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Pies encharcados

Jueves, 9 Diciembre 2010

Hoy hace sol en París, desde hace dos días no paraba de nevar, y yo ya estaba un poco harta de tener los pies encharcados. Me fascina la nieve, a través de la ventana, pero cuando pongo los pies en ella, ya es otra cosa diferente. Ayer estuve en la Maison de l’Amérique Latine para la presentación del libro de Christine L’Homme sobre las esposas de tres mineros chilenos de los 33 que fueron salvados. Sí, porque hay un montón de mineros que se ha muerto en las minas y a todo el mundo le ha dado igual.

Llegué con los pies entripados, y me acomodé a escuchar a la presentadora de la editorial y a Christine, a quien conozco desde mis primeros años de exilio. Ella tuvo la gentileza de proponerme para una beca en una Villa Refugio del Parlamento Mundial de Escritores, beca que yo cedí a Antonio José Ponte, quien me ha pagado muy mal, y a Rolando Sánchez Megía, siempre agradecido y gran poeta.

La historia de las tres mujeres contada por Christine me fascinó, sólo habrá que leer el libro, y constatar que sigue siendo la excelente periodista que siempre fue. Donde se me trabó el paraguas fue en la insistencia de la presentadora en que la autora afirmara que el gobierno de Sebastián Piñera había hecho una recuperación exitosa para ellos del caso de los 33 mineros chilenos. No sé de qué se asombran, es lógico que si un gobierno invierte en salvar a un grupo de personas pues quiera sacar lascas de ello, y que todo el mundo quiera sacar lascas. ¿O es que sólo el libro de Christine L’Homme dice la pura verdad sin su lasquita que le fuera a tocar?

De cualquier modo agradezco mucho el libro, y a su autora, por la brillante presentación que hizo, aunque, por supuesto, quitándole toda la parte politicriticonaporgusto del tema, como para quedar bien con la gauche divinísima parisina.

Después me fui a casa de unos amigos, y traté de calentarme los pies con un buen vino tinto, pero, no había nada que hacer, porque ya la cabeza la tenía encharcada.

La conversación

Martes, 10 Marzo 2009

Ayer presenté en la Maison de l’Amérique Latine de Paris dos libros míos traducidos al francés, publicados por Gallimard. Generalmente presento libros de otros, pero esta vez, excepcionalmente, acepté presentar junto a mi editor, Jean Mattern, escritor también, y junto a Jean-François Fogel, escritor y periodista, estos libros.

Jean Mattern se ocupó de hablar y de preguntarme sobre Danse avec la vie (Bailar con la vida, Planeta, 2005) y Jean-François Fogel sobre La Fiction Fidel (La Ficción Fidel, Planeta, 2008). Por ambas partes fue una conversación amena, y hasta poco pudorosa en lo que a mí concierne, porque generalmente no hablo de mis secretos literarios, y bien poco de mis gestos políticos en favor de la libertad.

Sin embargo, después de esta conversación en la que yo me sentí sumamente tranquila, que bien pudo haber ocurrido con Mattern en su oficina de Gallimard, o con Fogel en el sofá de mi casa, puesto que somos amigos desde hace años, mientras nos deleitamos con un buen té, las personas que allí estaban vinieron, como es habitual, a que les dedicara los ejemplares, en el más estricto silencio.

Una de los invitados me preguntó si yo apoyaba a Sarkozy, me extrañó enormemente que me hiciera esa pregunta ya al final, en medio de las firmas, cuando bien pudo haberla hecho cuando se le pidió al público que las hiciera. Tampoco Sarkozy había estado presente en el tema de la conferencia-conversación. Sin embargo, decidí responderle.

Le dije que yo había votado Sarkozy, que había votado por el cambio que representaba, que era la primera vez en mi vida que votaba por un presidente, y que, desafortunadamente, ahora con esta visita de Jack Lang a Cuba, enviado por él, me había decepcionado un poco. Y que yo sólo sostenía a aquellos que fueran solidarios con la libertad de Cuba. Cuba es, en resumen, lo que me interesa.

Creo que la señora entendió, incluso me agradeció mi sincera respuesta, así dijo. ¿Tenía que terminar la conversación-presentación de libros de esta manera? No lo sé. Lo que sí sé es cuando se trata de autores del exilio, siempre intentan ponerte el trabuco para que tropieces. Espero que haya sido inocencia de su parte, y no nada predeterminado. ¿Soy paranoica? Sí, soy hija del totalitarismo.