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La literatura explicada a mi hija.

Domingo, 14 Junio 2009

Hija querida:

Eres una adolescente y has conseguido en el transcurso de tu joven vida devenir una gran lectora. Empezamos leyendo juntas, con tu padre también, y con tu inolvidable primer maestro, el señor Castellani. El señor Castellani además de ser un gran maestro es un escritor de libros infantiles. Con él tuve la suerte de compartir aula cuando me pidió que le explicara a los niños de su clase, entre los que tú te encontrabas, cómo se hacía un libro.

Confieso que ha sido uno de los momentos más difíciles de mi vida, porque no sabía cómo explicarle a niños de entre cuatro y cinco años cómo se hacía un libro, sin parecer pretenciosa. Lo primero que ocurrió, sumamente divertido, por cierto, es que algunos alumnos me preguntaron cómo yo cosía las páginas del libro, otros me preguntaron si las ilustraciones me pertenecían, y al final, tú, hija, me hiciste la pregunta más consistente, aunque parecía simple: “Madame (me dio risa que guardaras las distancias delante de tus compañeros), ¿para qué sirve escribir un libro?” Me quedé de piedra. Porque claro, nunca yo misma me había hecho esta pregunta.

Mademoiselle, escribir un libro sirve para acompañar con tu soledad la soledad de otra persona, que en otro sitio de tu ciudad, o del mundo, a lo mejor, te estará leyendo”. La literatura es un intercambio de palabras escritas y leídas, sirve para entregar una historia, personal o imaginada, o ambas cosas al mismo tiempo. La literatura es una de las expresiones más bellas y completas del arte, del pensamiento, y de la historia de la humanidad. La literatura sirve para comprender el mundo, intentar entender la realidad, los sentimientos de los seres humanos, sus deseos, los secretos de la naturaleza, sirve para entregar emociones, a través de la poesía, y recibirlas de parte del lector, a través del lenguaje entrañable de la lectura.

Contar una historia no significa venderla, contar una historia es sólo eso, contarla, saberla escribir, identificarse a plenitud y misteriosamente con la elocuencia de esa historia. Significa vivir en trance y eternamente fascinado por la escritura, la construcción de frases, la angularidad de conceptos, la extensión de ideas. La literatura es lo más bello que hemos podido crear, es el sueño más intenso de la creación del mundo.

En Israel, hace algún tiempo, me preguntaron en una ocasión si la literatura podía ser entretenida, la mayoría de los escritores que allí se encontraban negaron tal hecho. Lo siento, no estuve de acuerdo en aquel momento, y sigo sin estarlo, yo creo que la literatura también es entretenimiento, porque no hay una sola literatura, hay muchas, disímiles formas, de contar una historia. La novelística de Sándor Marais, el escritor húngaro, o la de Mario Vargas Llosa, es también, además de literatura precisa y honda, literatura entretenida, no significa necesariamente de entretenimiento. Aunque no sé realmente a qué se le llama hoy en día literatura de entretenimiento, porque a mí toda esa literatura hecha desde los brazos, y no desde la cabeza, no desde el corazón, no desde el conocimiento, para mí me resulta literatura aburridísima, y no me entretiene en lo absoluto.

Crear autores no es lo mismo que poseer a un autor, ahí es donde fallan las editoriales. Piensan que pueden crear autores a partir de personalidades de la televisión o de los medios masivos de comunicación. Error craso. Un autor, un escritor, no sale del puro vedettarismo, un autor es un escritor que empezó escribiendo en la soledad de su escritorio, con muchas lecturas y vivencias juntas, apertrechado de cultura, de sabiduría, de vida. Esa es la aventura de la literatura, y en eso creen los lectores, tanto, que no admiten chantaje ni estafa posible.

Hace algún tiempo una escritora me acusó con desagrado de ser comercial, o sea, de vender libros; yo se lo agradecí al instante. Es a lo que siempre he aspirado, a vender libros, a ser leída por la mayor cantidad de lectores. Ser un autor comercial no es lo mismo que ser un ”escritor” inventado. Gabriel García Márquez es un autor comercial, Marguerite Yourcenar lo es, y otros con nombres de culto real, trabajado, y no inventado. La literatura que se vende no siempre es buena, pero hay una buena literatura que, sin duda, se vende. A eso me refiero, sin ningún tipo de culpabilidad. No me siento culpable de ser leída por infinidad de personas, lo percibo como una gracia, en la que va mucho de mi constancia y de mi trabajo.

Hija, la literatura es, en fin, el mejor de los sueños. Y yo trato de luchar porque ese sueño no se empañe con la pésima y terrorífica labor de aquellos hombres grises que aparecían en Momo, la extraordinaria novela de Michael Ende.

4ème 4, cortometraje realizado por mi hija Luna Vega.