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Este año me aburrí con los Oscar

Martes, 9 Marzo 2010

Pues sí, este año me aburrí con los Oscar. Y eso que admiro enormemente a los actores Alec Baldwin y Steve Martin, pero nada que hacer, por nada me parto el cuello intentando seguir la cosa.

Pese al incesante descocotamiento resistí y me eché el show completo, intentaba hallar el interés en las palabras de los presentadores, de los premiados, de los actores y actrices que fueron a su vez comentando las 10 películas que compitieron, nada. Una larga ristra de banalidades, vacuidades, y lugares comunes inundaron la espléndida sala.

En cuanto a los trapos: Salvo Penélope Cruz y Kate Winslet no vi nada excepcional en los trajes. La mujer de James Cameron parecía que estaba vestida con una cortina enrollada teñida con azul de metileno, pero ni sigamos por ese camino, que no da para más…

Debo admitir que los hombres iban muchísimo mejor vestidos, sobre todo, el excelente Robert Downey Jr, con sus lentes a juego con la pajarita azul, y un embriagador estilo londinense, muy a lo Sherlock Holmes.

En cuanto a los premiados, me fascina Sandra Bullock, pero la actriz de Precious, es muy probable que haya hecho la mejor prestación de su vida, y resulta también probable que Sandra Bullock lo haya comprendido al instante, se notó en sus agradecimientos. Merecido en el caso de Jeff Bridge, tal como lo contó la fabulosa Michelle Pfeiffer -estamos ante un actor de un temple y un carácter únicos, y en esta película se sobrepasa a sí mismo, que ya es mucho.

No he visto la película ganadora, pero que Sean Penn le haya entregado los premios, ya con eso puedo adivinar por dónde van los tiros. Avatar ha ganado demasiado dinero, es demasiado buena, rompedora. Para la Academia es “trop de trop“. Too much.

Felicito a todos los premiados. Permítanme unas frases para Penélope, porque sólo con el número de Nine, ya está muy superior que en Vicky Cristina Barcelona, también sobrepasándose a sí misma, y lo que aún le queda.

La noche esperada

Domingo, 7 Marzo 2010

Cada año espero la noche de los Oscar, con entusiasmo -embullo, decimos en Cuba-, y con un deseo inefable de que ganen los que se lo merecen. Esta edición, que tendrá su gran fiesta esta noche, no poseerá el mismo esplendor que las anteriores, no será un festejo para mí, no podré disfrutarla a plenitud. La sombra del asesinato de Orlando Zapata Tamayo pesa demasiado sobre mis emociones. El anuncio de huelga de otros cubanos, y el ayuno que harán, no me permite apreciar nada.

Los que leen mi blog saben que intenté cubrir lo más que pude, y escribí en varios periódicos, en contra del asesinato de Orlando Zapata Tamayo; lo hice esforzándome, hubiera preferido callar, pero no era el momento de callar, sentí que debía denunciar a la dictadura una vez más. Ninguna noche ha sido igual desde entonces.

Ningún día será igual.

Mientras hoy, en la entrega de los Oscar, el glamour se una en nombre del séptimo arte, en Cuba los presos políticos seguirán en sus celdas, atrapados en una oscuridad interminable. ¿Habrá alguien que en medio del escenario de los Oscar piense en ellos? Ojalá que alguno de los protagonistas se digne a mencionarlos, no sea más que por la imagen de un hombre, negro, asesinado en una cárcel castrista, a los 42 años.

Otro hombre, Guillermo Fariñas, de quien he hablado en otras ocasiones, intenta su huelga de hambre número 24. ¿Debo apoyarla? No. No puedo apoyar la muerte como espectáculo de un padre de familia. Lo siento. Podrán llamarme lo que quieran, pero reitero mi posición. No puede ser que sigamos este camino. Y mucho menos apoyo a los que le sacan lasca al tema, lo que no nos conducirá a nada.

Es probablemente cierto que yo no deba decir nada más. Me fui. Ya aquel no es mi país. No tengo país, ni lo tendré jamás. Lo mejor entonces, será el silencio. Tenían razón los que se callaron a perpetuidad.

Los que disfrutan de la libertad, les fascina el espectáculo: lo mismo puede ser el de la entrega de los Oscar, como el de los negros haitianos escachados bajo un pedregal, o el de un hombre descamisado, consumiéndose frente a las cámaras, rociándose de flashes, igual a un sacrificado presto a darse candela.

No. Yo prefiero los Oscar. Aún cuando los vea sin verlos.

La suavidad en la mirada

Lunes, 23 Febrero 2009

Penélope Cruz ganó el Oscar, esto significa mucho para los hispanos en Estados Unidos. Penélope se convierte en la primera actriz española que gana un Óscar, antes que ella lo ha ganado solamente la actriz puertorriqueña Rita Moreno por su papel de Anita en West Side Story (1961). Aunque no entendí mucho lo que dijo Penélope, en inglés, y luego en español, no por su culpa, para nada, sino debido al malísimo doblaje que hizo la televisión francesa, me emocioné tremendamente al verla allí, tan elegante, con la suavidad en la mirada, rememorando su carrera. Y me asombré, agradablemente, cuando Angelica Huston le dedicó unas palabras en español. Una lengua que se ha convertido en la segunda lengua en Estados Unidos, un idioma que habla todo un continente y más allá.

Y me alegré mucho por chica de Alcobendas, especialmente por su sencillez, por su brillante carrera, que ella misma se encargó de recordar. Admirable que haya mencionado a todos los directores, a Bigas Luna, con el que casi pudimos haber trabajado, en una versión perdida de una Carmen cubana. En aquella ocasión, Penélope tuvo la amabilidad de llamarme a la casa, de saludarme y en ese momento hablamos brevemente acerca del guión.

Es muy importante que una actriz hispana haya ganado el tan preciado galardón; sobre todo una mujer que lleva trabajando desde su adolescencia, que ha mantenido una seriedad y sobriedad en su obra como en su vida. Le deseo muchas felicidades y que no olvide, aunque intuyo que no lo hará, que acaba de abrir una brecha de esperanza para las hispanas, que se interrumpió durante muchos años, nadie sabe por qué. En verdad, resulta extraño que durante tanto tiempo, desde el 1961, no haya habido ningún premio para una actriz hispana.

Me conmovió además, la naturalidad de Penélope a la hora de recoger el premio, que es en definitiva, la naturalidad de aquellos que están concentrados en lo más importante: Su trabajo, su vida. Gracias, querida Pe.