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El cliente es rey, otra vez…

Viernes, 19 Diciembre 2008

La revista Le Courrier du Grand Paris, magazine de la Cámara de Comercio y de la Industria de París, titula en su portada “El retorno del Cliente Rey”. Y en sus páginas demuestra cómo en épocas de crisis, el trato al cliente cambia para mejor. No es el tema esencial de este número, ni mucho menos, pero resulta muy interesante constatar, que la forma de tratar al cliente debe ser uno de los primeros efectos en este asunto tan complejo para mí, y para muchos, de la economía, la crisis, etc.

No tenemos que ir muy lejos, en las tiendas de mi barrio el trato ha variado para bien. Desde hacía años, las empleadas o empleados, mantenían un trato correcto con los clientes, en algunos casos el trato degeneraba, y era bastante malo, también debido a la falta de educación de los clientes. Para nadie es desconocido el mal carácter de los parisinos; pues los empleados de tiendas no se quedan atrás. En otros sitios, España, Estados Unidos, Italia, sorprende la amabilidad de los empleados, la delicadeza a la hora de preguntar si pueden ayudar. En Francia, sobre todo en París, hasta hace unos meses entrabas en una tienda, y ni te miraban, y cuando preguntabas algo, a veces pareía como si hubieran querido comerte a mordidas. Hace años, en los ochenta, ésto no era así, no tengo la menor idea de lo que pudo cambiar en este tema, pero a partir de los noventa, hasta hace unos meses fue así, topabas constantemente con gente desagradable. Aunque no era una generalidad, con mucha frecuencia sucedía.

Las cosas van cambiando, se nota, hacen un esfuerzo, te ofrecen opciones, te preguntan, informan, el tono de las voces se ha dulcificado, sonríen, ¡por fin sonríen! ¿Resultado de la crisis? Es probable, lo cierto es que el cliente vuelve a ser rey. Menos mal.

En Cuba (aprovecho y aclaro un comentario que me hicieron abajo, en el otro post), jamás fui militante comunista, ni pertenecí a ninguna organización castrista, me di de baja del comité de defensa de la revolución y de la federación de mujeres cubanas lo más temprano que pude. Trabajé en el ICAIC solamente cuatro años, y por contrata, porque tenía que trabajar en algo, jamás participé de las actividades políticas de ese centro, salvo cuando hubo que defender de la censura a la película Alicia en el pueblo de maravillas, que me puse como un puñado de artistas, del lado de su realizador, hice guiones contestatarios, escribí articulos contestatarios, algunos pude pasarlos a publicación, otros no… Estuve cinco años en la UNESCO en París, porque estuve casada con una persona a la que designaron como primer secretario de una organización internacional. No ”mamé” de la dictadura, me pagaron por contrata como a cualquier otro trabajador cubano, como por ejemplo a Pedro Juan Gutiérrez, escritor cubano, periodista durante toda su vida de la revista Bohemia, aunque él si estuvo emplantillado y con cargos de periodista, como Leonardo Padura, emplatillado en la UNEAC, como tantos otros. Me pagaron el fruto de mi trabajo, y bien poco que trabajé. No me dieron la carrera que merecía, y no fue por culpa de mis notas, eso lo sabe quien me conoce. Así y todo, dirigía una revista de cine, y traté de hacer ¡los seis números! con tremendo trabajo, hice lo que pude hacer, lo mejor que pude. Porque sabía que el lector era rey, lo sabía, sin haber crecido en el capitalismo. Porque mi madre me decía, que antes de la catástrofe en el año 1959, la divisa de los comerciantes era: “el cliente es rey”.

Y leer nuevamente esta sóla frase en la portada de una revista, me da esperanzas, de que algún día “el cliente sea rey” en Cuba, otra vez. Y que esos clientes sean los cubanos también, sin discriminación de ningún tipo. Y no solamente los turistas sexuales, y los subnormales que repiten las mentiras que les cuenta la dictadura para desprestigiar a una persona.

Mi padre estuvo dos años en la cárcel, un medio hermano está en la cárcel, con él no tengo relación alguna. El hecho de que un lector de este blog me llame desnaturalizada, y me calumnie con mentiras y con hechos que son inciertos, debo asumirlo como una consecuencia de mi trabajo. “El cliente es rey”. En este caso, es un rey engañado, ciego, calumnioso y charlatán. Ahora es él quien debería pedir excusas, si realmente tiene vergüenza, y sabe de lo que habla.