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Muertos y más muertos

Lunes, 25 Julio 2011

No hay un perro día en que no abra la prensa, no encienda la tele, no oiga la radio, que no me hablen de puros muertos y de putos asesinos. Todos son muertos. Japón, por cierto, ya casi olvidado. El torero que en vez de matar a un toro mata a un chofer inocente (el simil del toro fue él el primero que lo usó, sin ningún tipo de respeto por la víctima). Le siguieron los muertos de Noruega y después Amy Winehouse. Todo esto cuando todavía estamos llorando los muertos de Haití. Bueno, los estamos llorando todavía los que tenemos memoria.

Es que no se puede no ya vivir, ni siquiera respirar, el ambiente apesta a cadáver. En las vacaciones muchísimo más, los accidentes de carretera suman cada día más fallecidos. Sumen los asesinatos de mujeres, las violaciones. Vivimos en un mundo donde sólo se enaltece la muerte, si no hay muerte no hay espectáculo, y como de eso se trata, del terrible espectáculo de matar, de fastidiar al próximo, no cesa; pues eso es lo que trajo el barco, sin más, no hay más vida sin esa retahíla de muertes.

Entras en las páginas de cultura no hay más que ver la cantidad de muertos, de malas noticias referidas a defunciones, de gente que mete droga, que se hincha de pastillas, y luego estallan. Tan simple como eso. Estallan hinchados de drogas y pastillas, y de todo eso se hace el mayor show, que durará máximo un mes. No, si es que esos shows no llegan a veces ni a los quince días. ¡Qué época tan espantosa, por favor!

Me pregunto qué clase de mundo le estamos presentando a los adolescentes, a los niños. Un mundo infernal, por supuesto. No quiero ni imaginar lo que vivirán las futuras generaciones después de haber crecido en esta caca de mundo barato de tumbas y cenizas. Pero para ese momento ya yo estaré muerta. Más tarde que temprano. Bueno, ojalá que no sea a la inversa.

Que tengan felices vacaciones plenas de vida y de buenas noticias.

¿Qué pasó con Haití?

Lunes, 22 Noviembre 2010

Las fotos que acabo de ver de la cantidad de muertos en las calles de Haití. Muertos por hambre, de desolación, y ahora de cólera, son imágenes insostenibles. Me pregunto que pasó con los políticos y la ayuda que le deben a Haití. Y sobre todo ¿qué pasó con la ayuda que se ha enviado a Haití, qué hicieron los políticos haitianos con ella?

Es muy doloroso ver a una mujer desnuda en una calle, agonizante, o muerta, a pocos pasos del hospital de Puerto Príncipe, como lo he visto en el Blog de Elisabeth Martínez. Es una verdadera tragedia, como bien la llama la autora del blog. Una tragedia de la que muchos se desentienden ahora, porque ya pasó el momento de mayor fuerza mediática de la tragedia.

El ser humano actual sólo se mueve como perro de Pavlov, con la lengua afuera, por lo que dice y dicta la televisión. Y como la tragedia haitiana ha desaparecido casi por completo de los medios de comunicación pues para la gran mayoría ya no hace falta ayudar a Haití. Una vergüenza.

Por suerte, algunos artistas millonarios han ido personalmente. ¿Se han implicado monetariamente en el tema, o fueron solamente por la foto? Es algo que no se aclara. Pero esperemos que así sea, y que Haití pueda recuperarse lo más pronto posible. Lo necesitamos todos.

Salgo de la boca de Metro de Odéon, y veo a un grupo movilizándose por no sé qué otra cosa. ¿Y Haití, les pregunto? ¿Haití, quoi Haití?Fue la respuesta.

Dolor de Haití

Jueves, 14 Enero 2010

Estuve en Haití hace dos años, hice amigos, amé ese país, y lo amo, profundamente, llevo recuerdos muy hondos en mi corazón. Escribí sobre lo que vi, que no fue poco, aun en pocos días. Pocos días, en comparación a la riqueza de situaciones que posee aquella tierra, que se necesitan meses para comprender del todo. Por suerte, ya yo estaba avisada por mis amigos haitianos de lo que vería, más allá de la propaganda y de las guías de viaje.

Me hospedé con mis compañeros en el célebre Hotel Montana, hoy destruído por el sismo. Visité todo Port-au-Prince, leí poemas en bibliotecas de barrios pobres. Cené con la escritora Evelyne Trouillot y su familia en un restaurant de Péntionville. También hice algunos desplazamientos con Emmelie Prophète, escritora; iba acompañada con su hija pequeña y cargaba con una barriga de varios meses. Me hice amiga de Kerline Devise, traduje y publiqué sus poemas del libro Mes Corps.

Ayer estuve todo el día intentando localizarlas, no he dado con ellas. Otra amiga desde La Guadeloupe está haciendo lo mismo, y nada. Ninguna respuesta. Espero que todo esté bien para ellas, y para los demás amigos, que dentro de la gravedad hayan podido salir ilesas. Las imágenes no pueden ser peores, y no tengo cómo describir el dolor que siento; no sé si esto, escribir, sirva para algo.

¿Qué habrá quedado del barrio Bàs-peu-chose y de los demás barrios en donde las casas son de madera, apenas unos bajareques donde poder cobijarse?

La foto del padre cargando a su bebé muerto que ha salido en todos los periódicos me ha dejado sin fuerzas, y sé que todos nos sentimos así, que no podemos comprender por qué le ha caído esta desgracia a ese país, tan luchador, que había conseguido apenas salir de los destrozos producidos por los huracanes del 2008. Los haitianos son gente de mucho empuje, que trabajan como hormiguitas, que se levantan siempre con energías poderosas, que creen en la vida, en el día a día, que tienen fe. ¿Por qué a ellos?

Quería compartir este momento de dolor con los lectores de El Economista y de EcoDiario, porque puedo suponer que estamos juntos en este dolor, y que ustedes como yo ayudaremos, en la medida de lo posible, a que Haití regrese a la normalidad.

Ahora sólo espero tener noticias de las personas que conozco allí, y que tanto aprecio.