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Huber Matos: “Fidel es un matón y Raúl un radical que mata de noche”

Martes, 31 Julio 2012

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Huber Matos hablando ante el Monumento de los Mártires, en Miami, hace unas semanas.

¿Quién ignora la historia del comandante de la revolución cubana Huber Matos? Creo que muy pocos. Antier, mientras iba en el metro a encontrarme con mi amigo Rogelio Martínez, de paso por París, pensé que en estos días de tanto dolor tras la muerte de Oswaldo Payá Sardiñas, el líder del Movimiento Cristiano Liberación en Cuba, y del joven activista Harold Cepero, en un simulacro de accidente de tráfico por parte del régimen castrista, necesitaba de una persona que fuera la más capacitada y autorizada para hablar de los Castro y de sus crímenes. Esa persona no podía ser otra que Huber Matos. Y esta es la entrevista, donde también se habla de la trayectoria de este hombre que conoció en carne propia de la maldad de los dos dictadores:

ZV: -¿Cómo fue su infancia y juventud en Cuba? ¿Quiénes fueron sus padres? ¿En qué zona de Cuba creció?

HM: -Mi infancia fue la de un niño que creció  en un pequeño poblado, en Yara, un pueblo histórico de la provincia de Oriente.  Mi padre era el juez del pueblo, como Cuba era una república joven no hacía falta ser abogado para ser el juez del pueblo.  Se escogía a una persona honorable y con prestigio.  El juez no cobraba sueldo. Además mi padre era un pequeño agricultor.

Mi madre era la maestra y directora de la escuela de cuatro aulas del pueblo. Era una mujer idealista que todas las noches nos leía a los cinco hermanos por una o dos horas, a la luz una lámpara de luz brillante.  Leía pasajes de libros históricos y de obra clásicas.  Lo hacía con el propósito de formarnos como personas de principios.  Nuestra abuela nos iba acostando en el orden que nos dormíamos.

ZV: -Era usted un joven cubano, maestro, campesino, ¿qué le hizo unirse a Fidel Castro y no formar un movimiento propio, independiente para hacer la revolución o liderar un cambio en Cuba? Usted no era comunista.

HM: -Yo no tenía el  propósito en despuntar personalmente. Mi interés era enseñar a la juventud allí donde trabajara como maestro. Cuando Batista dio el golpe de estado quería simplemente cumplir con mi deber de ciudadano en la lucha contra la dictadura. Yo militaba en el Partido del Pueblo Cubano.  Un partido que  representaba el legado de los fundadores de la nación cubana, se podría decir que era un partido social demócrata. Cuba se había convertido en república porque los Estados Unidos en lugar de ayudar a la lucha de los mambises  intervinieron en la guerra contra España.   Cuando se retiraron de Cuba dejaron una enmienda en nuestra constitución que les daba el derecho a seguir interfiriendo.

No en absoluto, yo no era comunista.

Los comunistas en aquel tiempo hacían mucho énfasis en la dictadura del proletariado y para mi cualquier cosa que propusiera una dictadura era la negación de la libertad.  La república tiene que garantizar los derechos de los ciudadanos y un nivel de vida aceptable. Los comunistas con su fanatismo y su dictadura eran un peligro para Cuba.

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Camilo Cienfuegos, Fidel Castro, y Huber Matos, La Habana, 1959.

ZV: -Después de haber sido uno de los comandantes más importantes del grupo de Fidel Castro, usted es juzgado por los hermanos Castro y condenado a más de veinte años de cárcel. Usted mismo apunta que Castro mató a Camilo Cienfuegos, tal como sospechan muchos. En su libro Cómo llegó la noche están fundamentadas esas sospechas. ¿Podría hablarnos de por qué cree usted que Castro asesinó a Camilo Cienfuegos? ¿Por qué Castro asesina a unos y a otros no?

HM: -Porque Fidel  sentía unos celos muy grandes respecto a Camilo.  Él sabía que Camilo y yo éramos muy amigos desde la Sierra y aun sabiendo eso, o por esa misma razón, cada vez que Fidel se reunía conmigo me hablaba mal de Camilo.  Me decía: “primero soy yo, después Raúl y luego sigues tú. A tí te sigue Camilo y el Che, pero si el Che fuera cubano estaría en cuarto lugar, en lugar de Camilo porque Camilo es un borracho”.  Yo le decía “no te equivoques porque Camilo  tiene pueblo y es una persona decente”.  Entonces él me rebatía buscándole defectos, decía que era un tipo desorganizado, etc.  Pienso que Fidel siempre creyó que en esto y en otras cosas podía convencerme a mí como lo hacía con otros.

Cuando Fidel dijo que nos reuniríamos Raúl, el Che, el y yo en mi casa en Camagüey para definir el curso de la revolución, le pregunté por Camilo y me respondió: “Camilo no cuenta en esto”.

Pero en público era otra cosa.  Buscaba que la simpatía hacia Camilo ser revirtiera para él, como cuando en un acto masivo preguntó: “¿Voy bien Camilo?”

Fidel en definitiva es un demonio con condiciones histriónicas.

ZV: -¿En qué momento percibió la traición de Fidel Castro?

HM: -Desde la Sierra yo empecé a desconfiar de Fidel. Me daba la impresión de ser un hombre vacío de principios.  No me gustaba su insinceridad y me daba cuenta que era cobardón y le gustaba el papel de actor.

Entre nosotros había un choque de personalidades y discutimos varias veces.  Fidel dirigía  la lucha pero le gustaba maltratar a sus oficiales, era injusto y le daban arrebatos. Pero el pueblo lo percibía como un patriota.

