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Arielle Dombasle: Hasta siempre no, ¿hasta cuándo?

Domingo, 19 Junio 2011

Regreso en el tren desde Aix-en-Province a París. Acabo de participar en unas Jornadas de debate en homenaje a Alexandre Soljénitzyne organizadas por Datcha Kalina y el Centre du Livre. Han sido dos jornadas donde se ha leído y analizado la obra del gran escritor ruso, premio Nobel de Literatura, que pasó siete años en un campo de concentración soviético, el autor de Archipel Goulag y de Une journée dans la vie de Iván Denisovich, entre otros libros que conforman una obra vasta, profundamente coherente.

A todos nos quedó claro que el comunismo no ha sido todavía juzgado en su verdadera dimensión histórica del horror. Que no ha habido un Nüremberg del comunismo. Michel Parfenov, quien fue el artífice que hizo posible que me invitaran a estas jornadas acogidas con un enorme interés por parte del público afirmó: “Digámoslo de una vez, el comunismo ha sido tan o más horrendo que el nazismo”. Había que decirlo de una vez. Dicho está.

Es Michel Parfenov quien me alcanza, ahora, en el tren donde viajo hacia París, el periódico donde usted, señora Arielle Dombasle, se atreve a afirmar lo siguiente acerca del Ché Guevara: il incarne toujours cette idée de sortir dans la rue pour changer le monde. Sí, cómo que no, cambiar el mundo con uno de los más crueles asesinos que la sociedad occidental ha querido comprarle al castrismo como su principal producto de marketing como el eterno guerrillero, heroico y erótico, para colmo convertirlo en mártir, olvidando de este modo y borrando de un plumazo la enorme cantidad de víctimas que cayeron a los pies de este criminal de un tiro en la nuca que él mismo les propinara burlón y fríamente.

Usted, madrina de la Gay Pride, se atreve a firmar lo siguiente: Si l’on met le nez dans l’histoire, on comprend que les choses sont plus complexes. Le Che peut être un personnage très criticable, mais je continue à le voir avec mes yeux d’adolescente, l’incarnation du Christ, d’«el pueblo». J’ai encore une corde qui vibre, qui aime et qui admire Che Guevara. Rien que d’articuler les mots «Hasta siempre comandante», j’ai envie de pleurer. Ça évoque une puissance de revendication et de nostalgie qui est en moi, parce que j’ai grandi dans un pays où, s’il n’y avait pas cet espoir de révolution, il n’y avait plus qu’à mourir. On m’a invitée à chanter Hasta Siempre en Tunisie, pour incarner la révolution. Je vais y aller, bien sûr.» «Pourtant, tout le monde n’a pas apprécié cette reprise, en particulier parmi les gays. Les gens du magazine Tribu Move m’ont dit : “Arielle, nous sommes très déçus que vous fassiez l’éloge de Guevara”. ça m’a valu des animosités aussi en Belgique. Parce que le régime cubain a été très répressif envers les homosexuels. Je suis désolée d’avoir fait de la peine à une communauté qui me soutient. Dans quelques jours, je serai d’ailleurs la marraine de la Gay Pride à Paris… » Yo no creo que usted ignore que el Ché Guevara fue uno de los principales perseguidores de homosexuales que hubo en Cuba, a muchos los mandó a la cárcel, a otros los mandó a fusilar, tan alegremente, con su boina de medio lado y su estrella, y todo el tralalá que lo acompaña, otros se suicidaron en Cuba o en el exilio, víctimas de los recuerdos de las persecuciones y la represión. ¿Ha leído usted a Reinaldo Arenas, a Guillermo Rosales, a Carlos Victoria? Espero que los lea y se entere.

Pero lo principal, ¿ha leído usted “El hombre y el socialismo en Cuba”, escrito por el mismo Che Guevara, donde en sus propias palabras describe a un hombre nuevo, que es, nada más y nada menos que el modelo del hombre nuevo hitleriano?

