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Un criminal en la tele

Martes, 10 Febrero 2009

Me acabo de enterar por este periódico, que en un programa de televisión de estos de reality show habían aceptado sin saberlo a un joven que asesinó a sus padres cuando tenía quince años -no se ha desmentido el asunto, o sea que debe ser verdad-; el joven se llama Cyril Jacquet, nombre de protagonista de novela gótica (¿será francés?No, es suizo, me aclaran). Esto me suena mucho a Dostoievsky, y me tiene encandilada. Porque yo siempre supe que la televisión llegaría a niveles insólitos de basura, pero esto ya es de poner el culo directamente y cagarse en la pantalla. A todo esto, el chico y la novia responden en otro programa (porque ahora verán en lo célebre que se convertirán sin haber hecho absolutamente nada, perdón, él si hizo, parece ser que mató a sus padres a tiros), que no quiere darle más coba a los medios, y ella que hay gente que tira mierda encima de la vida de los demás. Qué cara hay que tener, damas y caballeros.

Yo nunca quise matar a mis padres, y mira que me jodieron, pero supongo que si lo hubiera hecho, después de cumplir la condena,, me hubiera quedado tranquila en casa, trabajando en algo honesto -ya sabemos que la tele no lo es-, y hubiera dedicado tiempo a rehacer realmente mi vida. Pero este chico, no. Este chico, que pudo hacerse famoso matando a sus padres y no lo consiguió, decidió serlo, según cuenta la prensa, por la vía de Antena 3, que ignoraba el pequeño problemita que todo parece indicar que Jacquet no consideró como importante a la hora de entregar su curriculum vitae. A mí, en medio de todo el asco que esto me produce, al mismo tiempo me parece muy coherente. Y es una pena que los hayan expulsado, porque nos hemos perdido el espectáculo más prometedor de todos los tiempos, quien sabe, igual no, pero igual sí: un asesinato masivo en directo. Algo realmente digno de la cochinada de la tele.

Pero nada, también nosotros nos quedaremos con deseos; el chico y la chica con caras de personas decentes seguirán por ahí tomados de la mano añadiendo que el pasado es el pasado. Por favor, lean de nuevo Crimen y castigo de Dostoievsky, verán cómo el ruso se quedó corto, no, no, cortísimo; al lado de lo que estamos presenciando Raskolnikov era un niño del coro.

No les niego que como escritora considero el tema profundamente atractivo. Marguerite Durás ya habría escrito algo sobre Cyril Jacquet y su novia, una especie de novela de aquellas con diálogos minimalistas, donde Eros y Tanatos son los principales móviles de la trama, y sus seductores protagonistas. Yo es que me quedo de piedra, pero aún así, toda fría como de mármol, escribo; será porque el espíritu de la Durás se ha apoderado de mí. Será porque todavía me queda un poco de algo, quizás se llame sensibilidad, vergüenza, como quieran llamarle, y no me sienta todavía lo suficientemente perturbada para empuñar el hacha y salir a matar televisores.