Era talentoso y peligroso.  Yo no aceptaba insultos ni injusticias y él sabía que siempre estaba preparado para enfrentarlo.   Era pícaro, se daba cuenta y después de cualquier discusión me decía “olvídate de eso que yo te necesito”.

Me sorprendió después del triunfo cuando de vez en cuando me decía que yo era el tercer hombre de la revolución.   Repetía que aunque no estuviera escrito en ningún lugar eso era así.  Yo siempre le respondía que lo que quería era reincorporarme a la enseñanza, que incluso había una plaza de Ciencias Sociales en la Universidad de Santiago que estaba lista para mí, que no me interesaba la carrera política.

Me di cuenta del problema comunista cuando llegamos al poder.  Había cierta alianza entre Raúl y el Che con los comunistas. Los comunistas empezaron a ocupar fincas y otras instalaciones para provocar y crear el caos.  Yo conocía las historias de los comunistas en Europa.

En una oportunidad en la provincia de Camagüey los comunistas tomaron una fábrica que preparaba carne en conservas.  Los dueños se quejaron y yo fui a reunirme con los trabajadores y allí me di cuenta que eran Raúl y el Che los que estaban atizando la huelga.   Lo que los revolucionarios queríamos era orden y justicia para poder llevar a cabo la reformas que se habían prometido. Ellos estaban saboteando eso para incitar la lucha de clases que en Cuba no existía.

Discutí esto con Fidel y él me decía que eran cosas de Raúl y el Che, que ellos querían llevar la revolución en otra dirección.  Insistía en público y en privado que él no era comunista.

Yo tenía sospechas que Fidel me mentía pero no estaba seguro.

Tenía que renunciar, plantear mi preocupación y dejar que los eventos como consecuencia de mi renuncia lo obligaran a definirse y así fue. En aquellos momentos el 26 de julio era un movimiento con fuerza, en la revolución la mayoría de la dirigencia no era comunista.  Creo que no me fusilaron porque el Ejército Rebelde no hubiera estado contento ni la dirigencia del 26, pero aunque hubo quienes se le enfrentaron en privado no hubo ninguna protesta significativa.

De todas formas después de aquello todo el que no era comunista y tenía principios sabía hacia adónde íbamos.  El aparato represivo no estaba organizado y hubo la oportunidad de frenar la comunicación de Cuba.  Lamentablemente el fracaso de Playa Girón consolidó a Fidel.

No creo que Fidel fuera comunista, ni lo fue ni lo es. Él fue un oportunista.  El comunismo le brindó la oportunidad de quedarse en el poder de por vida y convertir a Cuba en su finca privada.

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Raúl Castro y Camilo Cienfuegos.

ZV: - Usted fue torturado en la cárcel castrista, ¿por qué se le cree más a Castro cuando afirma en entrevistas con extranjeros que su Revolución no ha torturado a nadie, y no se cree o no se entrevista en contrapartida a personas como usted, o a otros que sí fueron torturados?

HM: -La prensa ha idealizado a Fidel Castro y lo ha ayudado a vender sus mentiras como verdades.  Con su enfrentamiento con los Estados Unidos logró la simpatía en el mundo entero.  Ha vendido su imagen a mucha gente tonta que en el mundo se la ha querido comprar.

Además de ser un inmoral es un actor.  Se dedicó a hacer la carrera política con perversidad y contra el pueblo cubano.  Como profesor de historia no conozco otro personaje que lo supere en la mentira y la perfidia.

ZV: –También en sus libros usted habla de la prominente cobardía de Castro en las batallas, que siempre se escondía detrás de Celia Sánchez y de Melba Hernández. ¿Por qué cree que ha trascendido la versión del héroe castrista en la figura de Castro y no la verdadera, la del cobarde que asesina por la espalda y se esconde detrás de la falda de las mujeres?

HM: -Por la misma habilidad que ha tenido  para vender la mentira como verdad.  Después de medio siglo de tiranía todavía hay gente que visita La Habana y reconoce en Fidel Castro a un reivindicador de la nación cubana, cuando ha sido todo lo contrario.

ZV: -¿Cuál es la cifra de campesinos, soldados, e inocentes asesinados por las tropas castristas durante la insurrección? Son víctimas de las que se habla poco, y también lo son…

HM: -Nosotros peleábamos contra el ejército no contra los campesinos.  Teníamos el apoyo del campesinado y la mayoría de los soldados del Ejército Rebelde eran campesinos de todas las edades.  Esa es la clave del éxito de cualquier guerra de guerrillas, que te escondan, que te ayuden con comida y con información y que sus hijos se sumen a la lucha.  Ahora hay un tipo de terrorismo insurgente que aterroriza a las poblaciones pero en aquellos tiempos la guerra de guerrillas se basaba en la cooperación de la población del campo.

Hubo algunos  infiltrados que Fidel ejecutó, fueron pocos.  En una oportunidad me enteré que quería fusilar a un camagüeyano que se había integrado al Ejército Rebelde porque sospechaba que era un infiltrado.  Yo lo conocía y subí a la Comandancia a garantizarlo.

Yo era jefe de guerrilla y nuestra función era pelear contra el ejército.  En realidad pocas veces descansábamos.  Todas las noches había que salir a combatir y muchas veces de día.

Cuando, camino hacia Santiago de Cuba, llegué a la Comandancia de Raúl Castro, Raúl me quiso enredar en un juicio a Nino Díaz y no me gustó el asunto.   Por supuesto que no me presté a la intriga. A Nino no pudieron condenarlo porque no había razón ni pruebas para ello.

