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Se ha muerto otro Kennedy, ¡qué pereza!

Domingo, 30 Agosto 2009

Otro Kennedy se ha muerto, vaya, qué pereza, ahora a escuchar la misma monserga y a sonarse la sopladera moqueril por un mes o por años. A esta familia le ha dado por morirse desde hace un cierto tiempo, cuando no es de un balazo, es de un accidente aéreo, y cuando no de tumores. Tumores tenemos todos, o tendremos, que para eso nacimos, para sufrir tumores. Sólo que nuestros tumores son baratos, los de ellos caros, de diseño.

Los Kennedy, qué les puedo yo decir que ya ustedes no sepan. Eran eso, una familia de tumores. Dos hermanos se templaron a Marlene Dietrich -parece que la tenían chiquita, según mi diva favorita-, y luego los mismos se templaron a Marilyn Monroe. Aunque los dos se enamoraron, parece ser, de la bruja francesa que le quitó el marido millonario a María Callas. ¡Qué familia, por dios!

Se murió ¿el último de los Kennedy? No, aún quedan un burujón, espero que sepan espaciarse más para morirse, porque ya me pierdo en la pista de sus muertes. Este señor, del que ahora todo el mundo habla como el más bueno de los buenos, era un “mafioso”, un sociata de los que les gusta vivir como reyes, y allá van todos a alabarlo como si fuera el ídolo del pueblo. Este señor, por favor, lean a Juan Abreu en Emanaciones, se fue a dormir mientras una mujer agonizaba. Y la gente clama y se desgarra los vestidos por su muerte. Pero señores, era un viejo, tenía un tumor cerebral, y había jodido a media humanidad, se acabó, ya. Como nos acabaremos todos. Ah, no, pero ¡se trata de un Kennedy! Figúrense, ellos no se mueren igual que todo el mundo. Así que obviemos el tumor, inventemos la alharaca, saquemos la heroicidad de debajo de la chistera del mago.

Obama con los ojos enrojecidos -ya ese truquito se lo he visto en varias ocasiones-; tiene una facilidad extraordinaria para enrojecerse los ojos, para mí que tiene un botoncito debajo de la ceja que le varía el nivel de enrojecimiento del huevo ocular. Ah, la ceja, le ha salido como la de Zapatero de un tiempo a esta parte, fíjense bien para que noten cómo le crece el vello en punta.

Bueno, a lo que iba, se ñampió otro Kennedy, y la verdad, a mí esa pobre gente rica de izquierda cada día me dan más asco. Pero como saben a mí me encanta escribir con ganas de devolver, sobre todo sobre los cadáveres de gente como ésta, que llevan medio siglo muriéndose de a buchitos. Y vuelvo a citar a mi adorado Boris Vian: Je cracherais sur vos tombeaux (Yo escupiré sobre sus tumbas). Bueno, prefiero arrojar, con grumos.