Usted dice que el Ché fue toda su adolescencia, como se nota que no tuvo usted que padecerlo, porque a usted habría sido una de las primeras a las que hubiera eliminado el Guerrillero Heroico para nada Erótico. Quiero decirle, señora, que yo fui uno de esos niños que tuvieron que entrar por la línea soviética del hombre nuevo guevariano, que tuve que obedecer a base de castigos psicológicos y físicos, callarme, fingir, aceptar la esclavitud, la humillación y el hambre a la que el castrismo y el guevarismo sometieron a toda mi generación, mientras tanto mi padre fue enviado a prisión, sin juicio, durante cinco años, denunciado por su madre. Y yo debí callar. ¿Sabe hasta cuándo debí callar? Hasta hace sólo pocos años que mi abuela murió en Cuba, y mi padre en el exilio. Cuando me preguntaban por mi padre yo debía esconder que se encontraba en la cárcel, a la espera de un juicio que nunca se produjo porque las cárceles se encontraban repletas de prisioneros políticos y no se podía añadir uno más, entonces, mejor situar a los que iban llegando, en un limbo agónico. Yo debí callar para que mi madre no perdiera su trabajo de camarera, y a mí no me expulsaran de la escuela o, como mínimo, no me hicieran mítines de repudio. Pero le aseguro que no fui la única.

O sea que, lo que para usted significa una imagen o un recuerdo romántico, para mí no tiene más que una sola lectura, en una sola palabra: Terror.

El Ché Guevara era un terrorista, es el padre del terrorismo, eso, a estas alturas, señora, usted no debería ignorarlo. El Che Guevara hizo la guerra de guerrillas, una guerra que ha traído muchos, demasiados muertos en América Latina. Bolivia no quería ni necesitaba de él, pregúntele usted a Régis Debray, a Benigno, uno de los compañeros del Ché en Bolivia, exiliado en Francia, pregúntele sobre la verdad de esa guerrilla. Acérquese a los libros de Jacobo Machover sobre el tema, y a tantos libros publicados en Estados Unidos escritos por testimonios de primera mano.

México, el país donde usted creció, no vive hoy uno de los mejores momentos, pero francamente: ¿usted quisiera para México lo que viven los cubanos hoy, una dictadura castrocomunista que dura ya 52 años? El Che Guevara era un comunista. En uno de sus viajes, hacia Argelia, hizo una escala en París, ¿sabe usted lo que hizo cuando vio un libro de Virgilio Piñera, escritor homosexual cubano, en un estante de uno de sus anfitriones? Pues el Che Guevara, señora Dombasle, le preguntó a la persona que lo recibía:

-¿Pero tú lees a este maricón? –Y acto seguido, con la pistola al cinto, lanzó el libro al latón de la basura.

Basta ya que en Francia artistas como usted se dediquen a dar opiniones à tort et à travers sobre temas que dañan la sensibilidad de personas que han tenido que padecer el horror perpetrado por el Ché Guevara. Los hijos de los fusilados por el Ché Guevara, sus familiares, los familiares que tuvieron que soportar los desmanes de este personaje le exigimos que retire sus palabras. De una vez y por todas, y deje de hacer la imbécil, que la Comunidad Gay también ha leído a Reinaldo Arenas, a Carlos Victoria, a Guillermo Rosales y a Virgilio Viñera, y saben de lo que hablo.

Sobre todo, lea usted a Alexandre Soljénitzyne. Nada más parecido el Gulag Tropical creado por el Ché Guevara que tanto a usted la hace vibrar y le da una voz de soprano, que al Gulag soviético descrito por el escritor ruso. Y para finalizar, por qué no se mudó usted a Cuba, esa isla hermosa de tantos boleros de los años ‘50 catalogados de decadentes por el mismo Ché Guevara, sí, los mismos boleros que usted interpretó en uno de sus discos, cuyos autores tuvieron que huir al exilio, acosados por la represión, para entonces haber actuado como miliciana en películas del realismo socialista a lo castrista, y haber cantado hasta desgañitarse loas al comandante, en el último escenario del comunismo, el de una isla convertida en Gulag?

¿No fue usted fotografiada por Néstor Almendros en una de las películas francesas en las que usted actuó? Por favor, vea usted los documentales de Néstor Almendros, homosexual, que tuvo que exiliarse dos veces, de España y de Cuba. Vea usted los filmes Nadie escuchaba y Mala conducta.
Espero que después de ver esos documentos testimoniales
su mente mejore, porque sinceramente a quién le puede interesar su voz después de haber leído tanta cantidad de sandeces juntas.


Entrevista con la actriz y cantante Arielle Dombasle en Libération.