En esa oportunidad Raúl mismo me dijo que antes de llegar él a la zona había unos bandidos alzados, que eran de Santiago de Cuba y que él había resuelto el problema. Cuando le pregunté como lo había hecho me dijo: Les di guiso.

Yo no tenía poder para investigar y cuestionar a Raúl Castro.  Pasé por allí para informarle cual era mi misión de acuerdo a Fidel.  La Columna 9 tenía que cercar  a Santiago de Cuba para poder lanzar la ofensiva final con un asalto a la ciudad.  Había que adelantar el triunfo de la insurrección y establecer en Cuba un Estado de Derecho.  Ese era el gran compromiso de la revolución.

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Comandante Huber Matos

ZV: -Huber, usted declaró en una entrevista que se puede ver en youtube, que pasado el tiempo no le queda más remedio que admitir que la época de Fulgencio Batista fue mejor que la de Fidel Castro. Viniendo de su parte esta consideración es de reconocer que sea usted uno de los primeros de esa generación en admitirlo, ¿podría ampliarlo?

HM: -Batista es el padre de Fidel, porque sin su golpe de estado Fidel no habría podido llegar al poder. Al romper el ritmo constitucional Batista le abrió la oportunidad,  luego lo indultó.

Pero no es comparable el daño que hizo Batista en sus siete años con lo que ha hecho Fidel en más de medio siglo.  Aunque Batista fue un usurpador no cometió en siete años de dictadura ni remotamente el daños que ha hecho el castrismo.

Batista no destruyó la República ni la moral de los cubanos como ha hecho Fidel Castro.  Creo que Fidel conscientemente desbarató la moral de los cubanos para que le obedecieran ciegamente.  Es un matón que sabe que intimidar le permite imponerse y no escatima cualquier medio por perverso que sea para lograrlo.

ZV: -Hace un tiempo lo entrevisté en su casa y me hizo una descripción de Raúl Castro como un tipo muy miedoso frente a su hermano Castro I, ¿podría repetirme la descripción que hizo? Y quizá contar algunas anécdotas, recuerdo una en particular en la que Castro I lo avergonzaba delante de otros compañeros…

HM: -En un encuentro a fines del marzo del 59 en el edificio del Tribunal de Cuentas Fidel reunió el pleno de la revolución.   Allí estaban los dirigentes del 26 de julio, los comandantes principales,  los ministros y algunas personalidades más. Éramos como cincuenta personas.

Fidel era el único orador y habló como tres o cuatro horas sin concretar nada. Entonces empezó a criticar a Raúl Castro como Ministro de las Fuerza Armadas porque había demorado el traslado de los cuarteles al campo.  Raúl trató de justificar la demora y entonces lo mandó a callar con malas palabras.  Raúl  trató de defenderse y lo aplastó con insultos. Raúl salió llorando a lágrima viva por la humillación, iba llorando con la cabeza baja.

Yo me di cuenta que aquello era muy serio.  Allí estaba toda la dirigencia revolucionaria.  Me puse de pie y dije “nosotros en la Sierra éramos una sola voluntad, ahora que estamos con la responsabilidades del poder esto nos obliga a actuar de forma que sigamos siendo una sola voluntad.”

Fidel se quedó como un minuto en silencio.  Entonces dijo “continuemos”.

Carlos Franqui estaba allí y cuando yo estaba preso se atribuyó la aclaración, pero cuando salí de prisión me dijo “Huber había que contar lo que pasó y yo no creí que sobrevivirías.  Espero que me entiendas y me perdones”.  Por supuesto que lo entendí.

En realidad Fidel aprovechó la ocasión para aplastar a Raúl y que todo el mundo le cogiera miedo.

Cuando terminó la reunión, Fidel me llamó y  me dijo “Huber, voy a hacer un recorrido por Latinoamérica, confío en tí, vigílame a Raúl”.  Era otra forma de hacerme creer que yo era importante, pero ese juego no iba conmigo.

En cuanto al temor de Raúl, eso era conocido. Raúl tenía fama de cobarde entre todos sus oficiales.  Raúl nunca iba a un combate. Una vez cuando le dijeron que venía el Ejercito le dijo a su chofer (Maro): “Óye, vámonos de aquí, arriba, vámonos”.  Maro contaba que como a la hora de huir de la Maya, le dijo a Raúl: “¿Qué hacemos? Aquí no van a llegar los guardias”.

Pero a Raúl le gusta ser radical y mandar a matar a la gente de noche.   Fidel Castro es un matón y Raúl un radical que mata de noche.

ZV: -Recientemente hemos asistido dolorosamente a otro asesinato más de los Castro, el de Oswaldo Payá Sardiñas. ¿Cree usted que verdaderamente sea un asesinato o lo duda como otros lo dudan? ¿Puede hablarme de las muertes recientes en Cuba dentro de la disidencia?

HM: -Los Castro son implacables con sus enemigos.  Lo de Orlando Zapata Tamayo fue un asesinato, aprovecharon la huelga de hambre para liquidarlo.  Zapata es un héroe y un mártir de esta lucha. Creo que a Laura Pollán la asesinaron también.  Como han asesinado  miles.  Hay muchas historias terribles que saldrán a la superficie.

Ahí está el crimen del remolcador 13 de marzo y también la masacre del rio Canimar.

