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La fuerza del Líbano.

Lunes, 10 Agosto 2009

Ninguna guerra, ningún bombardeo, han podido acabar con la fuerza emprendedora de este país que visito actualmente, en familia, de vacaciones. Beyrut se reconstruye, sube, encendida, luminosa, hacia un cielo azulísimo. Luego, la noche de Beyrut asombra con sus mujeres descubiertas, maquilladas, escotes profundos, piernas y muslos al desnudo, sonrisas que enamoran. Hace calor en Beyrut, esta ciudad es toda llama, toda aroma de amor, de belleza, de vida.

Es cierto que vemos manadas de tapadas con burka, son saudíes, las que se creen que comprando una mesa a diez mil dólares en Sky Bar pueden cambiar la faz de la tierra, ya se piensan las dueñas del mundo. ¡Qué equivocadas están! Luego tendrán que salir echando de otro restaurante a la moda, la música les molesta, que se fastidien.

Pero Beyrut no son ellas, Beyrut es la mujer libre, los hombres que aman a las mujeres, la gente que se ama, que trabajan como locos para reconstruir el país, entero, y mejorarlo siempre. La ciudad de noche es toda incadescencia, música, mar, cultura. En medio de todos los sitios que visitamos: un bar-discoteca llamando El Gardel, por Carlos Gardel, donde se danza la parcharca, que es una mezcla de tango con casino cubano. También está la brisa marina,y la frescura de los cedros, y el alboroto nocturno, que hasta París ha perdido.

El Líbano vive, a pesar de Hezbollah, El Líbano sueña, y vuela como una paloma picassiana hacia la paz. La paz que ellos esculpen, piedra a piedra, sin resuello, con unas ganas del tamaño de un beso de Dios.

He visitado, y sigo visitando, el país de punta a cabo, y lo amé desde el primer día, con un amor sereno, y también apasionado, tal como es el amor, fascinante en sus múltiples cambios. He abrazado sus músculos, sus arterias, y me bañado en las aguas calientes de su mar, y de su sangre.

No sé de dónde saco todo este milagro de frases después de haber visto un país que no existen palabras para describirlo, tanta es su intensidad, y su inmensidad, que desborda cualquier vocabulario. En un país donde los idiomas son tres: el árabe, el francés, el inglés, con semejante riqueza no hay nada que decir, no hay más que agregar.

En mi página www.zoevaldes.net, brindo un reportaje detallado de cada uno de los sitios en donde estuve. Pero no quería dejar pasar un momento sin que los lectores de este periódico supieran que una de las mejores destinaciones en estos momentos es, sin duda alguna, El Líbano.

Para colmo de bienes, los precios son muy bajos, más bajos que en Europa, se puede pagar en libras libanesas, en dólares, y en muchísimos sitios también en euros. Se come como en el paraíso, ¿se come en el paraíso? Si fuera el caso, pues se come como en el paraíso, lo repito.

Ah, y se encuentran productos europeos y americanos. Verán malls al estilo americano, y también centros comerciales al estilo europeo. Las librerías surtidísimas, así como los cafés webs de revistas, caso raro en otros lugares. Aunque es cierto que las conexiones internet no son las mejores.

Suspiro mientras escribo este post, suspiro con ganas de salir a la calle a ver rostros alegres, ojos de pestañas espesas y pupilas brillantes, y de sonrisas amplias. Suspiro porque este país posee una energía fuera de serie. Suspiro porque hablar aquí de la gripe porcina es parecer un loco de remate. En el 2006 fueron bombardeados, en zonas específicas, donde se halla Hezbollah, pero bombardeados al fin y al cabo, hoy alcanzan una mejoría muy superior a la que tenían antes.

El cielo, el mar, Marie Keyrouz

Martes, 4 Agosto 2009

El cielo y el mar, silencios agudos, licuados, la brisa recoge pétalos dorados. La mujer entreabre los labios. murmura una melodía. Otra vez, sin cesar, el viaje. El viaje del pájaro hacia la garganta de una nube. Canta la hermana Marie Keyrouz. Su canto es el canto de la paz, el de la libertad.

Viajo hacia El Líbano, por primera vez, y a través de los ojos de Marie Keyrouz, el cielo se desdobla, el arcoiris rezuma un aroma oriental, y el perfume de los higos renace en una gota salada, incrustados en las rocas, a la orilla de la playa.

La mujer dice el tiempo, dice las guerras, dice la armonía, y dice, más que nunca, la sabiduría. Marie Keyrouz abre los brazos y la luz atraviesa los senderos bordados en las nubes.

Ya estoy en El Líbano, tierra de amor, y de poetas, y de creación perpetua.