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¿La sexualidad como enfermedad?

Mircoles, 31 Marzo 2010

Me hallo sentada cerca del Museo del Louvre, espero a mi hija. Me dijo que vendría aquí, al Louvre, pero a último momento ha cambiado y se ha ido a ver a Lucien Freud en el Beaubourg. De Lucien Freud, mi mente viaja a Sigmund Freud, repaso sus teorías, frases subrayadas en La interpretación de los sueños. Es increíble lo que viaja la mente en menos de 5 segundos. No hemos avanzado mucho, si en tantos años todavía nos toma más tiempo viajar en metro que con la mente.

De Sigmund Freud transito hacia interpretaciones de mis propios sueños, y de ahí a algunos hombres que tuve, que temían de su sexualidad. Eran bisexuales pero no querían reconocerlo. No se les podía ni insinuar tal cosa, porque cogían una rabieta, no sé contra quién, contra ellos mismos, supongo.

De ahí, pasé a la noticia del día de ayer, de la de hoy, y por lo que veo será la que durará más de la cuenta en las primeras planas de los periódicos: Ricky Martin es homosexual. Lo que era notorio sotto voce. Ricky Martin le ha ganado a Guillermo Fariñas. Y es que una declaración de homosexualidad funciona siempre mejor que una declaración de resistencia. Nada tiene que ver, pero así es.

Ricky Martin es homosexual, por fin lo ha dicho él con su propia boca, o sea, lo escribió en su página web. A mí Ricky Martin me gusta mucho, me contó un ex amigo que lo conoce, que Ricky Martin es un ser curioso, lee mucho, que es inquieto intelectualmente, y por otra parte, su discreción siempre me ha gustado. También me gusta como hombre. No dejará de gustarme ahora porque haya dicho que es gay. Me sigue gustando igual, porque a mí me gustan un montón los gays. Es como una manía mía, la de enamorarme de los gays.

Yo no estoy enamorada de Ricky Martin, no, sucede que me gusta su hombría, su manera de bailar, y su cuerpo. Ha tenido novias que ahora lo tratan como si su ex haya contraído una enfermedad. Ellas, todas al unísono, confirman que era buen palo. Bueno, yo tuve novios gays que siempre fueron buenos palos. Ser gay no es ser impotente, ni falto de imaginación. Una cosa es ser gay y gustarle, de vez en cuando, una tota. Y otra cosa es ser gay, y no gustarle para nada las totas.

Todo el mundo se vuelca con Ricky Martin, como si estuviera enfermo. No se han volcado tanto con el actor de Dexter, Michael C. Hall, que sufre un cáncer linfático, o está convaleciente. Resulta que declarar que se sufre de un cáncer despierta menos piedad, misericordia, y compañerismo, que declarar que se es gay.

Yo sabía que Ricky Martin era gay hace la tira de años, fue incluso, o es todavía, amante de un excelente músico cubano. Nunca lo manifesté con nadie porque a mí la vida privada de Ricky Martin no me interesa en lo más mínimo, desde el momento en que no puedo participar de ella, o sea de su sexualidad, a mí me interesa él como artista. Impuso un estilo, en medio de tanto rapperismo, hizo lo suyo. Es probable que siga haciéndolo.

Anoche, en un programa de televisión, una de estas locas envidiosas, tartufa ella, que se cree la divina chancleta envuelta en huevo, y que no ha hecho nada de nada en su repuñetera existencia, se permitió el descaro de decir que el cantante hacía tal declaración, en este momento, porque su carrera estaba terminada. ¿Por qué, se ha muerto? Yo no veo cómo se puede especular con la carrera de una persona que está viva, más viva que nunca, puesto que ha confirmado que su vida sexual existe, sólo que es homosexual. Para colmo, como si no bastara con lo que ha hecho Ricky Martin en el pasado, que incluso puso a bailar a los franceses, lo que es realmente prodigioso.

Hay quienes le pronostican una carrera cinematográfica al futbolista Beckham, pues yo veo más cerca del cine a Ricky Martin, pero claro, yo no soy una productora poderosa, ni decido nada en Hollywood.

Llegó mi hija. Le pregunto sobre la exposición. “No está mal. Freud sólo pintó totas y pipis”. Nada mal, nada mal.