En el caso de Paya el régimen ha actuado en forma tan extraña y que ha provocado demasiadas sospechas.  Si no tuvieron nada que ver en su muerte entonces por qué no fue transparentes desde el principio.  Les hubiera resultado muy fácil llevar a la viuda de Paya a Oriente a que conversara con los que se salvaron y en pocas horas todo habría quedado aclarado. ¿Por qué no lo hicieron?

ZV: -Precisamente Payá decía que el obstáculo para que Cuba sea libre no era el embargo o boicot comercial norteamericano a la isla, sino la tiranía totalitaria que oprimía al pueblo de Cuba. Sin embargo, últimamente una parte de la disidencia junto a una parte de un llamado “nuevo exilio” se empeña en que el problema es el embargo, ¿qué opina de esto?

HM: -Eso es mentira, el problema no es el embargo, eso es comprar la mentira  de los Castro.  El verdadero enemigo y el verdadero problema es la dictadura.

Ahora, como tienen miedo por la salud de Chávez están desesperados por llegar a un acuerdo con Washington y necesitan que se levante el embargo o que por lo menos permitan  a los norteamericanos viajar a Cuba de turistas.  Con ese ingreso podrían comprar en el mercado internacional parte del petróleo que necesitan para sobrevivir.

ZV: -¿Qué le diría usted hoy a los cubanos de Cuba, a todos?

HM: -Lo que dije hace dos días, junto al Monumento de los Mártires aquí en Miami. Compatriotas tenemos que cerrar filas para fundar la Nueva República.  Mientras no nos unamos en un solo frente los Castro seguirán cometiendo crímenes, seguirán atropellando al pueblo, seguirán ofendiendo de mil maneras a la nación cubana. Es bueno que haya muchas organizaciones, es una señal de vitalidad. Pero pasan los años y hay 20 o 30 grupos predicando su evangelio y su forma de confrontar al régimen.  Cada uno cree tener la razón.  Pero la tiranía sigue sometiendo  y explotando al pueblo cubano.

Después de este largo medio siglo, es hora de que de que abandonemos las aspiraciones personales, los liderazgos y otras cosas insignificantes. Nuestro país está arruinado  y nuestro pueblo está  desesperado.

Aquí está entre nosotros Reina Luisa Tamayo, la madre de ese gran cubano que fue asesinado con absoluta crueldad.  Un verdadero patriota que dio su vida por la libertad.  Perdimos a Laura Pollán en misteriosas circunstancias. Ahora ha tocado el turno a un gran hombre como Oswaldo Paya. Su  muerte ha sido manipulada por el régimen en una forma turbia y cínica. ¿Qué esperamos?  ¿Qué asesinen uno a uno a toda la dirigencia de la oposición?  Estamos obligados a la reflexión inteligente y a la decisión patriótica. Unámonos, dejemos a un lado todas las diferencias.  Hay que pensar en Cuba por encima de todo.

ZV: -¿Quisiera enviarle un mensaje a la viuda e hijos de Payá y a los familiares del joven Harold Cepero?

HM: -Que no morirán nunca si los honramos, y una manera de honrarlos es unirnos y continuar la lucha por la libertad de Cuba y luego unidos en la reconstrucción de la democracia en nuestra patria.  Que estoy convencido que Oswaldo y su compañero serán un ejemplo para la Cuba del futuro por su sacrificio y su prédica. Que compartimos su dolor y su orgullo como parte que somos todos de la familia cubana.


Gracias a Huber Matos y a su hijo Huber.

Miriam Gómez (2da parte): “Tengo la vida dividida entre Cuba e Inglaterra”.

Jueves, 14 Junio 2012

2da parte de la entrevista que iniciamos hace más de una semana en este espacio. Para leer la primera parte de la entrevista cliquee aquí.

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Miriam Gómez en la Estación de Trenes de La Habana, 1959.

ZV: -La familia de Guillermo, tanto el padre como la madre, eran también de extracción humilde, pero muy politizados, ambos eran comunistas. ¿En tu familia se hablaba de política, eran comunistas?

MG: -La familia de Guillermo era una familia pobre porque su padre era un militante comunista y trabajaba para eso nada más; pero eran intelectuales, leían mucho, tenían libros, heredados de su tio abuelo que era el intelectual del pueblo y periodista tambien . Mi familia era una familia campesina, que sabían de Ana Karenina y Madame Bovary, y de otras novelas por el lector de la escogida de tabaco, ellas no entendian de buena escritura si no de la moral de estas dos mujeres que eran tan malas madres; tal vez por eso yo las detesto a las dos. Pertenecíamos a una familia de un modo de pensar muy diferente. Que la familia de Guillermo fuera tan comunista provocó en él un rechazo enorme a todo eso. Se sentía tan humillado de que su padre fuera tan dependiente de un partido, y eso hizo de él una persona completamente libre, nunca perteneció a ningún partido. Luchó contra Batista pero sin pertenecer a nada, porque a él nunca le gustó pertenecer a nada. Después tuvo esa experiencia con  la revolución y se juró nunca pertenecer a nada, ser completamente independiente de todo. Nunca se metió con nada, era un solitario.

