unas patadas en las espaldas y lo enviaron al hospital.

Es propio de los izquierdosos, lo de ellos es agredir, golpear, asesinar. Típico de la gente a la que se le acabó el argumento, y como tienen que seguir cobrando, pues, aunque sea a puñetazos.

Hace poco golpearon a las Damas de Blanco en Cuba, sus familiares se encuentran presos desde el año 2003, el año fatídico de la Primavera Negra. Las Damas de Blanco sólo manifestaban caminando en silencio por las calles habaneras. Pero las boñigas castristas salieron a agredir, que es la única manera que les enseñó el castrismo, y siguiendo la orden de los Castro insultaron, empujaron, y golpearon.

Pido a Dios que me de vida para ver a esas cagarrutas inhumanas hundidas en el lodazal de la historia. ¿Ven cómo no se puede uno escapar del lenguaje proletario? ¡Qué mierda!

Yo, por eso, hoy me cago mil veces en la estampa del Ché Guevara, en el corazón de los Castro, y me agradaría enormemente que a un pijito de izquierdas le pasara una aplanadora por encima, ojalá que le toque al Zapatiesta. A una otra.

Aclaración: Por supuesto que en el párrafo final utilicé imágenes literarias. Soy enemiga de la violencia, pero me irrita enormemente la desigualdad y el abuso. Estuve en España toda esta semana pasada y me doy cuenta de la susceptibilidad del tema. El zapatazo de Bush nadie se atreve a dárselo a Castro, el tortazo a Berlusconi nadie se lo da a Chávez, la patada a un periodista (aún por averiguar), tampoco se la darán a uno que provenga de un medio progre. La injusticia ya lleva otro nombre, otra cara, otro zapatazo.

La festividad de Barack Obama con el castrismo

Jueves, 1 Octubre 2009

Ya no es un secreto para nadie, a Obama le gusta la fiesta con el castrismo: El 20 de septiembre se produjo en Cuba una concentración musical liderada por Juanes -como pretexto el concierto Paz sin Fronteras-, previamente el propio Juanes se había hecho una foto con Hillary Clinton afirmando que el gobierno de Barack Obama consentía este encuentro musical.

Ayer 29 de septiembre la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba ofreció una recepción oficial en donde por primera vez no fueron invitados los disidentes, y por el contrario, sí asistieron los artistas de intelectuales de la oficialidad castrista. En la era Bush, los artistas e intelectuales también eran invitados junto a los disidentes, sólo que los primeros recibían una directiva de parte del Ministerio de Cultura impidiéndoles la asistencia. Bien, ayer fue el gobierno americano quien excluyó a los disidentes.

Se corre la noticia de que Barack Obama intenta un cambio por debajo del tapete con Cuba, pero antes  se propone darle por la vena del gusto a los Castro: quiere cambiar al exilio, domesticarlo, servirse de su docilidad. Obama aspira a que olvidemos nuestro dolor. Los verdugos que han provocado ese sufrimiento, no sólo no han pagado, todavía el mundo no ha pedido que se les castigue legalmente por la destrucción de un país, y el genocidio durante 50 años de un pueblo. ¡Y Obama pretende cambiar las cosas con ajetreo bailable, musiquita, canapés y traguitos de ron!

¿Nos merecemos esto los cubanos? ¿Se merecen esto los presos políticos, las Damas de Blanco? Claro que no, pero ¿a quién le importa?

Esa festividad, por supuesto, está apoyada por una caterva de irresponsables cubanos que, por obtener favores a cambio de esa dictadura, son capaces de vender hasta sus muertos.

Lo curioso que nos ha sucedido a los cubanos es que, a la inversa que a los chilenos y a los argentinos en las épocas de sus dictaduras, el mundo democrático prefiere apoyar a los representantes de la dictadura, que a los exiliados. Es la razón por la que en España -aunque no sólo- se produzcan más películas de cineastas castristas que del exilio. Del exilio, ninguna. Y con las otras artes, sucede lo mismo. En los eventos de arte, invariablemente se escogerán los pintores que Fidel Castro tiene en la sala del Consejo de Estado, pero si se presenta un pintor del exilio, en raras ocasiones consigue un espacio.

Sin embargo, con pocos recursos, sin apoyo de ningún tipo, todavía existen en Cuba personas y artistas que aman la libertad y que arriesgan todo por ella, es el caso de Ciro Díaz Peneda (de Porno para Ricardo), y del fotógrafo Claudio Fuentes Maden, que recientemente hicieron este pequeño cortometraje con las Damas de Blanco: