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Amazon y la censura

Sbado, 19 Noviembre 2011

Una de las mayores tiendas de libros, discos, películas, entre otros objetos, por internet, ejerce la censura. La ha ejercido recientemente de manera extraña sobre un libro del escritor Juan Abreu, cubano exiliado, titulado Una educación sexual, donde aparecen viñetas y dibujos eróticos del autor establecido en Barcelona.

Leí el libro de Juan Abreu, mientras se fue publicando por capítulos en la prensa, después en su blog, un blog creado especialmente para esos textos y esos dibujos. Y escribí sobre su contenido, no solo porque me gustó desde el punto de vista literario y artístico, además porque se trata de un libro sobre la vida, sus verdades, y la belleza del sexo, la libertad del sexo, el arte del sexo.

Mientras que Amazon vende películas pornográficas, y hasta libros de absurdo contenido sobre el sexo, que aunque no sean pornográficos son tan o más indecentes debido al cretinismo, la mediocridad y la demagogia de sus textos, por otro lado censura un libro de una gran poesía, la poesía real e imaginaria del deseo y del cuerpo. Cuerpo de un hombre que describe con un inmenso talento otros cuerpos de hombres y mujeres que se expresan a través de las caricias y del acto sexual sin prejuicios ni a prioris.

Cada día nos alejamos más de la libertad a través de las publicaciones; para colmo todo el mundo escribe igual y todo el mundo escribe sobre lo mismo.

Al aburrimiento cotidiano debemos añadir ahora la censura de Amazon. ¿Es a eso a lo que contribuirá internet, al embrutecimiento y a la uniformidad? Me temo que sí.

Tomo el tren en la Gare de Lyon hacia Toulon,

me dirijo a la Fiesta del Libro que ocurre en esa ciudad del sur de Francia. Me dicen que llueve y hay mistral. El tren lleno de escritores, bueno, es un decir…

¿Qué pasará con los escritores?

Lunes, 11 Julio 2011

Por lo que me cuentan algunos amigos que trabajan en el mercado del libro lo que se avecina en relación a los escritores es terrible. Me refiero a los escritores que escribimos desde las entrañas, que contamos historias noveladas, imaginadas, extraídas de la invención o sencillamente de las experiencias personales, poéticas, humanas, porque esas historias son precisamente de las que al parecer los editores huirán como bola por tronera, dado que lo que vende en estos momentos son las historias de evasión de la realidad, o historias esotéricas, y ese tipo de cosas… Los editores buscan solo eso… el entretenimiento.

Yo soy de las que considera que la literatura sabia, profunda, también debe ser entretenida, pero sé que lo entretenido no siempre suele ser sabio y profundo. 

El problema es que el riesgo ya no se usa, nadie quiere arriesgar, todos quieren ir al seguro, y vender cientos de miles de ejemplares, o más, millones. En caso de que no sea así ni siquiera tomarán en cuenta al verdadero escritor. Son tiempos de crisis y lo que se busca no es literatura, sino dinero. Si no vendes lo estipulado: miles y miles, no cuadras la caja de las editoriales. Nefasto.

Es algo que pasaba desde hacía años con los poetas, pero ahora pasará con todos, con los escritores en general, incluídos los escritores de guiones, y más con los de teatro.

Pero el mayor temor es qué pasará con la literatura y con la escritura, dado que internet ha ocupado el sitio de los libros, cosa que no podemos negar. La gente prefiere internet a los libros, y ni siquiera el mercado del libro digital ha crecido tanto como se esperaba, no, sólo ha sido un fiasco, más que evidente, por cierto.

Tal vez todo esto sirva para mejorar las cosas, seamos positivos. Quizá sirva para que la gente se harte de una buena vez y quieran ellos escoger lo que lee, pero cuando puedan hacerlo, cuando esto suceda, ¿seguirán existiendo los escritores y sus escritos?

Dos lunas llenas

Domingo, 20 Febrero 2011

Llevamos dos noches con luna llena, hoy iba en el metro y oi a una muchacha decir a otra: “Viste, llevamos ya dos lunas llenas”. Como si cada noche la luna fuera distinta, adquiriera una identidad diferente.

Me agradó oir esa frase, una frase construida de manera descuidada, pero por alguien que se toma el trabajo de apreciar las estrellas, de estudiar el rostro de la luna.

Desde que vivimos en la época de internet, ¿cuántos miramos el cielo, cuántos salimos a la ventana a distinguir los luceros, a contemplar el rostro de la luna? A través de la pantalla podemos acercarnos a ella cuanto queramos, sin necesidad de movernos un milímetro.

Resulta hermoso encontrarnos a la juventud que todavía cree en los astros, y que además piensa, que noche tras noche, los luceros, y los planetas, se renuevan, o mejor, renacen, y que cada amanecer mueren, pese a los artefactos tan poco propicios a hacernos amar la naturaleza.

Árbol navideño con detenciones

Viernes, 5 Diciembre 2008

Mientras monto el árbol navideño recuerdo la navidad cubana después de los Castros, un verdadero dolor de cabeza. Prohibida la navidad, prohibidos los árboles navideños, mi familia la celebraba de todos modos a escondidas, rapiñando aquí y allá lo que pudieran encontrar para poder cenar decentemente. Mi madre inventaba un arbolito pequeño y lo decoraba con retazos de telas con los que hacía lazos, muñecos, y todo tipo de figurita fruto de su imaginación.

Termino de hacer el arbolito y regreso a la computadora, leo en el blog Generación Y que a los blogueros cubanos Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, y Claudia Cadelo, los ha citado el MININT (Ministerio del Interior), para advertirles de que no podrán celebrar un encuentro de bloggers previsto para el sábado próximo. A Yoani la trataron de delincuente, y la previnieron en contra de sus “amistades peligrosas”. Claudia Cadelo ha escrito en su blog Octavo cerco, una crónica muy simpática sobre el asunto, pero siempre desde la resistencia.

Los tiempos han cambiado, la navidad aún no ha sido autorizada, pero los Macetas, nombre que se le da a los nuevos ricos, todos castristas, esos sí pueden festejar por todo lo alto y decorar sus residencias como les de la gana. El miedo de la policía castrista se ha desplazado de un árbol de navidad y una cena con turrones a una reunión de bloggers. Los tiempos han cambiado, seguro; estos bloggers no se esconden, escriben de una manera transparente  sus encontronazos con la dictadura, exponen a diario las persecusiones y represiones a las que se ven sometidos. Ellos sí que no tienen miedo. Mis respetos a todos ellos.

Cincuenta años de dictadura para que el terror de los policías castristas cambie, mínimamente, de una decoración a las palabras en una computadora, que el mundo entero puede leer, menos la mayoría de los ciudadanos en Cuba. Tienen razón de tener miedo, porque con internet se les acabó la impunidad, que lo sepan.