ZV: -¿Cómo fue la vida de ustedes dos en Cuba, una vez juntos? Todo lo que hemos podido leer en la obra de Guillermo que ha salido publicada entera, que hemos podido apreciar en su totalidad, donde aparece absolutamente todo lo que escribió, y que volverá a salir, sin una coma cortada, refleja el primer entusiasmo por el cambio, y al poco tiempo la ruptura…

MG: -La vida de nosotros en Cuba, antes de la revolución, en el año 1958, era muy agradable. En el 1960 cuando ya Guillermo y yo vivíamos juntos empezó la gran lucha, que más que cultural, fue la lucha política entre un  grupo que quería la democracia en Cuba y otro grupo que estaba socavándola por debajo. El año 1961 fue el año en que se libró una lucha total por todo. Por encima se creía que todo iba bien, pero por debajo se sabía que habían desaparecido las figuras más importantes como Camilo Cienfuegos, habían encarcelado a Huber Matos. En el 61 liquidaron, fusilándolo, al americano Morgan, al que nunca se le llamó el “yanqui” Morgan, sino “el americano Morgan”, que era muy simpático. Ya en ese año Fidel Castro tomó el poder absoluto.

Guillermo fue como periodista a Bahía de Cochinos, junto a Walterio Carbonell, iban vestidos de manera normal, de civil, y fueron hasta la primera línea, entonces una vez allí, Walterio Carbonell, que había sido del Partido Comunista y lo habían expulsado, pero los conocía muy bien, y que era un amigo muy querido por nosotros, le dijo a Guillermo: “Mira lo que hay aquí, vámonos ahora mismo porque si saben que nosotros hemos visto esto nos van a matar”. Ahí descubrió Guillermo que quienes llevaban toda la batalla eran rusos. Salieron espantados de allí; a partir de ese momento Walterio cambió completamente, porque se dio cuenta del engaño total. Y Guillermo se dio cuenta del horror y del error tan grande que era estar allí, que aquello no tenía ya solución porque Fidel Castro y los rusos habían pactado, y Fidel Castro lo había hecho para quedarse con el poder. 

Cuando ya vivíamos juntos, desde muy al principio del año 61 Guillermo me abrazó y me dijo al oído: “Este hijo de puta nos ha engañado, todo aquí está lleno de rusos”. Antes de eso, una noche en que fuimos a Matanzas, y que no dejaban pasar a nadie, Guillermo se presentó como lo que era, periodista, y sólo así nos dejaron pasar, vimos que bajaban desde Matanzas una cantidad tremenda de camiones, no sabíamos qué era eso, por toda la carretera, para regresar hacia La Habana, nos cruzamos con docenas de camiones que iban muy lentamente. Y nos dimos cuenta que estábamos ocupados, que no había solución.

Además, antes, cuando murió Ricardo Vigón, Guillermo había hecho dos artículos, que publicó uno en Carteles y otro en el periódico diciendo el horror que era el Instituto del Cine con Alfredo Guevara. Y Alfredo Guevara le prometió a Guillermo que se la iba a cobrar y se la cobró. Aprovechó la salida de la película PM dirigida por Sabá Cabrera y Orlando Jiménez Leal y producida por Guillermo, que la estaban estrenando cuando Playa Girón, y utilizó a Edith García Buchaca, que ya había tomado el poder en el Partido Comunista, y acabó con toda la gente de Lunes, cumpliendo su promesa de acabar con Guillermo. Pero como todo en esta vida se paga, como dice el cha cha chá, después a la próxima que cogió Alfredo Guevara fue a Edith García Buchaca, y acabó con ella y con el marido, pero ahí sucedió peor. Porque cuando las Palabras a los intelectuales de Fidel Castro que fueron provocadas por PM, donde dijo: “Con la revolución todo, contra de la revolución nada”, cuya primera reunión fue en Casa de las Américas, ahí se paró José Hernández, Pepe El Loco, y pidió paredón para Guillermo y para su hermano Sabá. Era una cosa verdaderamente loca aquello, pero ya con lo de Edith García Buchaca, sí que llevaron a Marquitos (Marcos Rodríguez) al paredón… Y ahí ya comprendimos la situación de terror total.

Guillermo se quedó sin trabajo, en la casa, no lo dejaron trabajar más; era terrible, terrible. Pero, nada, Guillermo aprovechó y se hizo un escritor. Guillermo y yo nos dimos cuenta de que cada vez que trataban de hacernos algo malo, pues algo sucedía que se viraba todo a favor de nosotros. Me sucede ahora también, que siempre que tratan de hacerme algo malo se vira la tortilla y me sale de lo mejor, y después le doy gracias a mi ángel porque quiso que eso fuera malo para que yo supiera reaccionar; y lo que queda es eso: Guillermo es un escritor conocido en todas partes. Alfredo Guevara es un tipo sin talento, una serpiente, que no tiene obra, ha hecho mucho mal culturalmente y es él quien ha sembrado la maldad en la cultura cubana, la ha dirigido con maldad, de manera malsana. Aunque ahí hay muchos oportunistas que han hecho cosas terribles, imperdonables, como decir que Martí es el autor intelectual de ese horror, cuando se sabe que Martí era un hombre completamente anti marxista, que afirmaba que “cada obrero cubano debía de tener en una mano la chaveta y en la otra a Herbert Spencer”. O que los cubanos debían ir con Bolívar de un brazo y con Spencer del otro. O sea sus libros, su filosofía. Que es todo lo contrario de lo que es el comunismo. Spencer era un individualista, que pensaba que había que dejar hacer, y que la felicidad iba antes que nada. Ese era Spencer, y José Martí juraba por Spencer. Martí era un humanista, creía en lo que decía Spencer, pero con más humanidad. O sea que han timado y han engañado a todas esas generaciones que vinieron después. Y han querido meter y han metido a un José Martí falso, y le han introducido en su boca cosas fuera de contexto, fórmulas que no tienen nada que ver con su pensamiento.

