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Y los bárbaros no llegaron… Arrancaron…

Martes, 15 Enero 2013

Décadas amenazándonos con “los bárbaros”, como en el poema Esperando a los bárbaros de Constantino Cavafis (con perdón por semejante comparación), que si los bárbaros llegarían e invadirían, arrasarían y nos matarían a todos.

Tanto nos fundieron el coco con lo del supuesto barbarismo de los “bárbaros”, esos que irían a acabar con la isla entera y sus alrededores, que terminamos cogiéndole una especie de admiración, cariño, un poco de compasión y hasta empezamos a imitar a los “bárbaros”, a querer ser -envidia incluida-  a todo costo como ellos, iguales de la cabeza a los pies. Y es que a la larga descubrimos que lo inmensamente “malo” de los “bárbaros”, en realidad era más que bueno, rebueno.

Entonces, ni cortos ni perezosos, nos dimos a la tarea de hacernos también “bárbaros”. Algunos lo asumimos frontalmente, nos esforzamos en ello, y terminamos por pedir la nacionalidad “bárbara”, allí donde nos cogiera el barbarismo, la bestialidad y el salvajismo, valga la reiteración, pero no duden en que hay que subrayarlo.

Otra enorme cantidad, la gran mayoría de Aquellos Isleños, prefirió quedarse y seguir fingiendo que aguardaban aguerridos a los “bárbaros”, cuando en realidad se iban convirtiendo, poco a poco, en seres espantosamente aburridos y perezosos, en algo peor que los “bárbaros”, en carneros oportunistas, en Aquellos Putrefactos. Un paso fundamental para una nueva especie…

El tiempo pasó, y varias generaciones de “bárbaros” fueron formándose, como algo novedoso, dentro de Aquella Basura. No perfeccionaron el barbarismo, no, lo empeoraron. A los disidentes los transformaron en “bárbaros” reciclados del castrismo. La sinvergüencería se constituyó en el único móvil de esos “bárbaros” de nuevo diseño. Tanto, que un día una de ellos escribe sobre las principales razones para querer quedarse en el país, obviando que ya vivió fuera de él, borrando también que muchos exiliados fueron obligados al exilio y que un burujón de presos políticos debieron aceptar el destierro. Apenas unos días más tarde, la misma persona brinca de alegría porque la tiranía le ha prometido la autorización de salida del país, como se lo ha prometido a otros “bárbaros” del nec plus ultra, según cuenta entusiasmada. ¿Y ahora quién cuidará al perro, quién regará las matas, quién trenzará la pendijitis de la extrañeza y bordará el melodrama del desaliento hipocritón…? ¡Qué se pudran!

Así que los “bárbaros”, nunca llegaron. Más bien, “nuevos bárbaros” se hicieron del poder, cualquiera que sea, el grande como el pequeño poder. Y  se comenta que ahora arman largas colas para pedir pasaportes, ¡esa arma antigua del enemigo!, con la intención de entrar y salir -según la plusvalía marxista de cada “nuevo bárbaro”-, y también según le salga de los timbales al régimen, que es el que siempre al final administra los destinos y dicta la última orden.

De modo que los “nuevos bárbaros” se largan, a invadir, qué digo, a conquistar las tierras que durante años despreciaron y odiaron hasta la perversidad de añorarlas en secreto, y a las que, por supuesto, seguramente querrán modificar y acotejar a su antojo, dado que la perfección los asiste.

Prepárense para los Mc Donalds de claria, los batidos de moringa que sustituirán al guarapo en Miami y al champán en Europa. Prepárense para un Cederre en cada esquina, y para la mariconá ambiental. Prepárense para la plaga, que será peor que el nivel de contaminación en China ayer -contentemos a los ecológicos-, y que la guerra en Irak -para contentar a los pacifistas. Prepárense, porque ahora observaremos con la quijá en el piso, nos las tendrán que recoger con pala, que aquellos que ansiaban la libertad de internet, empezarán a exigir internet gratis, y ya los verán haciendo discursos en las tarimas y tribunas públicas deseando que la sociedad libre se adapte a la mentalidad esclava. Nos sorprenderán promoviendo y siendo los protagonistas de las revoluciones de cualquier primavera diseñada desde twitter y, claro está, serán nombrados los seguidores y hasta los consejeros y capellanes de los indignados del mundo. Prepárense para la puñalá trapera, el dobladillo zafa’o, el manoteo, y el cuchillo como mondadientes.

Entre tanto, algunos, otros “bárbaros” del exilio, pero “bárbaros” en el sentido cubano de la palabra, a la inversa, se instalan por el contrario en Aquella Piltrafa, y sólo regresan a los países donde mantienen un estatus de exiliados para cobrar la pensión, renovar el pasaporte, beneficiarse del seguro social, del paro, y a verse con los médicos. Algunos inclusive buscan recuperar lo perdido y negociar con quien sea y p’a lo que sea, Raúl, con quien sea… Recién he leído, que un político de esos más “bárbaro” que Barbarito Diez, se negará a apoyar la demanda internacional de investigación sobre el asesinato de dos opositores porque, porque… que lo diga de una vez, porque le puede mucho la antillana y el acero.

En fin, que los verdaderos “bárbaros” nunca llegaron. “Esta gente, al fin y al cabo, era una solución”. Pero terminaron por rendirse. “¿Y qué va a ser de nosotros ahora con tantos ‘hombres nuevos’ bárbaros?” ¿Hacia dónde exiliarnos? De cualquier modo, bienvenidos, y adiós.