Para entender a José Martí hay que leer a Herbert Spencer, y leer todo lo que José Martí escribió de Herbert Spencer. Yo tengo toda la obra de Herbert Spencer, y los marxistas lo han tergiversado y aniquilado, porque como todo ese marxismo es un fracaso, y Herbert Spencer lo que quería era la felicidad de la gente, y ellos lo que han creado y sembrado es el horror y la desesperación en la gente, entonces han ido en contra de Spencer. Lo que nos hicieron con José Martí fue una canallada. Y leyendo a Spencer te das cuenta cómo Martí lo seguía, con una idea más caribeña, más amorosa.

Después de todo ese horror que pasamos en el año 61, porque el año 61 fue terrible, pasó de todo, porque ahí tomó el poder el terror. Guillermo luchó muchísimo por todo, pero aquello era la locura total. Guillermo tenía un programa sobre el jazz, en ese canal de Lunes de Revolución, y de pronto declararon al jazz como “imperialista”, y ya eso era una locura imposible. Gente muy oportunista tomó el poder en Cuba. Este fantoche tomo el poder total pero los oportunistas hicieron el coro.

ZV -¿Cómo reaccionaron ustedes con lo del tristemente famoso juicio de Marquitos? Es el primer homosexual fusilado en Cuba

MG –Ya nosotros estábamos fuera, pero nos enteramos de todos los pormenores por esas cosas que nos sucedía a nosotros, porque vino el cineasta Roberto Fandiño a Londres y pidió si podía venir a verlo. Lo encontramos muy nervioso, muy mal. Después vino dos o tres veces más a la casa. Nos quedamos asombrados de lo mal que estaba de los nervios. Le pidió perdón a Guillermo por todo lo que le habían hecho, entonces empezó a contar que él, el padre de Marquitos le había dado una carta para la Buchaca de parte de Marquitos, y él se la había entregado a Alfredo Guevara. Y esa carta Guevara la utilizó para acabar con Edith García Buchaca y con toda esa gente y para tomar él el poder. Fandiño nos contó todos los detalles del juicio y fusilamiento de Marquitos. El pobre Fandiño estaba horrorizado, porque Marquitos era amigo suyo desde que eran niños. Yo oía lo que contaba, pero claro, Guillermo, como periodista, le preguntó: “¿Y qué decía la carta?”. Y nos dijo lo que decía la carta. Terrible, terrible… Sé que Fandiño ha dejado todos esos papeles a buen resguardo, para que salgan algún día, pero es terrible a lo que han llegado. Pero, mira, pagaron. Guillermo es un escritor y toda esa gente quedarán como lo que son. No tienen la menor importancia.

ZV: -La mamá de Guillermo enfermó, él tuvo que viajar Cuba, sobrevino la muerte de su madre, ¿cómo deciden ustedes quedarse, y empezar una vida nueva en el exilio?

MG: -Cuando la madre de Guillermo se enfermó, que Guillermo regresó corriendo a Cuba, él era diplomático en Bélgica. Aquello también lo traumatizó, lo pasó muy mal. En ese viaje se encontró con Barbarroja. Ya él odiaba a Guillermo. Me refiero a Manuel Piñeiro. Ya odiaba a Guillermo porque antes de la revolución en Nueva York, Guillermo lo rectificó, porque ése era un ignorante total, y le corrigió una frase delante de una americanita bailarina. Guillermo lo hizo de broma, pero éste también se la juró a Guillermo, solamente a causa de esa broma. En fin, que cuando Guillermo llegó a Cuba este tipo, Piñeiro, se juró que sobre su cadáver iba a dejar volver a salir a Guillermo. No recuerdo cuánto tiempo tuvo que pasar Guillermo, porque he querido olvidar todo eso, pero pasó muchísimo tiempo detenido en Cuba. 

Entonces, claro, gente del Partido Comunista, que conocían a Guillermo desde niño, que lo llamaban Guillermito; por ejemplo, en una ocasión oí a Carlos Rafael Rodríguez decirle a Guillermo: “Ay, Guillermito, cómo me gustaría que fueras mi hijo”. Él se comportó con Guillermo como un hombre, como un padre, lo salvó. Le dijo a Guillermo: “Quiero salvarte”. Y lo salvó. Consiguió sobre este (ahora extrañamente muerto) Barbarroja sacar a Guillermo. Así que lo sacó, porque lo conocía desde niño y vio lo que pasaba, y era tal vez otro tipo de comunista, no estas bestias que han tomado el poder en Cuba

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Miriam Gómez en la Cécile de Bonjour Tristesse de Françoise Sagan, en La Habana.

ZV: -¿Cómo ocurrió el paso de Bruselas a Madrid? Sé que hiciste trabajos de modelo, que para Guillermo era mucho más difícil todo… Luego tienen que irse a Londres por culpa del franquismo… ¿Podrías abundar y contar lo que creas relevante de aquel período?

MG: -Viajamos sin un centavo, y Guillermo cometió un error enorme, porque salió con las dos hijas. La pasamos verdaderamente mal. Guillermo trató de que viniera otro familiar de esas niñas para que se hiciera cargo de ellas, porque yo era la única que conseguía trabajo, pero qué va, no vino nadie, todos eran muy revolucionarios. Tan revolucionarios eran que hasta acusaron a Guillermo de ser agente de la CIA. Guillermo les había dicho que vinieran, pero a ellos no se les podía decir claramente que vinieran porque aunque aquello era un horror no lo reconocían así. Y acusaron a Guillermo de ser agente de la CIA. Ahora han querido cambiar la historia, será por la cuenta que han sacado.

Yo no podía dejar solo a Guillermo con las niñas, tuve que sacrificar mi trabajo, además Guillermo estaba muy enfermo, muy enfermo. No pude aceptar ninguno de los trabajos que me ofrecieron en España. Cuando Guillermo se puso a pedir trabajo en España le dijeron que no, el régimen de Franco le recordó que él había estado metido en muchas cosas en contra de Franco, que había escrito en contra de Franco, lo que era verdad, porque Guillermo era un antifranquista enorme.

Después de todo, eso también nos salió bien porque un amigo que habíamos conocido en Cuba le ofreció a Guillermo que le escribiera un guión, sin firmarlo, un trabajo de “negro” para una película en Londres. Guillermo viajó primero y luego yo con las niñas. Me detuvieron en la frontera con las niñas. Pero Guillermo resolvió todo con el productor de la compañía de cine, que consiguió que nos dejaran entrar. Fue duro, pasamos mucho trabajo, porque si hubiéramos sido Guillermo y yo solos habríamos podido trasladarnos de manera diferente, pero éramos una familia. Y vivimos una pesadilla terrible. En fin, que esa pesadilla pasó, Guillermo pudo trabajar, y le encargaron más guiones. Trabajó muchísimo, demasiado, tanto trabajó y escribió tantos guiones que ahora se publicará todo, porque se va a publicar todo, todo, absolutamente todo lo de Guillermo. Tiene alrededor de nueve guiones. Le pagaron, y con eso vivíamos. Vivíamos mal porque éramos una familia, y además, cuando tienes niños no puedes moverte fácilmente. Fue así, y no hay forma de borrar lo que pasó.

ZV: -¿Por qué dejaste tu carrera como actriz? Eres una mujer cultivada, que ama la poesía, y Guillermo decía que tenerte era una enorme suerte. Tú eras su sostén sentimental, moral…

MG: -Dejé mi carrera de actriz por todo lo que te acabo de contar, por eso. Tuve varias ofertas en España, pero Guillermo estaba muy mal, muy mal. Había salido muy mal en esa segunda vez, porque en Cuba él se acabó de dar cuenta del horror que era aquello. El primero que le explicó todo lo que estaba pasando fue Titón. Tomás Gutiérrez Alea lo apartó a un lado y le contó cada detalle, y Guillermo se espantó, porque no tenía idea de lo que estaba pasando, además de lo otro que ya habíamos vivido, pero ahora estábamos en Bélgica. Era el momento en que estaban haciendo juicios en las universidades y todo el país se estaba cayendo, porque había un verdadero terror, todo era pánico, y el país devino totalitario completamente. Guillermo se espantó al ver en lo que se había convertido La Habana. La gente haciendo colas para todo, en los cines, y sobre todo para comer. Carlos Rafael Rodríguez sabía que debía dejar salir a Guillermo, además Guillermo se lo hizo saber, le dijo que si no lo dejaban salir que él se iría por el mar, pero que ahí no se quedaba.

En fin, veremos qué pasará en Cuba al final, porque ahí veremos cortar cabezas, patas, de todo, será horrible. Es una suerte vivir fuera de ahí. Porque con Batista fueron siete años, pero con éstos ya van más de cincuenta años, y se han cargado el país. Además, todos esos muertos de la época de Batista que no han sido tantos como con estos dos, en su gran mayoría fueron víctimas de ellos, de los terroristas. La gente más violenta fueron esos batistianos que se hicieron castristas inmediatamente, los cambia casacas. Mejor ni tocar ese tema.

El verdadero anticomunista era Huber Matos.

Todo horrible, no tienes idea, la gente se volvió loca, cualquiera se ponía una pistola al cinturón, hay que haberlo vivido para saber lo que fue aquello. Al mismo nieto de Juan Gualberto Gómez, que era batistiano, y lo iban a fusilar, Guillermo tuvo que salir corriendo a salvarlo… Todo eso fue espantoso; pues todo, ya verás, eso se quedará chiquito a lo que vendrá ahora.

Cuando vi a Fidel Castro en persona la primera vez, a la altura de las calles 23 y 26, me tuve que sentar en la acera, del escalofrío que me entró.

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En un anuncio publicitario en La Habana.

ZV: -¿Cómo pudieron, con todo lo que se empeñaron en destruirlos, seguir adelante? Porque es sabido que los castristas intentaron cerrarle las puertas a Guillermo en todas partes, quisieron destruirlo. Y como no pudieron, al parecer, ahora intentan recuperarlo.¿Cómo definirías tu lucha para salvar su obra, cuál es el verdadero sentido tú le confieres a ese empeño?

MG: -Trataron de destruir a Guillermo por todos los medios. No lo dejaban ni moverse. Los peores eran los extranjeros castristas. En Cuba inventaban cada vez más cosas en su contra. Pero nada, Guillermo escribía, escribía y escribía, y ahí está toda su obra que saldrá toda, entera. La escrita en Cuba, antes, durante la revolución, y la del exilio. Es una obra enorme. No hay otro escritor que haya escrito más que él.

Tú te refieres a una lucha, Zoé, yo he tenido más que una lucha, he tenido dentro de mi propia vida al enemigo. He tenido que luchar mucho para sacar la obra de Guillermo adelante. A veces creo que es una pesadilla. O que estoy en una película de horror. Me han pasado tantas cosas, porque me han traicionado, me han mentido, porque me han querido borrar, y eliminar. Pero no importa, yo sigo y pienso que todo lo que me ha sucedido me ha dado más fuerza. Y en esta vez también mi ángel me ha ayudado. Lo que me parecía que me iba a destruir, que me iba a morir, que estaba sufriendo y que sufrí enormemente, tenía que ocurrir. Y le doy gracias a mi ángel por todo lo que me ha pasado, porque fue mi ángel el que me limpió el camino. Es una cruz que tengo en mi vida, siempre tratan de dañarme y al final siempre el daño se convierte en un bien, en mi bien. Todo lo que sufrí fue para mí un bien, porque comprobé que todo eso me dio una fuerza que yo no sabía que tenía. Tú sabes todo los horrores que me han pasado, yo no podía imaginármelos; pero ahora todo está bien.

ZV: -¿En caso de que hubiera un cambio radical en la isla, volverías?

MG: -Zoé, yo no sé si yo volvería a Cuba, yo he vivido más tiempo fuera de Cuba que en Cuba. Me siento tan orgullosa cuando digo que soy cubana, ayer mismo el muchacho de la farmacia me preguntó de dónde yo era, y le respondí que de La Habana, Cuba. Y exclamó: “¡Ay, primera persona de Cuba que conozco!”. Me siento muy orgullosa de ser cubana, no concibo mi vida sin ser cubana. Soy cubana primero que nada. Pero doy gracias todos los días por vivir aquí.

Cuando pasó lo de la Biblioteca, el pobre Virgilio Piñera se paró… No se me olvida Virgilio, él se paró así como un gorrión, yo adoro a los gorriones y adoraba a Virgilio. Él se paró y dijo que tenía mucho miedo. Nunca lo olvidaré. Sin embargo, hubo otra persona que se paró, y que la gente ha borrado, y que tiene más importancia para mí. Porque la cosa estaba hirviendo y aquel hombre, aquel monstruo llamado Fidel Castro estaba en aquella mesa, diciendo todo lo que dijo. Y de pronto se para Bola de Nieve, tan elegante y bien educado, creyendo que su gracia iba a funcionar ahí, en ese ambiente tan caldeado, y dijo: “Ay, yo acabo de venir de Inglaterra, y allí no hay un solo letrero que diga: ‘No pisar el césped’. La vida tiene que ser no tener que advertir que no hay que pisar el césped.” Entonces uno que estaba al lado mío dijo: “Ese es otro maricón, también hay que fusilarlo”. Imagínate, imagínate el gesto. Y entonces, eso que dijo Bola de Nieve se me quedó grabado, y lo vi como mi futuro, se me apareció como una premonición de mi futuro.

Ahí estaban juzgando a Guillermo, por venganza, lo estaban juzgando a él y a su grupo. Y eso que dijo Bola de Nieve lo vi como mi destino. Y mi destino ha sido Londres. Y yo a Londres, a Inglaterra, la amo tanto, es un país que me ha dado tanto. Porque cuando uno viene a un país así, como vinimos Guillermo y yo, si no te gusta, pues te vas. Aquí no nos necesitan a nosotros. Yo se lo digo a todos los cubanos. Nos hemos quedado y hemos llegado a todas partes donde nos han aceptado, si no nos gusta, nos vamos. Si no nos podemos ir, pues mejor callarse. Pero he tenido la gran suerte de venir a este país. Para entender a los ingleses hay que conocerlos, ser inglés es una forma maravillosa de autismo. Deberían ser una especie protegida, porque son únicos. Ellos son isleños, viven en una isla que sin Escocia y Gales sería del tamaño de Cuba. Este país tiene una literatura como ninguna, como nadie. Y tiene una historia como nadie. Esta isla me la sé entera, me sé desde Geoffrey Chaucer hasta Peter Ackroyd, desde Boadicée a Margaret Thatcher. Me sé todo, la disfruto toda. Me metí en el siglo XVIII y me sé todo el siglo XVIII. Amo esta isla. Tengo la vida dividida entre Cuba e Inglaterra. ¡Y mira que amo a Cuba! Amo a Cuba más que a mi vida, y soy cubana, pero yo agradezco tanto a este país, lo admiro tanto. Es un país contra el que no han podido. Es un gran país, y me gustaría que no cambiaran nunca, porque son muy individuales, e individualistas. Cada inglés es una isla, pero cuando se necesitan juntos, se unen y son una fuerza tremenda. Se unieron y acabaron con Napoleón, y unidos acabaron con Hitler. Mira cómo se unieron recientemente para celebrar a la reina.

ZV: -¿Con qué persona de la disidencia y la oposición internas te ves más identificada y qué le dirías?

MG: -Admiro muchísimo por orden alfabética a Antúnez, al Dr. Biscet. Antúnez me encanta. Me encanta su manera de hablar, su cabeza, su valentía. A Martha Beatriz Roque la admiro mucho, es una mujer que sabe de lo que habla, porque solamente la gente que perteneció y vivió el horror como ella lo vivió, lo ha visto, y ha estado dentro del sistema, y sabe. A esa mujer la admiro mucho, ha tenido el coraje de decir no siendo ahora del sistema. Ahora, lo único que no me gusta son las huelgas de hambre. Yo sigo el ejemplo de Popeye, para luchar contra ese monstruo hay que comer espinaca, como hace Popeye, y no ponerse en huelga de hambre. Eso no me gusta, no es inteligente, porque para luchar hay que estar bien fuerte, y no auto-destruirse con ninguna huelga. Ahora, eso lo digo yo desde aquí, que tengo el “césped inglés”, como decía Bola de Nieve. Yo puedo pisar el césped.

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Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante en Londres.